
El triángulo de los fantasmas
Acosada por los cambios que introdujo el Mercosur, por la apertura comercial y por mayores controles, la triple frontera argentino-paraguayo-brasileña va dejando de ser el gran centro comercial y refugio de la ilegalidad. Hoy sólo es hogar de espectros que se diluyen.
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Ciudad del Este
EL cortejo fúnebre se arrastró, sufriente, entre changarines y contraban-
distas. Desconsolados, los deudos lloraban sobre una fila de ataúdes cargados de velas que el viento del río Paraná soplaba sin piedad, como si quisiera derribar el puente.
Los turistas lo vieron pasar. Los chicos que roban los bolsos de los turistas con anzuelos lo saludaron. Los guardianes de la frontera le abrieron paso con displicencia.
La ciudad lo festejó a carcajadas. Los forasteros nunca hubieran adivinado que esos ataúdes iban cargados con harina brasileña de contrabando.
Eran los días de gloria, cuando Ciudad del Este parecía no tener límite. La revista Forbes la había proclamado como el tercer centro comercial del mundo, y los otros dos, Hong Kong y Miami, bien podían temblar ante el desafío.
En la ciudad nadie daba un centavo por tales competencias. En un país donde las cifras oficiales o privadas son un puro ejercicio de especulación, el único registro que cuenta es el del propio bolsillo, que en aquella época no hacía sino llenarse.
Pero la ciudad ya no ríe y su folklore se ha convertido en un ancla que amenaza desbarrancarla. Porque, acosada por fantasmas de terror y muerte, aplastada por los cambios que el Mercosur empujó hasta sus puertas, Ciudad del Este vio entrar en crisis su modo de vida tradicional, que corre serio riesgo de ser arrastrado por el puente como en un cortejo fúnebre que celebrarán al otro lado de la frontera.
Nostalgias
El Puente de la Amistad, corredor de los ataúdes, es la puerta de ingreso en Ciudad del Este desde Foz de Iguazú (Brasil). La mayoría prefiere cruzarlo a pie, para evitar el embotellamiento de ómnibus, camiones, combis y autos.
Un azul "Bienvenidos al Paraguay" recibe al visitante, auspiciado por Samsung. Detrás del arco -teóricamente controlado por la policía paraguaya- va trepando la ciudad, aferrada al barranco del Paraná como con cuatro pernos.
Las tiendas nacen allí mismo, a pocos metros del arco de entrada, y se amontonan en las 20 manzanas aledañas, peleando por tomar al turista apenas entrado.
Ocurre que ofrecen más o menos lo mismo: televisores, equipos de audio, cámaras fotográficas, agendas electrónicas, anteojos de sol, cuchillos y navajas, armas, perfumes, ropa, zapatillas, bebidas alcohólicas, herramientas, videojuegos, ropa barata y chucherías varias de Taiwan y el sudeste asiático.
Los precios son baratos para argentinos y brasileños, sobre todo si se compra a los vendedores ambulantes o en los puestos de la calle. Y si uno consigue cruzar el puente pese al embotellamiento, en unos 15 minutos atraviesa Foz y llega a la frontera argentina a tiempo para embarcarse en algún avión en Puerto Iguazú.
Pero el esquema ya no funciona. Alvaro Romero, el encargado del playón de la Aduana, se dio cuenta hace tres meses. La inundación diaria de camiones cargados de alimentos brasileños comenzó a secarse, hasta dejar charcos, pequeñas lagunas en el playón.
Otros lo percibieron antes. Desde hace 14 meses, unas 2000 tiendas cerraron sus puertas. Los ómnibus cargados de turistas brasileños -muchos de ellos avaros sacoleiros, que dormían sobre su asiento para ahorrar dinero y así hacer mayor la diferencia de precios- han bajado de 3000 a 700 por mes. Hubo épocas de gloria en que esa cantidad circulaba en un solo día.
Los sábados tampoco son lo que eran. Hasta 130.000 personas se apretujaban en el puente y la demora de los autos podía estirarse siete horas.
El comercio legal lo registra en cifras. En 1989, época de oro, el volumen rondaba los 6000 millones de dólares. Para este año, en cambio, el pronóstico es de 3000 a 3500 millones, según Charif Hammoud, presidente del Centro de Importadores y Comerciantes del Alto Paraná, departamento (provincia) del que Ciudad del Este es capital.
