
El partido más importante no se juega en la cancha
Durante el Mundial de fútbol los adolescentes pueden, a través de sus celulares, quedar expuestos a sitios de apuestas ilegales que permiten el acceso de menores, un fenómeno cada vez más preocupante

Cada cuatro años, el mundo se detiene. El fútbol convierte estadios en catedrales y a desconocidos en hinchas hermanados por una misma causa. Las pantallas se encienden para unirnos alrededor de una pasión compartida, atravesando generaciones en una mesa familiar, un club o el patio de una escuela.
Sin embargo, en la era digital, esta fiesta del deporte convive con una amenaza silenciosa que cabe en el bolsillo de nuestros hijos. Un adolescente que sigue hoy el Mundial desde su teléfono celular no solo ve los goles: también puede quedar expuesto a sitios de apuestas ilegales que permiten el acceso de menores. El fenómeno alcanzó una escala que no podemos ignorar.
Los datos son preocupantes. Las apuestas para menores de 18 años son ilegales. Sin embargo, la edad de inicio en las apuestas bajó de manera sostenida en los últimos años. Una parte importante del problema radica en un proceso de normalización que reduce la percepción del riesgo. Las encuestas muestran que muchos adolescentes que apuestan están convencidos de que lo que hacen es legal. Esa falsa percepción de legitimidad permite que el fenómeno se expanda sin generar sensación de transgresión. El Mundial -con su intensidad emocional y su omnipresencia mediática- actúa como el contexto ideal para esa naturalización.
Desde Lotería de la Ciudad venimos trabajando fuertemente en la prevención del juego problemático. Sabemos que la adicción a las apuestas puede tener consecuencias profundas y duraderas sobre el desarrollo emocional, social y académico de los chicos. A partir de la firme decisión del Jefe de Gobierno, Jorge Macri, la ciudad de Buenos Aires aborda el problema de manera integral, combinando control, cooperación y concientización y ha establecido la lucha contra el juego ilegal y la ludopatía infantil como una prioridad absoluta.
En los últimos dos años y medio bloqueamos más de 2400 sitios web y 1800 accesos en escuelas y eliminamos más de 2500 anuncios en la web. Asimismo, el trabajo conjunto con la Fiscalía Especializada en Juegos de Azar (FEJA) nos permitió denunciar a más de 130 influencers por promocionar plataformas no autorizadas, convirtiendo a la ciudad en la primera jurisdicción del país en accionar penalmente contra estas figuras públicas.
Pero ninguna política pública puede resolver este problema por sí sola. Como padres también tenemos un rol central para romper con esa naturalización. Dialogar con nuestros hijos sobre los riesgos de las apuestas, estar atentos a sus consumos digitales y conocer las señales de alerta tempranas son parte de la respuesta. Con ese propósito hace un año lanzamos “Hablar es ganar” , una campaña dirigida a familias y a la comunidad en general que busca fortalecer la prevención y concientización. Estar presentes y generar espacios de confianza para que los chicos puedan hablar de lo que les pasa, muchas veces hace la diferencia.
Que el Mundial sea, entonces, una oportunidad para poner esta problemática en el centro de la conversación. Porque el partido más importante no se juega en la cancha. Se juega en nuestra capacidad de dialogar con los más chicos, entender qué hacen en los entornos virtuales y poder acompañarlos. A ese partido no podemos seguir llegando tarde.

