
El sistema de ingreso en la UBA
1 minuto de lectura'
En recientes declaraciones, el rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Oscar Shuberoff, se refirió a una próxima caducidad del Ciclo Básico Común (CBC) y a la necesidad de que el plan que le suceda signifique algo más que otro conjunto de disciplinas o contenidos destinados a servir con carácter de conocimientos introductorios a los estudios superiores. La novedad residiría -dijo el rector- en integrar el CBC actual "en un cambio de diseño de la oferta curricular".
Algo semejante se anunció hace tres años. Sin embargo, los cambios no llegaron. En rigor, la necesidad de modificar el sistema de ingreso reaparece cada tanto, una y otra vez, por imposición de la realidad. Se torna cada vez más necesario y urgente descomprimir una universidad que posee una matriculación desbordante, que sobrepasa los 200.000 alumnos en el total de las facultades.
Cuando se instauró el CBC, muchas voces se alzaron para pronosticar lo que iba a ocurrir. El proceso de crecimiento insostenible de la población estudiantil de la UBA, en efecto, se puso en marcha en el mismo momento en que se eligió la actual metodología de ingreso, establecida en 1984 como una de las consecuencias políticas de la transición a la democracia. El CBC reemplazó el mecanismo de admisión con cupos, vigente durante la etapa del gobierno militar, que a su vez había sustituido, históricamente, al sistema del ingreso irrestricto.
La implantación del CBCprodujo un acelerado incremento en la población estudiantil a partir de 1984 (11,8% anual en el trienio 1983-85). Luego, ese índice se redujo a un promedio anual de crecimiento del 2,1%. No obstante, se hizo evidente que la superpoblación universitaria era ya una realidad insoslayable, que afectaba la calidad de la formación.
Es bien sabido que, en la relación cantidad-calidad aplicada a la búsqueda de mejor formación profesional, el exceso del primero de los términos conspira contra el nivel del segundo. Esta argumentación ha sido una de las fuentes de las reiteradas y fundadas críticas que se le han formulado a la política de ingreso irrestricto y del CBC. Aunque las censuras estuvieron dirigidas también a otros aspectos, tales como la debilidad académica del CBC, sus problemas de implementación administrativa o sus efectos de alargue en la duración de las carreras.
A pesar de la obstinada defensa que hizo en muchos momentos del controvertido CBC, el rectorado de la UBA tuvo que rendirse ante la evidencia y debió aceptar la necesidad de su reemplazo o renovación. El camino por el que se ha optado es la descentralización. Se optaría por un plan de estudios estructurado en dos niveles. Un primer ciclo general y básico de dos años permitiría la obtención de un primer título con opción laboral y el acceso al segundo nivel, en el que se alcanzaría un título de grado. Los contenidos del CBC se volcarían en el primer ciclo, de manera que no desaparecería, sino que se redistribuiría.
El primer ciclo podría cursarse en universidades del conurbano bonaerense que lo hubieran acordado con la UBA. Por esto se habla de la futura formación de una red de casas de estudio. El quid de la disminución de población estudiantil en la UBA se funda en esta reducción supuesta de alumnos en los dos primeros años de las carreras que son las más numerosas.
Como lo hemos señalado antes, el plan en cierne abre una serie de interrogantes, todavía no esclarecidos, tanto en cuanto al modo de precisar la descentralización académica y administrativa como en lo que concierne a la jerarquía de la enseñanza o al financiamiento de la actividad.
Todo debe ir en el sentido de una mejor calidad en los estudios. De lo contrario, al cabo del primer ciclo, las autoridades universitarias de la UBA empezarán a quejarse de la formación de esos primeros años, del mismo modo en que hoy el rector critica de manera generalizada "la pésima escuela secundaria", signo de una tabicación de entendimiento que desde hace tiempo obstaculiza la comprensión y la mejora de los estudios en la transición del nivel medio al universitario.
Pero, fundamentalmente, es necesario que la UBA deje de ser concebida como un coto cerrado en el que prevalecen determinados intereses políticos y se abra a un proceso de transformación en el que todos los pasos estén subordinados, exclusivamente, a la búsqueda de niveles cada vez más altos de calidad y rigor académico.





