El eco lógico de lo ecológico

Pedro Moreno
Pedro Moreno PARA LA NACION
¿Cómo puede ser que la mayoría se haya amontonado en junglas de cemento?
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25 de noviembre de 2014  • 00:50

"La revolución será espiritual o no será; pero, a su vez, será estructural, económica y política, o no será".

Emmanuel Mounier

Cada vez entiendo menos a este mundo...

¿Cómo puede ser que el pasado y el presente estén teñidos de sangre por infinidad de conflictos bélicos entre pueblos y por la violencia ciudadana -e incluso familiar- y que se lo tome como lo más normal? ¿Es que hay en la especie humana tanto odio e instinto de agresión como para que esa monumental locura llamada ‘guerra’ y otras tantas crueldades que suceden a diario se tornen inevitables?

¿Cómo puede ser que mil millones de personas sufran hambre y otros tantos padezcan sobrepeso -en ambos casos con consecuencias fatales- y encima se tire a la basura la mitad de la comida, ante la mirada impávida de los que deberían lanzarse decididamente a solucionar tremendo absurdo? ¿Es que la sociedad actual está tan desquiciada, como para que su séptima parte sea obesa y permita que otra proporción similar esté famélica, legitimando un sistema de producción y distribución de alimentos totalmente mercantilista?

¿Cómo puede ser que se dé por sentado que se viene a esta vida fundamentalmente a maximizar rentas, aunque ello implique resignar la vocación o apartarse de la ética, para así poder comprar y ahorrar lo más posible, como si esto fuese la base de la felicidad? ¿Es que el hombre es tan iluso, como para pensar que con el dinero se pueden mitigar las sensaciones de incertidumbre y vulnerabilidad, convirtiendo así a esos papeles impresos y números virtuales en el principal modo de organizar su vida, obsesionándose por hacerse de ellos como sea y acumularlos de la forma más segura?

¿Es que el hombre es tan iluso, como para pensar que con el dinero se pueden mitigar las sensaciones de incertidumbre y vulnerabilidad?

¿Cómo puede ser que se tenga tan incorporada la incesante recepción de audios e imágenes en el quehacer cotidiano, considerándolos tan indispensables como el aire que se respira, y que ya casi no queden sitios en los que no haya un aparato emitiéndolos? ¿Es que el vacío en la gente es tan grande, como para que se atiborre compulsivamente de los contenidos más mediocres que ofrecen la televisión, la radio y demás artefactos electrónicos?

¿Cómo puede ser que predominen los empresarios inescrupulosos, los políticos corruptos y los medios mercenarios, y los ciudadanos se mantengan de brazos cruzados como mansos corderos? ¿Es que hay una complicidad tan perversa y efectiva entre el poder económico, la dirigencia política y una corporación mediática, como para que se logre manipular a las masas, de manera que queden esclavizadas del consumo indiscriminado, y entonces se desvivan por tener trabajos cada vez más redituables?

¿Cómo puede ser que la mayoría se haya amontonado en junglas de cemento -que ocupan la centésima parte de la superficie terrestre- ignorando y depredando el hábitat natural, siendo egoístas con sus relaciones y vecinos, mientras se alienan con la tecnología y la confortabilidad, y se enferman con la comida chatarra y el sedentarismo, quizás sin siquiera reparar en lo nefasto de todo esto? ¿Es que el ser humano está tan desorientado acerca del sentido de la vida y su temor es de tal magnitud, como para que esté haciendo todo al revés y, al aplicar indebidamente su vasto conocimiento, se parezca a un mono con más y más navajas?

La frase del filósofo francés que cito al inicio de esta columna la extraje de un artículo dedicado a su pensamiento. El autor, Antonio Calvo, hace el siguiente aporte: "Durante siglos de dominación burguesa, el racionalismo, el individualismo y el dinero han abismado al hombre, lo han disociado de la naturaleza, de la comunidad y de sí mismo".

Por su parte, Konrad Lorenz, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1973, plantea en su ensayo Los Ocho Pecados Mortales de la Humanidad Civilizada: "El hacinamiento de muchos seres humanos en un espacio reducido no sólo conduce a fenómenos de deshumanización por la vía indirecta del agotamiento y el empantanamiento de las relaciones interhumanas sino que directamente produce un comportamiento agresivo; la humanidad civilizada, al desertizar de forma ciega y vandálica a la naturaleza viva que la rodea y sostiene, se expone a la amenaza de la ruina ecológica; sin embargo, de lo que menos se da cuenta es de la manera en que está dañando su espíritu en el transcurso de este bárbaro proceso".

Ahora bien, cabe señalar que también existe otra realidad, la que es de esperar que siga ampliándose más y más, ya sea de a poco o que haya un salto cualitativo en algún momento. Efectivamente, hay quienes están sintonizando con otra frecuencia, en mayor o menor medida...Están sintiéndose distintos, percibiendo cómo prevalecen los impulsos de unión y fluyen los gestos afectuosos -tanto en ámbitos privados como públicos- e iluminándose con los testimonios de los grandes pacifistas.

Hay quienes están sintonizando con otra frecuencia, en mayor o menor medida...Están sintiéndose distintos, percibiendo cómo prevalecen los impulsos de unión y fluyen los gestos afectuosos

Están comprometiéndose con la construcción de una sociedad fraterna y justa, que garantice, como mínimo, una adecuada nutrición y una vivienda digna, y que genere igualdad de oportunidades a partir de una educación de calidad y un marco legal acorde. Están empeñándose en explorar sus dones y ponerlos al servicio de los demás, entusiasmándose con la consigna de cumplir una misión, y confiando que los bienes materiales llegan por añadidura.

Están conectándose con el misterio de la vida, compenetrándose en el rol protagónico de sus aventuras,y apostando al crecimiento y superación en cada adversidad que se presenta. Están transformándose en consumidores responsables y adhiriendo al comercio justo, así como involucrándose en las cuestiones sociopolíticas, y procurándose las mejores fuentes de información.

Están religándose con la maravillosa creación y viéndose parte de ella, reaprendiendo nuevos patrones de conducta al experimentar su dinámica de interdependencia en la diversidad, despuntando los valores de respeto y solidaridad que les inspiran sus congéneres y el reino animal, vegetal y mineral, y replanteándose sus necesidades para buscar las maneras más armoniosas de satisfacerlas.

Finalizo con el último párrafo de La Carta de la Tierra, una declaración internacional de principios y propuestas promovida en el entorno de la ONU, que contiene un planteamiento global de los retos del planeta: "Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida".

  • El autor es conductor del programa "Integrantes" de Radio El Mundo.

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