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OPINIÓN

El golpe de 1976 no era inevitable

La crisis política, económica y social de 1976 era profunda, pero no alcanzaba para justificar la ruptura del orden constitucional

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FILE--Gen. Jorge Rafael Videla, center, is sworn-in as President at the Buenos Aires Government House on March 24, 1976 accompanied by Adm. Emilio Massera, left, and Brig. Orlando Agosti, right, members of the junta that overthrew President Isabel Peron. During the dictatorship's so-called Dirty War, the armed forces waged a campaign against leftist and other political opponents that left at least 9,000 poeple killed or disappeared, by the government's count. Human rights groups put the figure closer to 30,000. The extent of abuses was made public after Argentina returned to democracy in 1983. (AP Photo)

Golpe de Estado contra Isabel Peron el 24 marzo 1976

Jorge Rafael Videla asume y jura como presidente de la Argentina
Jorge Rafael Videla jura como presidente de facto, junto con Emilio Eduardo Massera (izq.) y Orlando Ramón Agosti (der.), el 24 de marzo de 1976Eduardo Di Baia
Carlos Ernesto Ure
Por Carlos Ernesto UrePara LA NACION
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Se lo debe decir claramente de una vez por todas. El Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, fue extraño y totalmente injustificado. Y se puede explicar por qué.

  1. El vencimiento del mandato de Isabel Martínez de Perón estaba, si se quiere, a la vista (concluía el 25 de mayo de 1977). Durante ese lapso, y tal como venía ocurriendo, el titular del Senado, Ítalo Luder, una figura respetada, estaba en perfectas condiciones de hacerse cargo del Ejecutivo en todas las ocasiones en que la presidente se tomara licencias largas o más breves por razones anímicas.
  2. Pero además de ello, si se quería salvar la institucionalidad, bien se podía convocar a elecciones de renovación presidencial con mucha antelación a lo usual. Esto es, que el país se hubiera visto rápidamente envuelto en una bullente e intensa campaña electoral que se habría colocado por encima de cualquier otra problemática. Era sólo cuestión de manejar bien los tiempos (convocatoria, candidaturas, votación).
  3. En última instancia, si Isabelita en algún momento de este recorrido deseaba renunciar a su alto cargo, ello no hubiera sido para rasgarse las vestiduras, como lo vimos después con las dimisiones de Alfonsín y De la Rúa (incluso antes, con Cámpora).
  4. Tampoco era necesario el golpe para contar con los instrumentos necesarios para la lucha de las fuerzas armadas y de seguridad contra el terrorismo, porque ya el gobierno legítimo y constitucional les había otorgado los más plenos poderes para “neutralizar y aniquilar el accionar de los elementos subversivos” (tal cual: decretos nacionales 261/75, 2770/75, 2771/75 y 2772/75).
  5. Si se invocaban razones de turbulencias económicas, esto, en la Argentina, nunca puede ser argumento para amputar el proceso democrático.
El Golpe, tráiler
El Golpe, tráiler
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Aparte de ello, en el Congreso seguía adelante un proyecto de juicio político y eventual destitución de la presidente, liderado entre otros por los diputados Francisco J. Moyano y Ricardo Balestra.

Nada convalidaba entonces algo tan grave (gravísimo) como la quiebra por la fuerza del orden constitucional Y lo digo con la mirada objetiva y equidistante que me otorga el hecho de haber integrado en esa época un bloque legislativo opositor al gobierno justicialista (Guillermo Mac Loughlin habla de “un desatino absoluto, producto de militares ambiciosos”; otros, con mayor benevolencia, “de un error garrafal de la conducción de las fuerzas armadas”).

Carlos Ernesto Ure
Por Carlos Ernesto UrePara LA NACION

Abogado, periodista, exlegislador (Partido Demócrata)

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