En Miami creen que Elián es un santo
Los sectores fanatizados de la diáspora cubana han convertido en un santuario la casa donde el niño vivió con su abuelo, en la Pequeña Habana, hasta fines de abril último. Poco parece importar el fallo del viernes último en favor del padre del balserito por parte de la Corte de Atlanta: entre rezos y arengas políticas, el exilio hace un tribunal popular de cada esquina.
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MIAMI.- HACE poco más de un mes que Elián González ya no vive en la casa que su tío abuelo Lázaro alquila en la Pequeña Habana. Y sin embargo, está más presente que nunca en este humilde barrio donde los cubanos de la diáspora se resisten a olvidar al chiquilín que había escapado en una balsa de las "garras" de Fidel Castro.
La desafortunada historia de este niño de 6 años -fue hallado cuando flotaba en un neumático frente a las costas de la Florida, en noviembre último- es contada una y mil veces. Frente a la casa de su tío abuelo, pero también en cada esquina del barrio. Entre los cubanos que adoptaron a la Pequeña Habana como su nueva isla, pero también a cada extranjero que llega a esta ciudad.
Este caso reavivó viejos odios y antiguos dolores. Tanta pasión despertó que los cubanos del exilio parecen no querer darse cuenta del fallo de la Corte de Apelaciones de Atlanta, el viernes último, en favor del padre del niño cubano; el caso Elián levantó un tribunal en cada esquina.
Además de las discusiones y las plegarias, el pequeño ya hizo que el gobierno federal de los Estados Unidos gastara 1,2 millón de dólares, mientras que los ayuntamientos de Florida oblaron otros cuatro millones de dólares en medidas de seguridad, según informó el diario local The Miami Herald.
Ana Teresa Bonnin habla del niño cubano con un fervor que roza el misticismo. De a ratos le reza, de a ratos lo llora. "Estamos aquí porque llevamos en nuestro corazón el deseo de mantenernos en vigilia", cuenta frente a la casa situada en el 2319 de la Segunda Calle, donde Elián vivió con sus familiares después del naufragio en el que su madre perdió la vida.
Frente a esa misma casa la sorprendieron los agentes federales que, en la madrugada del sábado 22 de abril, irrumpieron para llevar a Elián a Washington, donde lo esperaba su padre Juan Miguel González. Según las palabras de Bonnin, ésa fue la segunda tragedia que le tocó vivir en sus 56 años de vida. "La primera fue la muerte de mi hermanito, cuando tenía nueve años", sostiene.
Los policías cumplían órdenes de la secretaria de Justicia, Janet Reno. Una figura que se disputa la enemistad de los exiliados codo a codo con Fidel Castro. El último viernes 26, Reno llegó por primera vez a esta ciudad desde el asalto a la casa de los González. La visita fue breve, pero bastó para comprobar el poco cariño que le tienen los cubanos que viven aquí.
Mientras la secretaria de Justicia pronunciaba un discurso ante 800 abogados en el Hotel Sheraton Bal Harbour, uno de los más suntuosos de Miami Beach, un numeroso grupo de exiliados pronunciaba, puertas afuera, toda clase de epítetos en su contra.
Desde la madrugada en que los uniformados al mando de Reno se llevaron a Elián de aquí, el niño vive con su padre en una mansión colonial, cerca de la bahía de Chesapeake, a poco más de 100 kilómetros de Washington. Pero su sombra nunca se alejó de esta ciudad.
"Por eso tengo que venir todos los días aquí, aunque sea una hora, para comprender por qué mi país -dice Bonnin para referirse a los Estados Unidos- ha hecho semejante cosa."
"Este es un problema de manipulación y yo no voy a permitir que el régimen comunista venga a gobernar aquí", opina Gilberto Perera, un cubano de 33 años que pasó los últimos 20 años en Miami. "Nosotros no podemos hacer nada porque Fidel y Clinton tienen un trato. Pobre niño...", se lamenta Ana Moreno, una chilena que se plegó a las filas de la causa cubana.
Muchos de los que llegaron en la Pequeña Habana huyeron de la dictadura que comenzó tras la revolución de Castro, en 1959. Otros lo hicieron después de que el gobierno norteamericano sancionó con un embargo económico al líder cubano. Pero el hecho de que Washington y La Habana hayan estado del mismo lado en la pelea por la custodia de Elián fue visto con recelo por la diáspora, que temió que fuera el primer paso hacia un ablandamiento en el embargo.
Bonnin recupera la palabra y vuelve a referirse al niño con un dejo de misticismo. "Es que este niño tiene algo que no es humano. Vino a bendecir a un pueblo que estaba separado." Todos coinciden: el pequeño Elián ha llegado para unir a una comunidad surcada por las diferencias ideológicas. "Miami cambió mucho, ahora hay más unión entre latinos, no sólo entre los cubanos", fue la reflexión de Juan Domínguez.
Jorge es argentino y escapó de la crisis importando productos electrónicos. Por eso y porque lo buscó la policía en la Argentina se negó a dar su apellido. "Con todo este tema, la rivalidad entre los cubanos y los yankees se acentuó mucho más", reconoce.
Acordes con estos tiempos de globalización, los partidarios de que el niño permanezca en los Estados Unidos también reservaron su sitio en Internet.
Un gran cartel colocado frente a la puerta de los González advierte a los internautas que pueden visitar http://www.libertyforelian.org , una página que cuenta la historia del pequeño e insta a los que la visiten a enviarle un correo electrónico a Clinton con la petición de que evite que Elián vuelva a Cuba.
