El mundo es un tango
EN 1932, el filósofo canyengue Enrique Cadícamo escribió unos versos a los que José María Aguilar, guitarrista de Gardel, dio música de tango. La pieza se tituló Al mundo le falta un tornillo y reconoce dos versiones antológicas: la que El Zorzal llevó al disco en 1933 y la que Julio Sosa grabó en 1957. La semana pasada, el reconocido vate Epitalamio Peribáñez, apodado El Cisne del Riachuelo, encontró inspiración en aquellas estrofas para componer un quejumbroso poema al que Temulento Calandraca, director de la orquesta típica Los Encopados, promete poner acordes mistongos en cuanto rescate su bandoneón del montepío. Decidieron ya que la obra se titule Al mundo le falta un microchip, concesión a la manía informática sugerida por la muchachada del cyber-café La Butifarra, a pasos de Puente Alsina.
Peribáñez cree que la humanidad transita un peligroso camino de cornisa, una etapa aciaga, tal vez sólo comparable a la que promovieron los homínidos, hace unos cuantos millones de años, cuando optaron por ser bípedos, se apartaron de los chimpancés y sentaron las bases de la discriminación social. A su juicio, la discriminación social tiene familia numerosa: es la madre de cuanta iniquidad padecen los pobres diablos de hoy; es la prima taramba del globalizado oscurantismo político; es la abuela neoliberal de tanto perdulario que prospera al amoroso rescoldo de la injusticia y la ignorancia.
“Con graciosa obscenidad –pormenoriza el bardo, compungido–, los dueños de la prepotencia convocan a nuevos holocaustos, se inclinan a creer que la tortura no siempre es execrable, desoyen olímpicamente los tenues refunfuños de los hombres de fe, se fagocitan víctimas a granel, habitualmente adobadas y trozadas por misiles o kamikazes. Ese menú caníbal incluye un plato todavía más escalofriante: el año último, en todo el mundo, murieron ocho millones de chicos desnutridos por causa del sarampión o de alguna otra enfermedad así de irrisoria, de acuerdo con un reciente informe de Naciones Unidas. Caramba –reflexiona–, si es cierto que nos rige un horóscopo sociopolítico, cómo dudar de que estamos viviendo bajo el signo de la necedad.”
Los contertulios de La Butifarra no dudan de que Al mundo le falta un microchip tendrá tan clamoroso éxito como el tango de Cadícamo o como el que Enrique Santos Discépolo escribió en 1934, Cambalache, elevado a la condición de himno profano en 1976, no bien la dictadura lo incluyó en una de sus tantas listas negras. “Nadie pretenda que la necedad institucional es un vicio moderno –advierte Peribáñez–. Es un lastre que nos legó la civilización.”

