
Eva Joly, la extranjera que aspira a destronar a Sarkozy
Noruega y de origen humilde, a los 20 años se fue a París con el sueño de ser actriz, pero su vida dio un vuelco. Con esfuerzo y tenacidad se convirtió en la jueza anticorrupción más respetada de Europa, y hoy se perfila como posible candidata verde al Eliseo Luisa Corradini Corresponsal en Francia
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PARIS
Si en 2012 presenta su candidatura a la presidencia de Francia, Eva Joly se transformará en el primer extranjero naturalizado que pretende ocupar las más altas funciones del Estado desde que se fundó la República en 1792. Pero lo más extraordinario es que cada vez son más los franceses que estarían dispuestos a votar por ella.
Esa hazaña, sin embargo, será apenas una etapa más en la larga lista de logros y acontecimientos excepcionales que jalonaron la vida de esta pequeña mujer de aspecto frágil, que nació en Noruega hace 66 años, llegó a París a los 18 para estudiar y terminó transformándose en la jueza anticorrupción más respetada de Europa.
Desde el año pasado, cuando Eva Joly fue elegida en Francia como diputada europea por el partido Europa-Ecología, su discurso sin pelos en la lengua y su permanente lucha en favor de la transparencia la han transformado en una de las grandes vedettes de la política, especialmente los jóvenes.
"Nicolas Sarkozy practica el racismo de Estado", denunció esta semana desde las páginas del popular semanario Paris-Match , refiriéndose a las posiciones calificadas por muchos de "xenófobas" que asume el actual presidente francés en su obsesión por conservar la simpatía de electores de extrema derecha. En un país donde el 64 por ciento de la opinión pública piensa que los políticos son corruptos, el coraje de Joly es la clave de su éxito.
A un año y medio de las presidenciales, Europa-Ecología es la tercera fuerza política de Francia, detrás del partido de derecha UMP y de los socialistas. En las elecciones regionales de marzo, el partido liderado por ella y por Daniel Cohn-Bendit -el célebre líder de la rebelión juvenil de mayo de 1968- obtuvo 12,5 por ciento de los votos, superando al Frente Nacional de ultraderecha, que obtuvo el 11 por ciento.
Tan dinámica es su popularidad que cada vez son más quienes la alientan para que presente su candidatura a la elecciones presidenciales. En el contexto actual, marcado por escándalos y sospechas de corrupción, su prestigio moral puede inducir a los electores a darle un voto de confianza para que pueda disputar una segunda vuelta contra Sarkozy o el candidato socialista.
Eva Joly no rechaza la idea: "Si todo un movimiento me solicita, lo haré", afirma.
Sin nada que perder
Sus bucles rojizos de escandinava, su cara cubierta de pecas -iluminada por una intensa mirada color azul acero- y la sonrisa diáfana de los que creen suelen ocultar una realidad más profunda: Eva Joly posee la intrepidez de aquellos que no tienen nada que perder. Son pocos en realidad los que saben que, como los gatos, la ex jueza tiene siete vidas y que, por el momento, sólo ha vivido seis.
La primera comenzó el 5 de diciembre de 1943 en un barrio pobre de Oslo, cuando nació con el nombre de Gro Eva Farseth, en el seno de una familia modesta y protestante que consideraba que leer era una pérdida de tiempo. A los 20 años, soñando con ser actriz, llegó a París con la intención de perfeccionar su francés. Para financiar sus estudios halló trabajo como baby-sitter en la casa de los Joly, una familia tradicional y burguesa de la capital, donde descubrió la cultura y las costumbres de la élite francesa.
"Esa experiencia fue una revelación de mi propia insuficiencia", reconoce. "Por entonces tenía una enorme admiración por los valores burgueses, no me avergüenza decirlo", prosigue.
Gro se enamoró de Pascal Joly, el hijo varón de sus empleadores. Estudiante de medicina, Pascal se casó con ella en julio de 1967, a pesar de la tenaz oposición de su familia. Juntos tuvieron dos hijos: Caroline (abogada) y Julien (arquitecto).
El desdén de su suegros fue su primer gran desafío: "Si quería ser aceptada por mi familia de adopción, debía superar mi atraso cultural", relata.
Tal vez aquella que pronto se llamaría Eva -"Un segundo nombre para una segunda vida", precisa- no fuera demasiado cultivada, pero tenía una cualidad: una fuerza de voluntad hereditaria. Su padre, sastre en una usina de uniformes, había fabricado con sus manos una heladera que la familia no podía pagarse con sus magros ingresos.
Durante años, Eva invirtió una energía sobrehumana -confiesa- para "tratar de llegarle a los tobillos [a la burguesía]". Estudiaba, practicaba francés ayudada por su marido y seguía simultáneamente las carreras de derecho y ciencias políticas (entre escritos y orales nació su primera hija). Fue secretaria y después consejera jurídica en un hospital psiquiátrico de las afueras de París, donde vivía con Pascal, ya recibido de médico.