La mala reputación
Hammoud no luce como un tendero más de Ciudad del Este. De aspecto elegante y piel cetrina, más parece un joven empresario brasileño que un comerciante de origen libanés, y su español cargado de palabras en portugués acentúa la impresión.
En el despacho de su shopping center Mona Lisa -uno de los más caros de la ciudad, en el que se ofrecen comestibles, bebidas, perfumes, ropa y adminículos de marcas reconocidas en el mundo-, Hammoud atribuye la crisis a "la mala fama, que habla de falsificación, piratería, mafia, terrorismo".
Se lamenta de que nadie pudiera corporizar el fantasma. "Hubo gobiernos extranjeros que enviaron servicios secretos y luego no dijeron nada. Puede ser que alguien haya pasado, vino y se fue, porque la triple frontera es fácil de pasar".
Más difícil resulta discutir el problema de la falsificación de marcas mundiales. En julio de este año, por presión de la compañía Nintendo, con centro en Palo Alto (California), la Aduana paraguaya no tuvo más remedio que hacer dos secuestros de un millón de dólares cada uno en videojuegos fabricados en Taiwan pero rotulados con aquella marca.
Hammoud se entrevistó con el presidente del Paraguay, Juan Carlos Wasmosy, para buscar una respuesta. También presionado por los Estados Unidos, Wasmosy anunció una campaña contra la piratería comercial y formó una comisión.
Al temor de los extranjeros a comprar una mala imitación se suma una nueva competencia, provocada por las políticas de apertura de los países vecinos. "Hoy en la Argentina y Brasil hay de todo...", se lamenta Hammoud.
La apertura, en el caso de Brasil, vino acompañada con restricciones específicas que perjudicaron a Ciudad del Este. El secretario de Turismo e Integración, Mauro Céspedes, adjudica al cupo de compra de 150 dólares establecido por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso la merma de las visitas de ese país a la ciudad.
Céspedes es vocero de un reclamo general en la ciudad: la Aduana brasileña ahora controla y secuestra mercadería que supera los cupos. Así no se puede prosperar, se quejan.
Arabes en la sombra
Para Hussein Teijen, en cambio, la culpa de todo está en que "llenaron la Argentina de contrabando y acá no podemos competir más".
Teijen es presidente del Centro de Comerciantes y de la comunidad árabe de la ciudad. A diferencia de Hammoud, aparece como lo que es: un fiel representante de una raza que ha comprado y vendido desde la antigüedad.
Guarda particular inquina contra el presidente Carlos Menem. "Dijo que nosotros somos en un 90 por ciento contrabandistas -se enoja- y la Casa Rosada está llena de contrabando... Treinta días después apareció la aduana paralela. Nosotros sabemos qué hacen nuestros colegas de allá; yo sé lo que le digo".
Parte de su rencor se debe a razones políticas indisimuladas: para Teijen, Menem "traicionó su origen" árabe.
Ciudad del Este ha sido acusada de servir de puente a miembros del Hezbollah, la organización chiita del Líbano a la que se atribuyen los atentados contra la embajada de Israel (1992) y la sede de la AMIA (1994) en Buenos Aires.
Todos los consultados -funcionarios, comerciantes, periodistas, árabes, paraguayos- niegan que existan células del Hezbollah en la ciudad.
Pero en muchos casos la negativa se extiende a todo aquello que aumente la mala fama. Un atardecer de tantos, un grupo de taxistas detuvo con aire intimidatorio a los cronistas de La Nacion para saber si estaban en misión especial y cuál sería el contenido de su artículo. Uno de ellos en particular, un inmigrante argentino, se quejó amargamente de las cosas que se dicen sobre Paraguay en Buenos Aires.
Con otros modos, el sheik Said, sacerdote musulmán de la ciudad, prefirió sentarse bajo la sombra de un árbol, sonreír con amabilidad extremada por la desconfianza y pronunciar con acento portugués: "Yo no hago política", antes de pedir todos sus datos a quien pretendía entrevistarlo.
El tamaño y el peso económico de la comunidad árabe -integrada por libaneses, sirios y egipcios- ha despertado recelos y sospechas en los países vecinos y en los Estados Unidos.
