
Empleos para mayores de 40
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La última semana, un simple aviso publicado el domingo en los principales matutinos de Buenos Aires con el llamativo título de "Madres, tías y abuelas", que ofrecía 40 puestos de trabajo, bastó para movilizar a cerca de 4000 mujeres de entre 40 y 60 años de edad, el único requisito que se exigía para presentarse.
Con imaginación, sensatez y sentido del humor, la empresa convocante, un complejo de cines de Recoleta, había puesto el dedo en la llaga respecto de los temas más importantes de la Argentina que trabaja: la exclusión de los trabajadores mayores de 40 años -la mayoría de las veces por absurdos y caprichosos motivos-, y, sobre todo, la exclusión de las trabajadoras mayores de 40 años.
En el universo laboral de los argentinos, en el que los números oficiales de la desocupación marcan una triste realidad, el desempleo de los varones es del 10,8 por ciento, mientras que el de las mujeres llega al 13,7 por ciento. Si el ingreso medio de los varones es de 790 pesos mensuales, el de las mujeres es de 520 pesos. Por otra parte, como muchas de las mujeres que logran obtener un trabajo son jefas de familia, se ven obligadas a aceptar empleos con baja remuneración y generalmente en negro. Por lo tanto, las mujeres, como también los jóvenes que apenas se inician en el mercado laboral, constituyen una suerte de fuerza de trabajo de reserva, una variable de ajuste del mercado.
Esta situación desnuda, entonces, otra realidad: los requisitos que se exigen en la Argentina para conseguir un empleo son distintos de los de otros países. En la mayoría de las naciones desarrolladas, la edad no sólo no puede ser un requisito, sino que ni siquiera debe incluirse en el currículum, así como tampoco hay que mencionar el estado civil ni la cantidad de hijos ni ningún otro factor que pueda dar lugar a algún tipo de discriminación. Es decir, que lo que para los empleadores argentinos puede ser un disvalor -ser mayor de 40 años, ser mujer, tener hijos, etcétera-, en los países donde el trabajo es bien valorado esas "cualidades" no interesan, porque lo que realmente cuenta es la capacidad y eficiencia con que se pueda cumplir la tarea exigida.
El riesgo de la discriminación siempre está presente a la hora de buscar trabajo. Por eso es fundamental tratar de acotarlo lo máximo posible.
En un país donde lo que se necesita es aguzar al máximo la inteligencia para salir de la profunda crisis económica, política y social que se está viviendo, que una empresa haya decidido expresamente buscar empleadas de más de 40 años por su buena predisposición, calidez y responsabilidad, para sumarlas al joven personal que ya está trabajando, habla muy bien de quienes están al frente de ese complejo.
Sin embargo, en esto de descubrir verdades de Perogrullo los argentinos somos especialistas. Recientemente, una solicitud lanzada por el Ministerio de la Producción de la provincia de Buenos Aires que buscaba profesionales con experiencia para asesorar a pymes recibió como respuesta la friolera de 3000 currículum, y hoy el programa Experiencia Pyme tiene en su base de datos más de 3500 currículum vitae con información sobre profesionales mayores de 50 años, entre los cuales hay ingenieros de distintas especialidades, licenciados en administración de empresas, contadores, psicólogos, abogados e incluso técnicos y mecánicos con muchísima experiencia, que fueron jefes de planta, como comentaron las autoridades del ministerio con cierto asombro.
Más de una vez hemos sostenido desde estas columnas que deben implementarse de manera urgente políticas de Estado para solucionar el problema del desempleo y que una de las soluciones es crear fuentes de trabajo. Lo que estas dos iniciativas aquí comentadas están mostrando es cuánta riqueza, qué cúmulo de conocimientos y sabiduría desperdiciados hay en estos momentos en nuestro país. Esa fuerza de trabajo debe y puede ser absorbida. Sólo resta esperar que otra vez los empresarios vuelvan a confiar en ella como lo hubieran hecho, como lo hacían, sus padres o sus abuelos.




