El juego del no
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"En la edición del miércoles 11 -escribe el arquitecto Carlos Daniel Colombo-, dentro de una foto de Woody Allen hay un texto donde se lee: «... dice... que no cree que haya nada después de la muerte». Dudo de que lo haya dicho de esa manera, aunque los norteamericanos, para enfatizar la negación, usan el doble negativo ocasionalmente, en particular las personas de poca educación. La doble negación cambia el sentido de la oración de negativo a positivo. Debió haberse dicho: "...cree que no hay nada después de la muerte" o "...no cree que haya algo después de la muerte", para darle el verdadero sentido a la oración.
Las dos propuestas del lector son correctas, pero también es correcta la construcción del texto que acompaña la foto. Es curioso que, tras sostener que "la doble negación cambia el sentido de la oración de negativo a positivo", Colombo dé como equivalentes dos construcciones de las cuales una tiene una doble negación y la otra, una negación simple. En esto el lector se ha guiado por su oído, que es el primer órgano que hay que poner en funcionamiento para hablar bien, y no por una regla que no existe en nuestra lengua.
Seguramente Woody Allen no lo dijo "de esa manera", porque lo dijo en inglés y el diálogo fue traducido. Pero traducir correctamente no es mantener construcciones de la lengua original inexistentes en la lengua de la versión, sino buscar las construcciones equivalentes, que den el sentido preciso, aunque sean distintas. Por otra parte, tampoco en inglés la doble negación afirma. La norma inglesa es otra: no se usa la doble negación, excepto en el uso coloquial que el lector atribuye a personas no educadas. En inglés se debe decir, según la regla, "ninguno" o "no alguno", pero, si alguien dice "no ninguno", se entiende como una negación. Si la doble negación afirmara, nadie cometería ese "error": los anglohablantes también tienen oído.
En español, la doble negación no solo no afirma sino que puede ser obligatoria según el orden de las palabras: se dice que "nadie vino" pero que "no vino nadie". Decir que "no vino alguien" sería incorrecto. Para hacerle decir a Woody Allen lo contrario de lo que dijo, debería haberse empleado una negación triple: "...no cree que no haya nada después de la muerte". Esto sí significaría que cree que hay algo.
Hay lenguas en que la doble negación sí afirma, por ejemplo el latín, y la afirmación es absoluta o relativa según el orden de las negaciones. Por ejemplo, si se dice "no ninguno", significa "algunos", pero, si se dice "ninguno no", significa "todos". Por eso, cuando se traduce, hay que conocer muy bien la lengua de la que se traduce, pero igualmente bien la lengua a la que se traduce, y no dejarse llevar por equivalencias aparentes que, de mantenerse, pueden dar como resultado versiones incorrectas o que, siendo en sí correctas, no tengan nada que ver con el original e incluso que lo contradigan.
Títulos y titulitos
Se queja Coriolano Fernández:
"LA NACION sigue mencionando los títulos de libros mediante el entrecomillado o comenzando con mayúscula la palabra inicial. Ejemplos: «Sobre héroes y tumbas», La rebelión de las masas.
"Pues bien, ambos procedimientos son incorrectos.
"Los títulos van en letra cursiva, también llamada bastardilla o itálica. Ejemplos correctos: Sobre héroes y tumbas, La rebelión de las masas.
"Y entiendo que lo mismo cabe para los títulos de filmes, obras teatrales, cuadros, esculturas, etcétera. Justo es señalar que en la Revista generalmente se usa la forma correcta."
Y se queja con razón. Los títulos de libros y otras obras del tipo de las que menciona se escriben en bastardilla, con inicial mayúscula en la primera palabra. Por su parte, los nombres de las publicaciones periódicas (diarios y revistas) se escriben también en bastardilla, pero con inicial mayúscula en la primera palabra y en todas las demás excepto artículos, preposiciones y conjunciones; por ejemplo, La Opinión, Correo de la Tarde, Damas y Damitas . En cambio, van en letra redonda entre comillas los títulos de las partes de esas publicaciones, por ejemplo los capítulos de los libros y los artículos de los diarios y revistas.
Discordancia
"Es muy frecuente en los últimos tiempos, en LA NACION y otros medios, el mal empleo en singular del pronombre personal le, como en esta oración del número del día 15, en un subtítulo de la página 23: «...dijo que trabajan para darle respuestas a los vecinos». Dado que el objeto indirecto, «a los vecinos», es plural, debería serlo también este pronombre: «...darles respuestas a los vecinos». Otra variante correcta podría ser, sin reduplicación: «...dar respuestas a los vecinos». Insisto en que se trata de un error sumamente frecuente."
Tiene razón el doctor Jorge Roisinblit. Otro error frecuente es trasladar la marca de plural del objeto indirecto al objeto directo. Se comete cuando el objeto directo es un pronombre átono y el indirecto es el pronombre se con valor de plural. Por ejemplo, si queremos representar con pronombres personales los objetos en la frase "dar lugar a los vecinos", podemos decir "darles lugar" o "darlo a los vecinos", pero si queremos usar pronombres para los dos objetos, para el indirecto debemos usar se en lugar de le o, en este caso, les: dárselo . Como se no tiene marca de plural, muchas veces se comete el error de agregar esa marca al pronombre objeto directo cuando este representa a un sustantivo en singular, y decir, por ejemplo en este caso, los en lugar de lo .
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar.



