
El país marginado
En Nuevos diálogos (Sudamericana) Marcos Aguinis y Justo Laguna reflexionan sobre la vida y los problemas de una Argentina acosada por la pobreza y la corrupción.
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LAGUNA : (...) Los argentinos padecemos el horror del poder al servicio de quien lo ejerce, para su engrandecimiento personal y su enriquecimiento ilegal. El dinero multiplica el poder y el poder multiplica el dinero, se sabe. Lo hemos visto en alguno de los gobiernos que nos ha tocado padecer, y aun en gobiernos muy democráticos, como el de Alfonsín. (...)
Aguinis: El poder económico, que se concentra cada vez más en menos manos, tiene pereza para mirar otros aspectos que los relacionados con sus propios intereses. Por esa razón suele dejar avanzar los males hasta el borde del abismo. No le importa que haya dictadura o democracia, honestidad o corrupción. Sólo cuando percibe los cimbronazos del terremoto, recién toma conciencia de sus obligaciones sociales. (...) No está mal el mercado, está mal que no se haga nada para ayudarlo a funcionar mejor. (...) Mientras el capitalismo vivió amenazado por la alternativa socialista, se preocupó por competir por las banderas del enemigo: justicia, libertad, bienestar, educación, solidaridad social. (...) Ahora que esa competencia desapareció, el capitalismo muestra una faz cruel y despectiva.En consecuencia, crecen los males de siempre: injusticia, hambre, analfabetismo, explotación, desempleo, enfermedad, insolidaridad. (...) Sólo reaccionará ante la amenaza. Por ejemplo, en la Argentina, donde se ha producido una gigantesca polarización, quienes acumulan enormes riquezas ni podrán salir a la calle... Cuando se den cuenta de la espantosa realidad creada, entonces se ocuparán de invertir responsablemente en operaciones que corrijan los males. Ellos no podrán disfrutar de un pleno confort mientras afuera de las murallas ululen feroces multitudes excluidas. (...) Mi reclamo se dirige a lo esfuerzos imaginativos y técnicos de todos los campos para que se irradie el bienestar hacia más amplios círculos de la población. (...) Los especialistas no sólo deben esmerarse en que cierren las cuentas sino en forjar un entramado de iniciativas que eviten el quiebre social.
Laguna: Marcos ha mencionado al pasar un elemento nuevo y grave: la exclusión. Bien distinto de la marginación, que presupone la existencia de un límite dentro de un Estado: el marginado se ubica adentro pero en una zona determinada. La exclusión, en cambio, implica el destierro del sistema. En la Argentina de hoy, esta gran tragedia alcanza a gran parte del pueblo.
Aguinis: El excluido es un hombre sin trabajo, sin hogar, sin futuro. Ni siquiera disfruta del bálsamo que eran los hospitales públicos, ni existe el salvavidas que en muchos países representa el seguro de desempleo.
Laguna: Nos hacen creer que la gente excluida no existe, con el agravante de que el sistema lo sabe muy bien... (...) Sacar al hombre del mundo del trabajo constituye un retroceso. Aquí tenemos un ejemplo claro de la problemática que plantea el progreso. (...) Un país no puede desarrollarse si genera excluidos. (...) Nuestros gobernantes no hablan de este tema. En la provincia de Buenos Aires existe cierto asistencialismo. No quiero hablar mal de ese plan (cuando Alfonsín implantó las cajas PAN, no me opuse: la gente se moría de hambre). Pero no me gusta que se use algo tan delicado como la asistencia a los desamparados con intenciones políticas, me parece tan horrible como robarle a un paralítico. (...) Antes de que la gente muera de hambre hay que darle de comer, de acuerdo, pero no sin buscar una solución definitiva que la devuelva al sistema del que ha sido expulsada con violencia, de la mañana a la noche.
Aguinis: Me pregunto si es posible controlar el poder económico sin dañar la democracia ni herir el mercado. Hace unos veinte años que tomó la delantera una nueva revolución capitalista llamada globalización. En Europa occidental el triunfo del capitalismo financiero llevó a cierto estancamiento económico, pero no así en los Estados Unidos, donde el inmenso desarrollo de las nuevas tecnologías de la información ha generado crecimiento y empleo. En Europa occidental la ausencia de una modernización tecnológica de ese tipo han empujado a los inversores a buscar los beneficios financieros en lugar de los industriales. Esto ha conducido al actual desempleo, que ya tiene los siniestros rasgos de algo estructural. (...) El desocupado, además, no suscita simpatías. (...) El proletario, que logró tanta presencia e idealización en teorías y militancias (...) tenía un rostro negativo y otro positivo, que dividía las aguas y producía fuertes movimientos de solidaridad, de lucha, de interés por su suerte y su destino. Con los desocupados no es así. Sólo tienen un rostro: el negativo. Resulta muy difícil crear un movimiento que los represente. (...) Su presencia es doblemente amenazadora: a los gobiernos y empresarios no los dejan vivir en paz, porque son el aguafiestas de sus aparentes logros; a los que trabajan les hacen temer nuevas reducciones salariales, porque los desocupados aceptan siempre algo menos con tal de llevarse algo.
Laguna: ¿Dónde está la solución?
Aguinis: En los modelos económicos que impulsan un crecimiento fuerte, sin descuidar las políticas sociales participativas. (...) El Estado cumple mal su función reguladora. Por una parte, revela extraordinaria ineficacia para contener el gasto público y destinar sus recursos donde hace falta. En la Argentina se malvendieron muchas empresas sin crear buenos marcos regulatorios (...) Se traspasaron servicios a las provincias sin darles los recursos. (...) La concepción del Estado ha cambiado mucho desde la tesis marxista (que lo veía como el instrumento de dominio que usaba una clase minoritaria sobre la mayoría oprimida) hasta la idea actual en la que el Estado representa a la mayoría y debe protegerla de minorías injustas y poderosas.
Laguna: Por eso el Estado debe tener fuerza (...) suficiente para compensar las disonancias del mercado. (...) Para que la bienvenida competencia resulte auténtica, justa, deben existir leyes, y se las debe respetar. Los Estados Unidos siempre han cuidado mucho el marco legal que garantiza la competencia. Acá no se logra eso. Hay privilegios para la industria automotriz, por ejemplo. (...) Sucede que el país conoció el derrumbe económico precisamente por las protecciones desmedidas. Personalmente creo en la libertad: pienso que también la libertad económica puede permitir un equilibrio, siempre y cuando el Estado cumpla su papel de árbitro. (...) Una república se construye a partir de la independencia de sus poderes, como señalaba Marcos, y del control. Pero el ansia de poder puede corromper a los encargados de vigilar el cumplimiento de las leyes.