¿Por qué se formó? El sheik recuerda que los árabes han venido a América latina desde el siglo pasado; no debería sorprender que estén en Paraguay. La mayoría de los libaneses huyeron de la guerra, apunta Teijen.
Podría ser una muestra de solidaridad desprejuiciada, pero una denuncia dice algo muy distinto. Akram Kachmar, un empresario libanés de la ciudad, afirmó que el cónsul paraguayo en Beirut, Mandrugh Agha, "desde hace años vende pasaportes y visas a terroristas árabes, a delincuentes comunes del Medio Oriente y a traficantes de drogas y armas en América del Sur".
Agha es libanés de origen, pero se nacionalizó paraguayo y es cónsul desde hace 37 años, por designación del ex dictador Alfredo Stroessner. Según su acusador, "facilitó el viaje de miembros del Hezbollah que forman aquí células dormidas".En cambio, Teijen no niega sus propias simpatías por Hezbollah: "Existe una guerra política entre árabes e israelíes y Hezbollah tiene todo el derecho de defender su tierra dentro del Líbano".
Para él, toda la mala fama de Ciudad del Este se debe a Menem, que "quiere quedar bien con los patrones". Cuando se le pregunta a quién se refiere, Teijen replica: "Hay un patrón que es el sionismo mundial, que dirige la política exterior de los Estados Unidos. Por eso Menem rinde cuentas a ellos, en lugar de a la raza donde fue criado".
Fuentes de la Gendarmería Nacional -fuerza que trabaja en colaboración con la CIA norteamericana- aceptaron en su momento que el trabajo de Inteligencia sólo había revelado simpatías de la zona hacia Hezbollah y, eventualmente, el uso de la región como sitio de "descanso" de militantes del Líbano.
Ciudad del Este al caer la tarde
Pero la Inteligencia argentina, que obtuvo la conformación de un comando tripartito con fuerzas de Brasil y Paraguay para controlar la triple frontera, no ha avanzado en otros terrenos, ampliamente conocidos, como el tráfico de armas y drogas.
Un agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) que trabajó en la zona dibujó un plano en la mesa de un bar de Buenos Aires: "De la Argentina salen armas hacia Brasil, que generalmente terminan en las favelas de Río de Janeiro, y autos robados hacia Paraguay, donde les cambian los documentos. De Brasil viene cocaína. Y entre Brasil y Paraguay circulan armas y drogas. Además, Paraguay contrabandea mercaderías comunes, especialmente electrónicos".
Hasta el año pasado, en el departamento del Alto Paraná se había registrado la existencia de 500 pistas aéreas en fincas y haciendas de particulares. La construcción del aeropuerto internacional Guaraní colocó todas estas pistas en la ilegalidad: ahora no hay más excusas para tener una propia, explica el intendente de Ciudad del Este, Juan Carlos Barreto Miranda.
El factor local
Barreto Miranda es un joven de jeans, camisa y corbata que atiende a todos sus visitantes con una sonrisa en los labios, mientras toma interminablemente tereré o mate cocido.
Se enorgullece de haber desplazado a viejos políticos, que "son unos ladrones: le han sacado toda la leche a la vaca, no la han alimentado y se les murió".
Reparte culpas entre los forasteros. "Hay de 10.000 a 15.000 funcionarios públicos de Asunción que llegan con una mentalidad totalmente diferente a la nuestra. En lo único que piensan es en venir a la aduana de Ciudad del Este para robar".
De pronto, la escena se paraliza. La puerta se abre y entra Carlos Barreto Sarubbi, en su doble función de gobernador del Alto Paraná y padre del intendente, que se para, al igual que sus colaboradores, y espera de pie a que el visitante se acomode en un sillón.
Barreto Sarubbi, a diferencia de su hijo, niega todo. Dice que el tráfico de armas "lo hacen países grandes, no Paraguay", y que no cree que Ciudad del Este sea la base del narcotráfico. Tal vez sea parte interesada, porque fue acusado de poseer sus propias pistas y hasta de encargar un homicidio. Un ex contrabandista argentino aún recuerda en la cárcel la época en que viajaba a una pista embutida en la selva, que, juraba, pertenecía al hoy gobernador.
Este puede exhibir el mérito de haber sido el primer intendente de Ciudad del Este -entonces llamada Presidente Stroessner-, en 1975. La conoce, pues, como nadie.
