
El corredor verde misionero
1 minuto de lectura'
DOS de los periódicos más importantes de los Estados Unidos, The New York Times y The Washington Post, dedicaron especial atención, recientemente, al proyecto que la provincia de Misiones encara con el fin de preservar un millón de hectáreas de vegetación nativa.
Ese emprendimiento, conocido con el nombre de corredor verde, se realiza con la colaboración del Estado nacional argentino y de diversas organizaciones ecologistas extranjeras.
Un apoyo económico fundamental proviene del Fondo Mundial para la Naturaleza, conocido internacionalmente por su sigla WWF. Esta entidad trabaja en la edición de un video dedicado especialmente al mencionado proyecto, que será difundido por las grandes cadenas televisivas del mundo.
El corredor ha sido puesto en marcha por una ley provincial y su misión fundamental es establecer un seguro equilibrio entre las actividades agroforestales de gran escala y el mantenimiento de los bosques nativos, lo mismo que de su fauna, varias de cuyas especies corren peligro de extinción. El yaguareté (o tigre americano) es uno de los animales que es necesario preservar.
De la magnitud del peligro que corre la naturaleza en uno de los lugares más admirables de nuestro país puede dar una idea el siguiente dato: de la selva paranense, que abarcaba primitivamente parte del Brasil, de Paraguay y la totalidad del territorio misionero, solamente sobrevive hoy un 7 por ciento. Lo que ya significa este deterioro y lo que podría producirse en el futuro han determinado el nacimiento de esta ambiciosa empresa, para cuya realización se contaría con 20 millones de dólares aportados por el Banco Mundial.
La conciencia ecológica ha crecido en todo el mundo a raíz de situaciones muchas veces dramáticas, en las cuales la población ha llegado a percibir la proyección de un riesgo que nos afecta a todos. En la Argentina se vivía, hasta no hace mucho tiempo, con la idea de que nuestro medio físico y biológico estaba todavía a salvo y de que los peligros se encontraban lejos. La realidad se ha encargado de mostrarnos que las cosas no son así.
Esta iniciativa merece el apoyo de toda la sociedad argentina, que debe asumir el compromiso de sostenerla. Ese compromiso debe hacerse carne, particulamente, en quienes tienen más oportunidad de vulnerar el delicado equilibrio de la naturaleza. Ningún sector del país debe considerarse ajeno al destino de riquezas naturales que jamás se podrían recuperar si se llegase a consumar la obra de destrucción que hoy se intenta detener.