"Un día caí sobre un cartel que decía: ´Sea juez de instrucción, una profesión dinámica´. Pero había 100 vacantes y éramos 11.000 candidatos...", recuerda. ¡Qué importa! Eva se lanzó y, a los 38 años, obtuvo el preciado sésamo para entrar en ese mundo que le había cerrado sus puertas. "Cuando llegué a la magistratura, fue como si por fin los hubiese alcanzado", relata en uno de sus libros.
En 1989, la pequeña magistrada entró por fin al Palacio de Justicia de París. Y un año después se incorporó al Polo Financiero, el prestigioso servicio que investiga los casos más graves de corrupción financiera.
En poco tiempo, "la jueza de hielo" -como la bautizaron sus enemigos- logró hacer temblar a la aristocracia de los negocios. "Mala", "loca", "paranoica", "agresiva", obsesionada con una "revancha social", son algunas de las acusaciones que lanzan hasta hoy los abogados de la defensa que la tuvieron enfrente. Todos coinciden, sin embargo, en que esa frágil mujer de apenas 50 kilos tiene "un olfato de sabueso".
En 1996 instruyó el escándalo ELF donde, por primera vez en la historia judicial francesa, uno de los empresarios más poderosos del país, Loïk Le Floch-Prigent, presidente entre 1989 y 1993 del gigantesco grupo petrolero, terminó en la cárcel por corrupción y estafa. Ese proceso, que permitió descubrir una malversación de 220 millones de dólares, inspiró a Chabrol para realizar el film Borrachera de poder .
Pero su popularidad alcanzó el apogeo con el episodio de las fragatas de Taiwán, un affaire de Estado que implicó a una parte del gobierno socialista de François Mitterrand. Ese escándalo, que se mantuvo en primera página de los diarios durante dos años, salpicó el prestigio del ex canciller Roland Dumas y lo obligó a renunciar a la presidencia del Consejo Constitucional, tercer puesto en la jerarquía institucional francesa.
Temple y reconocimientos
Con la paciencia de un monje tibetano y la ferocidad de un dogo, Joly fue disipando una a una las cortinas de humo inventadas por los culpables de ambos casos para ocultar rastros y no cejó hasta que los vio condenados a todos.
Poco después se retiró de la magistratura, agobiada por las campañas de difamación y las calumnias que debió soportar: las amenazas que recibió en esos años la obligaron a vivir con custodia permanente incluso dentro de su casa y las presiones que se abatieron sobre su familia terminaron por provocar el suicidio de su marido. En reconocimiento a todos sus esfuerzos, la ONG Transparencia Internacional le otorgó en 2001 el Premio a la Integridad, y en 2002 la Unión Europea la consagró Europea del Año.
También en 2001, decidió regresar a su país natal para ejercer funciones de consejera del gobierno en la lucha contra la corrupción financiera al frente de la Agencia de Desarrollo y Cooperación (Norad). Creó Network, una red informal de personalidades internacionales para atacar la corrupción y el blanqueo de dinero, y se incorporó al Global Financial Integrity (GFI), un grupo de reflexión estadounidense destinado a establecer reglas a favor de una mayor transparencia.
En 2009, fascinado por su integridad moral, Daniel Cohn-Bendit le propuso incorporarse a las listas de Europa-Ecología en las elecciones europeas de ese año. Eva llegó a la conclusión de que, después de tantos combates, estaba preparada para ese compromiso y aceptó.
Hoy, su objetivo principal es "convencer a los ciudadanos de que es necesario pasar del consumo desenfrenado a un mundo de valores duraderos".
La ex jueza es uno de los críticos más virulentos de Nicolas Sarkozy. Joly le reprocha en particular sus intentos de "despenalizar" la vida económica y arrimar peligrosamente la justicia al poder político. A su juicio, el reciente escándalo Bettencourt es "sintomático del mal funcionamiento institucional francés, que se agravó -afirma- durante la presidencia de Sarkozy".
En este país "donde el Parlamento (controlado por el partido de gobierno) no tiene ningún peso, Sarkozy ha emprendido la tarea de destruir todos y cada uno de los contrapoderes democráticos: los medios, los humoristas, los jueces...", denuncia.
Pero una vez más su empecinado optimismo se impone. La eurodiputada verde tiene la sensación de que la opinión pública se está despertando y la movilización popular se intensifica. "El foso entre la población y el poder se ha vuelto tan grande que la alternancia -asegura- está a la vista".
¿Acaso se imagina ella misma protagonista de ese cambio radical? ¿Por qué no? No será una campaña presidencial lo que vaya a asustar a quien contó durante años los pequeños ataúdes que le dejaban sus enemigos en el buzón de su casa. Después de todo, Eva Joly no agotó todavía las siete vidas que tiene por vivir.
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido: Eva Joly
Edad: 66 años
De Oslo a París: Gro Eva Farseth nació en Oslo, Noruega, en 1943, pero de muy joven se fue a vivir a Francia. Estudió derecho, con especialización en finanzas, e integró la Alta Corte de París, como jueza investigadora.
Salto a la política: Su extraordinaria actuación como jueza anticorrupción le ha valido un gran reconocimiento. En 2009 ganó una banca en el Parlamemento Europeo, por el partido Europa Ecología, y ahora su figura es impulsada desde ese espacio para la candidatura presidencial.