Para él, ni siquiera hay crisis: tal vez -teoriza- las cosas estén llegando a un estado "normal".
Mercosur y futuro
¿Qué es normal? Para Hammoud, un futuro en el que los empresarios de Ciudad del Este compitan con los de Brasil y la Argentina gracias a sus contactos en el exterior y su experiencia comercial.
Pero las fuerzas vivas de la ciudad no quieren llegar a ese estadio desconocido y presionan a Asunción para que las tiendas del centro sean convertidas en zona franca.
El viejo modus vivendi es difícil de abandonar: parece una fórmula de éxito eterno. Barreto asegura que Paraguay siempre tendrá ventaja, porque podrá bajar una y otra vez sus impuestos.Es el viejo sistema con el que Stroessner en persona inventó la ciudad: convenció a los brasileños de que serviría como puente para abrir una vía al Atlántico para sus productos industriales, pero en rigor sólo creó un centro comercial de contrabando.
No obstante, Brasil, mercado principal, y la Argentina, por razones políticas y de alineamiento con los Estados Unidos, están decididos a garantizar la disciplina. Y así como resolvieron la crisis política desatada por el intento del general Lino Oviedo de derribar al presidente Wasmosy con un respaldo decidido a éste, parecen igualmente dispuestos a someter para siempre a la ciudad símbolo del viejo Paraguay.Al pensarlo, Barreto Miranda recuerda el cuento del loro. Dicen que un brasileño compró un loro a un vendedor ambulante de Ciudad del Este, que lo engañó y le entregó una lechuza. Seis meses después, volvieron a verse.
-¿Y, qué tal el loro? -preguntó, burlón, el paraguayo-. ¿Ya habla?
-No -respondió con astucia el brasileño-. Pero escucha con mucha atención.
Por Gabriel Pasquini
(c)
La Nacion
De cómo informar (y sobrevivir) en el Este
En febrero de este año, una de sus fuentes en el submundo de Ciudad del Este le trajo la noticia de su próxima muerte. No lo sorprendió. Héctor Guerín, corresponsal en esta ciudad del diario ABC Color, de Asunción, es uno de los periodistas más amenazados del mundo, aunque probablemente pocos lo saben fuera del Paraguay.
La información le permitió llegar al asesino contratado para liquidarlo. Este aceptó contar todo a la Justicia y su mandante, el viejo intendente Agileo Miño, fue a dar a la cárcel por 15 años.
Una muesca más de una historia repetida. Guerín ha nacido para el conflicto. Cursó la carrera de Psicología, pero nunca obtuvo el título. En aquella época, el dictador Alfredo Stroessner entregaba en persona los diplomas y Guerín intentó organizar una fiesta paralela con estudiantes y padres. Las autoridades se enteraron y nada pudo hacer para obtener el título que le correspondía.
Se convirtió en periodista del ABC, pero en 1984, cuando el diario cerró, se vino de Asunción a Ciudad del Este para trabajar como mecánico, con su padre.
No pudo con la vocación y a los pocos meses ya se había convertido en el corresponsal del diario Hoy, también de Asunción, cuyo dueño quiso desafiar, al emplearlo, las iras del gobierno, para quien Guerín y algunos otros de sus colegas eran contestatarios y revoltosos.
Esquivando balas
Desde entonces, ha investigado y escrito sobre la ciudad como pocos periodistas en el mundo. Ello le costó tener que esquivar disparos en una pista clandestina que presumiblemente pertenecía al actual gobernador del Alto Paraná, Carlos Barreto Sarubbi; un ataque, cuchillo en mano, cuando descubrió un fraude electoral en una interna partidaria, y disparos en su propia casa.
No sólo sorteó cada uno de ellos, sino que ganó fama en el mundillo criminal de la ciudad, algunos de cuyos miembros le acercaron, en momentos clave, información que le salvó la vida.
Así, supo a tiempo que barones de la droga de Pedro Juan Caballero habían contratado a un pistolero para asesinarlo y pudo evitarlo.
Y, del mismo modo, pudo prevenir el atentado ordenado por Miño. Se enteró de que algunos hombres del Partido Colorado, relacionados con aquél, no lo perdonarían, y aceptó irse. Tuvo una entrevista con el presidente Juan Carlos Wasmosy, quien, para salvar la ropa, le ofreció un puesto diplomático en el exterior.