También se pueden hacer donaciones a la "organización sin fines de lucro que apoya la libertad de Elián" desde Miami o sumarse a las filas de esta entidad.
Protestas y rezos
Así como el niño balsero unió opiniones que parecían irreconciliables, la decisión del gobierno norteamericano de emplear la fuerza para devolver a Elián a los brazos de su padre fue considerada como una traición por muchos exiliados.
"Ya no creo en éste, mi país. Tengo tanta vergüenza... No sé cómo este país se atrevió a hacer una cosa tan asquerosa como secuestrar a un niño de 6 años", protesta Jorge Enrique, un norteamericano de 17 años, hijo de exiliados. Y como muestra de repudio se envuelve en una bandera cubana.
No hay dudas de que Elián es venerado como un santo. La casa blanca de una planta y con un pequeño jardín alrededor, donde vivió el niño hasta fines de abril y donde se le sacaron tantas fotos que lo mostraban sonriente, se ha convertido en un santuario. Cartas, flores, fotos, mensajes escritos a mano, crucifijos, banderas de distintos países latinoamericanos, peluches y obsequios atestan la cerca de metal que bordea el descuidado jardín.
Los González ya no viven aquí, pero eso poco importa. La casa parece vivir puertas hacia afuera, con el incesante ir y venir de vecinos y peregrinos. En la vivienda contigua, situada en el 2313 de la misma calle, colgaron un enorme cuadro que muestra cómo Elián es rescatado de las aguas por los delfines entre vírgenes e imágenes religiosas.
"Ese niño balsero/que del mar se rescató/fue un enviado de Dios/ que nos cayó desde el cielo", escribió a mano, sobre una cartulina blanca Caridad Pérez. Su testimonio y el de muchos otros flamean colgados de la cerca.
Otros, menos creyentes, aprovechan para hacer su negocio. Como Roberto Santana que, por sólo seis dólares, ofrece remeras con el rostro desencajado del niño, sorprendido por los agentes federales. También hay banderas, gorros, suéteres. Toda clase de productos con el ya inconfundible y marquetinero rostro del niño. "Las ventas van bajando", lamenta este hombre, que, ataviado con los objetos que vende, asegura que llegó a facturar 500 dólares por día.
Aunque lo suyo son las ventas, no pierde la ocasión y opina: "El niño debe quedarse aquí porque es muy triste que la madre haya dado la vida para que sea libre y quieran devolverlo a Cuba. Deben respetar la decisión de la madre, aunque esté muerta".
A unas pocas cuadras de la camioneta de Santana, la discusión en el umbral de los González parece no agotarse jamás. La gente llega y se va. Se queda un rato y conversa. "Vengo todos los días, aunque sea una hora. Soy parte de un grupo de mujeres que venimos a rezar por el niño", dice Oralia Fernández, una cubana bronceada que gesticula exageradamente cuando habla. Mucho más si el tema de conversación es el pequeño balsero. "Fidel es santero -agrega- y le han vaticinado que si el niño no vuelve, él pierde su poder."
La charla sigue hasta que José Manuel Carballo irrumpe con su arte. Es poeta y ya ha escrito unos cuantos versos sobre el chico, sobre su padre y su historia. "Si aquí mi madre quedó/por darme la libertad/para mi felicidad/pues aquí me quedo yo -declama Carballo, con original verseo, como si fuera Elián-. Pues si mi madre por mí/por salvarme dio la vida/y yace aquí en la Florida/con ella me quedo aquí."
Sin preguntar si alguien quiere oír sus poemas, Carballo sigue recitando de viva voz. Los presentes hacen silencio. Parece que ésa es la regla de oro en la Segunda Calle de la Pequeña Habana. Todos tienen algo que decir. Y quieren ser escuchados.
Versailles
ANTES de que la casa de los González se convirtiera en un lugar de culto, el centro de las discusiones de la diáspora era el restaurante cubano Versailles. "Todas las reuniones sociales terminan aquí y muchas otras, empiezan", comenta Julio Victoria, un dominicano que trabaja en el restaurante desde hace seis años. Victoria cuenta que en sus 29 años de vida, Versailles ha sido escenario de los más variados debates por parte de los exiliados. ¿Los temas preferidos? Cuba, el anticastrismo, la añoranza del exilio y últimamente, Elián.
"El del niño es un tema de todos los días -sostiene-, del que se habla con mucho apasionamiento y que ha unido mucho a la comunidad cubana. Creo que todavía se habla tanto porque no se ha resuelto definitivamente."
Afuera, en la vereda del Versailles, funciona una cafetería, que vende el típico café cubano. Luciano "Lucky" Braña, Carlos González y Marcos Milanés son tres de los cubanos que debaten sobre el niño.
"Elián no es un niño más -dice Braña- y que se vaya para Cuba es una victoria política para Fidel." Braña fue oficial del ejército de Castro y ahora lo combate desde lejos. Es uno de los habitués de "la peña del Versailles", como se autodenomina el grupo. "Aquí destripamos a todos. Hablamos de política, de la agenda del gobierno norteamericano, de lo que sucede en los paíeses latinoamericanos."
"Creemos que la madre de Elián lo trajo para buscarle la libertad. Queremos que se quede con el padre, pero no que vuelva a Cuba", interrumpe Milanés, también militar, ahora jubilado de la General Motors. "Sólo que tenemos dos poderes inmensos contra los que luchar: Fidel y Clinton. Y sabemos que no va a ser fácil ganar esa lucha", agrega González.


