Estados Unidos al sur
Por Albino Gómez Para LA NACION
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Las catástrofes producidas por los huracanes pusieron en las pantallas globales de la televisión al olvidado sur de los Estados Unidos.
Ese Sur derrotado por el Norte en la Guerra Civil (1861-1865), la más grande que jamás se haya librado en nuestro hemisferio, en la que murieron 600 mil hombres, es decir, más muertos norteamericanos que en la Primera y Segunda Guerras Mundiales juntas, cuando los once estados de la Confederación del Sur pelearon para separarse de los Estados Unidos. Región, como América latina, muy difícil de etiquetar y conceptualizar: al Sur se lo puede narrar, de allí Faulkner, como Sarmiento, García Márquez, Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar o Sabato en nuestro continente.
Aquella guerra civil, llamada también Guerra de Secesión, que dio como resultado la emancipación de los esclavos, tuvo un origen complejo, como el de determinar si la unión de estados, establecida por la Constitución norteamericana de 1789, era simplemente una liga federal -una unión de estados soberanos- de la que cualquiera de ellos podía separarse por decisión propia (tesis sureña) o si esa Unión era algo perpetuo e indisoluble, cuyos miembros no podían abandonar (tesis norteña). Y aunque la esclavitud fue la que dio a la lucha fratricida su contenido ético y moral, dicha guerra no comenzó porque el Norte, por medio del recién elegido presidente Abraham Lincoln, se hubiera propuesto abolir la esclavitud en los estados del Sur. Incluso, al ser elegido como candidato a presidente por el Partido Republicano, en 1860, Lincoln dijo que respetaría la institución de la esclavitud en el Sur.
Sin embargo, el Partido Republicano era antiesclavista y, aunque hoy pueda parecer extraño, también era proteccionista e intervencionista, ya que favorecía la intromisión del Estado en algunos aspectos de la economía. Lo que se explica porque su fundación, en 1854, tuvo por finalidad implementar un programa político-económico que favoreciera la industria -radicada entonces principalmente en el Norte- y las aspiraciones de los pobladores del Oeste, que necesitaban la ayuda del gobierno para emigrar y colonizar las tierras de los nuevos estados que se incorporaban a la Unión.
Cuando Lincoln fue elegido presidente, de los 34 estados de la Unión, 19 no aceptaban la esclavitud y 15 eran esclavistas. Por lo tanto, la victoria en las elecciones presidenciales de 1860 del Partido Republicano, que defendía la tesis de que los nuevos estados que se incorporasen a los Estados Unidos no debían ser esclavistas, fue vista por el Sur como una amenaza a sus intereses políticos y económicos, que incluían la autonomía de los estados y el libre comercio. Así las cosas, los dirigentes sureños pensaban, con razón, que a medida que aumentasen los estados no esclavistas en los Estados Unidos, disminuía la posibilidad de que el Sur pudiera controlar el gobierno nacional.
En 1858, con la presidencia en manos del Partido Demócrata, se había propuesto que los Estados Unidos compraran Cuba a España, por ser aquélla una isla rica y con un sistema económico basado precisamente en la esclavitud. Se suponía que esto fortalecería la posición política y económica del Sur. Pero España no estaba dispuesta a esa venta y, con la derrota demócrata en 1860 más el proyecto republicano en el poder, el Sur no veía futuro político ni económico a su unión con el Norte.
Fue así como el 20 de diciembre de 1860, Carolina del Sur se transformó en el primer estado que se separaba de la Unión. Luego, otros estados siguieron el ejemplo y, a principios de 1861, se constituyó la Confederación de Estados del Sur, de modo que, cuando Lincoln juró como presidente, el país ya estaba dividido, pero no todavía en guerra, cuya causa fue que el gobierno de Washington determinó que no reconocería a los estados del Sur el derecho a separarse de la Unión.