Partió hacia Bélgica como primer secretario de la misión ante la Unión Europea. En junio pasado ya tenía todo listo para instalar allí a su familia y vivir tranquilo.
Pero a los 15 días de asumir sus nuevas funciones descubrió un negociado. A cambio de comisiones, funcionarios paraguayos negociaban un préstamo de ayuda a su país con un banco de Luxemburgo en condiciones comerciales gravosas para el país.
Como siempre, denunció todo y tuvo que renunciar. Volvió a Ciudad del Este y al ABC, al que se había reintegrado en 1989, cuando el diario reabrió sus puertas, apenas un año después de que Stroessner dejó el poder.
Para Guerín, el gran negocio de Ciudad del Este es "la evasión impositiva, es decir, el fraude aduanero. De cada 100 camiones registrados como salidos del lado brasileño, sólo cinco entran formalmente en el Paraguay. Noventa y cinco desaparecen en el Puente de la Amistad".
Lavado de dinero
Lo mismo ocurre con los contenedores que llegan de Miami, según pudo comprobar en una investigación que realizó algunos años atrás.
Guerín dice que el tráfico de drogas y armas ha sido comprobado en la zona de Pedro Juan Caballero y no en Ciudad del Este, donde sí hay lavado de dinero, según afirma, y entran automóviles robados.
Asimismo, sostiene que "la comunidad árabe cuida que no haya conexiones con el terrorismo porque no quiere perjudicar sus negocios. Hay simpatizantes de Hezbollah, pero no hay campos de entrenamientos ni nada de eso".
Clinton, preocupado
Esta ciudad ha sido inscripta en la historia universal de la infamia por tantos crímenes y pecados como era posible pensar. Tras el atentado contra la sede de la AMIA, el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires, el cargo principal fue servir de abrigo a células del Hezbollah, la organización chiita libanesa que prometió combatir a Israel en todo el mundo. El jefe de Inteligencia de la policía paraguaya, comisario Enrique Martinetti, dictaminó el 29 de septiembre de 1995 que Ciudad del Este era "un santuario de células dormidas del Hezbollah".
El propio Clinton, en la reunión del jueves con Menem, planteó su preocupación por la actividad de Hezbollah en esta ciudad, y ofreció la ayuda de Washington para resolver el problema. Clinton reconoció "los esfuerzos que se han hecho", pero reclamó un mayor control.
Tiempo atrás, un informe del Departamento de Estado norteamericano condenó la zona de la triple frontera como el pasadizo de terroristas y armas, con lo que la Argentina no necesitó de más para exigir un mayor control y enviar a sus agentes de inteligencia a la zona. El resultado fue la firma de un convenio en mayo del año pasado para formar un comando tripartito entre las fuerzas de seguridad de Brasil, la Argentina y Paraguay que controlara la triple frontera.
Ahora se comparte la información de Inteligencia, lo que permitió la detención de Al Safawi y, en 1995, la extradición a la Argentina de ciudadanos libaneses a los que el juez federal de San Isidro, Roberto Marquevich, vinculó con el atentado a la AMIA. Cualquier habitante de la ciudad recuerda perfectamente el caso. Todos destacan que Marquevich los dejó en libertad porque no había elemento alguno en su contra.
Fuentes de Inteligencia revelaron en aquel momento que la extradición había sido pedida por la CIA norteamericana, porque había interés en averiguar mayores datos sobre los libaneses y no se confiaba en la policía paraguaya.
Existía -explicaron las fuentes- registro de una llamada telefónica de uno de ellos a una "casa segura" (domicilio usado como fachada para albergar militantes) de Hezbollah en algún lugar del mundo.
Dificultades para el control
El intendente de la ciudad, Juan Carlos Barreto Miranda, pone el acento en la peculiaridad de la zona. "Ciudad del Este, Foz de Iguazu, Puerto Iguazú, es un caso nunca visto. Son países unidos por puentes, una hermandad y una gran cantidad de gente. En un día podía haber 600 vehículos con 50 personas cada uno. Son 3000 personas para controlar en apenas una hora. Si se controlara uno por uno, en un día no podría pasar ni un colectivo".





