
El dedo mágico
La situación da para preocuparse. El piquetero profesional Luis D’Elía, que fuera subsecretario de Tierras y a quien se lo expulsara por atrasar (se le ocurrió apoyar a Irán y atacar a EE.UU. justo cuando el Gobierno daba el volantazo), acaba de reaparecer atacando ferozmente a uno de los Fernández y aplicándole un término que es todo un tributo a la nostalgia nacionalista del 40: “cipayo”. La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, luego de capotar en su intento de frenar a la pastera Botnia, se ha visto superada por su marido y asesor Daniel Taillant, quien, al declarar a un medio que una “abuela bomba” podría inmolarse haciendo volar la planta, llevó al gobierno uruguayo a enviar tropas para custodiarla. Lo que instaló en el Plata un clima prebélico que no se veía desde las grandes tenidas entre los respectivos seleccionados. Y el insólito secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, acaba de poner en marcha medidas destinadas a frenar el aumento del precio de la hacienda que, al ser respondidas por el agro con una huelga, puede dar lugar a que de aquí a unas semanas falte o se vaya a las nubes, el tradicional peceto en la mesa de los argentinos y a que, este 31, frente al cadáver de una gallina malamente inmolada, todos se acuerden y no bien, de la pareja reinante.
Ahora bien, todos saben que los parientes son inevitables: los carnales vienen con los viejos y los otros con el “sí” dado ante autoridad competente. La mujer, el marido, nacen del flechazo y agonizan o mueren con el “esta noche no, que me duele la cabeza”, o con la pregunta: “¿Pero vos te creés que te casaste con Bill Gates?” Los amigos van y vienen, siguiendo aquello de que Dios los cría y el viento los amontona. Pero los colaboradores, como D´Elía, Picolotti o Moreno, no tienen nada que ver con la prepotencia de la sangre, del amor o del azar. El Presidente en persona los ha elegido, uno por uno, luego de mirarlos al trasluz, de sopesar sus antecedentes, de pedir su prontuario y de convencerse de que habrían de comportarse, cada cual en lo suyo, como lo haría él mismo. No de otra forma Napoleón elegía a sus generales.
Por lo que, si aquel severo y personal escrutinio, en estos célebres casos, ha dado lugar a los impresentables zafarranchos que hoy se ven, ¡ojo! Porque entonces, al calibrar las chances del país, con vistas a 2007, no hay que limitarse a prever lo que pasará en China o en los Estados Unidos, lo que ocurrirá con el petróleo o con el biodiésel, sino para dónde apuntará el desafortunado dedo presidencial. Cuyo último y más celebrado señalamiento ha recaído en la figura del vicepresidente Daniel Scioli, a quien le ha concedido, per se, porque se le canta, el sillón de Dardo Rocha. Por lo que, si los antecedentes valen de algo, el motonauta puede lo mismo convertirse en un héroe que en un martirio para los sufridos bonaerenses.
El reo de la cortada de San Ignacio se mostró molesto por estas críticas, a las que consideró injustas. “¿Sabe lo que pasa, maestro? –dijo–. No es que el hombre se equivoque. Lo que ocurre es que, como apunta para un lado y mira para otro, los que tiene al lado se confunden y le nombran al primero que pasa”.