Pero no todos los estados esclavistas se rebelaron: Maryland, Kentucky y Delaware se mantuvieron leales al gobierno nacional, y la opinión en otros estados leales estaba dividida. Por eso, Lincoln siempre insistió en que la guerra no se hacía para emancipar a los esclavos. Tanto es así que la proclama de Lincoln de 1863, que emancipa a los esclavos, fue una calculada medida de guerra que alcanzaba solamente a los esclavos de los estados rebeldes y no liberaba a los esclavos en los estados leales. Tal era el realismo del presidente, porque su principal objetivo en esa lucha era salvar la Unión y no la esclavitud.
Al comenzar la guerra, el Norte era tres veces más rico que el Sur. Y desde cualquier punto de vista comparativo -de recursos naturales o materiales- ir a la guerra contra el Norte era un despropósito. Sin embargo, los estados sureños creían en su superioridad militar y que el Norte no iba a pelear. ¿Por qué razón -se preguntaban- un hombre de Nueva York o Massachusetts iba a arriesgar su vida para impedir que un estado del Sur se independizara de la Unión? Inglaterra compartía ese optimismo y quería que el Sur estableciera su independencia (¿otra vez dividir para reinar?).
Los estudiosos dicen que en los cuatro años que duró esa guerra sin cuartel se forjó el sentimiento de nacionalidad de los Estados Unidos: un conflicto en que el Sur fue yunque y el Norte, martillo.
En el Sur, el resentimiento por la derrota, atroz en pérdidas humanas y materiales, se confundió, sin embargo, con el orgullo que daba la conciencia de que esa derrota fue necesaria para consolidar la nacionalidad de los Estados Unidos. Y esa ambivalencia es parte de la compleja personalidad de la región.
Sin embargo, la Guerra Civil no explica por sí sola la dinámica política de la región. La guerra fue seguida inmediatamente por un período de experimentación social impuesta por el Norte al Sur, que se conoce como el Período de la Reestructuración, que duró doce años. Puede decirse, además, que constituye uno de los tramos más controvertidos de la historia norteamericana y el antecedente histórico de las exitosas reconstrucciones de Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Guerra Civil, el sentimiento antiesclavista creció en el Norte. Al final de ella, los políticos republicanos dominaron el Congreso nacional, que enmendó la Constitución para abolir la esclavitud y otorgó a los negros todos los derechos civiles y políticos, aunque la plena vigencia de los últimos tardó mucho más en llegar. Al principio, los estados vencidos del Sur intentaron soslayar la Constitución con los "códigos negros", que ponían a la gente de color en una situación social y política inferior. El Congreso en Washington, dominado por los republicanos abolicionistas, respondió con una intervención militar al Sur para asegurar que se cumpliera la ley y se realizara un programa de reconstrucción de la vida política, económica y social de la región, integrando a negros y blancos.
En las elecciones presidenciales de 1868, los demócratas, que se oponían a la Reconstrucción, perdieron la elección y fue elegido presidente el candidato republicano, general Ulyssis S. Grant, comandante en jefe del ejército de los Estados Unidos y vencedor de la Guerra Civil. Gracias al voto negro, Grant ganó en todos los estados del Sur, menos en Georgia y Louisiana, donde la violencia de las organizaciones secretas terroristas había quebrado la organización del Partido Republicano. En 1876, el último gobierno estatal republicano del Sur, en Carolina del Sur, cuya población era mayoritariamente negra, volvió a manos demócratas, y los republicanos estaban terminados en el Sur, que se transformó en una región con un solo partido, el Demócrata.
Así las cosas, la idea de la supremacía de la raza blanca y su violencia habían ayudado a las clases dirigentes tradicionales del Sur a retomar el mando. El gran experimento social del Partido Republicano, la Reconstrucción del Sur, con su sueño de la emancipación del negro y de gobiernos basados en una coalición multirracial, desapareció por casi un siglo del panorama político del Sur. Ahora, el viento impiadoso de los huracanes mostró algunas llagas residuales de un pasado ominoso. Por otra parte, los dos grandes partidos cambiaron sus respectivas filosofías.


