El abandono del plan real trae nuevas amenazas y oportunidades
Por Juan J. Llach Para La Nación
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El abandono del Plan Real es una formidable vuelta de tuerca de esta larga crisis de los mercados emergentes y tiene un final abierto, que mucho dependerá de las decisiones que se tomen en Washington, en Brasilia y en Buenos Aires, y que conviene analizar por partes.
1. El abandono del real y sus consecuencias internas. Después del intento de nueva banda cambiaria - que hubiera merecido un aplazo en un examen de Macroeconomía I - la imparable caída de reservas llevó a las autoridades brasileñas a dejar flotar, por ahora, al real frente al dólar. Esta decisión implicó romper una regla, reintroducir la inflación y expropiar a los tenedores de reales. El erróneo gradualismo del programa acordado con el FMI hizo posible este desaguisado, análogamente a lo que pasó antes en Indonesia, Corea y Rusia. El real se ha desvalorizado por ahora el 17% frente al dólar.
Honrando su credo devaluatorio, la Bolsa de Brasil reaccionó con una suba espectacular que, empero, la dejó el viernes último con un valor en dólares exactamente un 17% inferior al de una semana antes. Sin embargo, todavía es temprano para ilusionarse, porque estamos ante un potencial círculo vicioso. Si el nuevo esquema resulta creíble, entrarán capitales y subirá el real -como ya ocurrió anteayer- y puede volverse al punto de partida. Además, el principal problema de Brasil, que es su deuda pública interna de 330.000 millones de reales con intereses de cerca de un 8% del PBI, no se resuelve con la devaluación. La única solución de fondo es una caída drástica de la tasa de interés, y esto es improbable en las actuales condiciones. Brasil no es Asia, ya que ostenta el record mundial de inflación del siglo XX, y la devaluación efectiva será mucho menor que la nominal, dado que volverá la inflación. Esto se reflejará necesariamente en altas tasas nominales de interés.
2. La verdadera alternativa es la convertibilidad. Lo hecho hasta aquí no es un plan serio, y se parece más bien al precio del acuerdo con los gobernadores y a una concesión a intereses sectoriales. El verdadero plan, sin embargo, llegará antes o después. Por sus ideas económicas predominantes -sorprendentemente avaladas desde Washington- es probable que Brasil trate de mantener al comienzo un esquema de flotación e incertidumbre. Sus desventajas para países como los nuestros se hacen evidentes en el cuadro adjunto.
Es llamativa la coincidencia del pobre crecimiento de Brasil y México en los noventa -con diferentes inflaciones, pero igual discrecionalidad en su política monetaria y cambiaria- y su marcado contraste con la Argentina. Tampoco en la creación de empleos urbanos por habitante -indicador que procura asimilar datos laborales de calidad muy diversa- la discrecionalidad ha dado mejores frutos.
Más allá de todo afán propagandístico, la verdadera opción para Brasil es un sistema semejante al de nuestra convertibilidad, porque es el único que le permitirá bajar drásticamente su tasa de interés, volver a crecer rápido y, aunque sea una medicina amarga, reprogramar su deuda pública de manera menos traumática, ya que se le estará devolviendo a los ciudadanos una moneda digna de tal nombre. Un programa de esta índole contaría con apoyo internacional, porque en el contexto de desaceleración de la economía mundial y aumento del riesgo latinoamericano, "el mundo" no puede darse el lujo de que Brasil se caiga como Rusia y, también aquí antes o después, los EE.UU. actuarán de acuerdo con las circunstancias.
La "Brasildependencia"
3. Las consecuencias y respuestas de la Argentina. La convertibilidad debe mantenerse y se mantendrá pero la nueva "Brasil-incertidumbre", mientras dure, será negativa para nosotros. Mermará la entrada de capitales, aumentarán el riesgo país y las tasas de interés, se restringirá el crédito, se ampliará la recesión y se estancará o caerá el empleo. La "Brasildependencia" de nuestro comercio exterior es menor de lo que se cree. Una caída del 30% de las exportaciones a Brasil, neta de las que pueden desviarse a otros mercados, implica una merma del orden del 2% en la producción industrial argentina, pero pega fuerte en sectores como autos, lácteos y bienes de capital y en buena parte del interior.
Tal vez, uno de los aspectos positivos de esta nueva ola de la crisis será convencer a nuestras autoridades de la necesidad de dar respuestas más contundentes. Es lisa y llanamente absurdo haber aprobado un presupuesto con hipótesis de crecimiento del 4,8 % para 1999 y lo es más seguir insistiendo, como en la nueva carta al FMI, en un crecimiento del 2,5/3 por ciento. El Gobierno debería diseñar una ley correctiva del presupuesto que incluya, entre otras cosas, reducciones del gasto público, la derogación de los impuestos recientemente creados que aumentan los costos de producción (tales como activos e intereses), la cancelación de los aumentos de tarifas públicas no contractuales (caso peajes) y la inmediata rebaja de los aportes patronales para los sectores que compiten con el exterior.
4. El Maastricht del Mercosur. La decisión brasileña pone fin a un ciclo, el de la década del noventa, extraordinariamente fecundo para los países socios. De aquí en más la asociación sólo podrá progresar si se cumple finalmente la cláusula del tratado de Asunción que obliga a coordinar las políticas macroeconómicas. Como vengo sosteniendo desde hace un año y medio, para que el Mercosur retome su progreso es imprescindible un acuerdo tipo Maastricht, con metas mucho más exigentes y como inexorable paso previo a una moneda común.
5. Deben considerarse medidas compensatorias . Entretanto, la Argentina, Paraguay y Uruguay deben urgir medidas compensatorias de la inconsulta decisión brasileña, tales como un arancel provisional a las importaciones desde Brasil con el cual se subsidien temporariamente las exportaciones hacia allí del resto de los socios.




