Gente rara
“No podemos explicar cómo se mueven ni cuál es su trayectoria” (De Barak Obama, sobre los aliens)
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Barack Obama cree que los alienígenas existen, pero que no se sabe ni cómo se mueven ni cuál es su trayectoria.
Se nota que el hombre conoce bastante sobre la existencia de algunos especímenes inconcebibles de nuestra dirigencia política. De un día para el otro surge un candidato de la nada: hoy responde al líder A y, en un futuro no muy lejano militará para el caudillo Z, pasando por todas las letras del abecedario sin destino previsible ni Waze que lo guíe. De su pasado se sabe poco y nada; menos, de sus eventuales aptitudes para gobernar, legislar o aplicar la ley. Sin embargo, ahí está. Y, con la misma celeridad con que aparece, se esfuma dejando una estela de chanchullos. No lo alcanza la ley, no lo encuentran los jueces ni los ubican los radares. Si eso no es un Obsecuente Vernáculo Netamente Inmoral, o sea un OVNI en fuga permanente, ¿qué es?
La polvareda que levantó Obama con esas declaraciones lo llevaron a aclarar que “las distancias entre sistemas solares son tan grandes que las probabilidades de que hayamos sido visitados por extraterrestres son bajas” y que durante su presidencia no vio que los aliens hayan tomado contacto con los Estados Unidos. Claro. Es completamente cierto. No están allá. Los tenemos todos nosotros. Y varios se dejaron ver durante esta semana en el Congreso.
En verdad, la explicación de Obama pareció tender más a poner punto final a las teorías conspirativas que abundan en los Estados Unidos respecto de que los restos de un supuesto platillo volador fueron llevados al desierto de Nevada donde permanecerían ocultos en la llamada Área 51. Se trata de una instalación de pruebas ultrasecreta de la Fuerza Aérea norteamericana, cuyos misterios dicen que Trump se aprestaría a develar. Al menos es lo que sostiene Dan Farah, director y productor del documental The age of disclosure (La era de la divulgación). Aunque todo el mundo les adjudicó perversas intenciones promocionales a sus dichos de que existe inteligencia extraterrestre en nuestro planeta, no se descarta que sea cierto, que en alguna cuenta bancaria o paraíso fiscal de la tierra del Tío Sam estén nuestros fugaditos camuflados como marcianos.
Los tenemos tan incorporados que a veces no nos damos cuenta. No solo en la política, sino al alcance de la mano, o de la computadora o del celular. Un ejemplo sirve como botón, ojal y surfilado. Sírvase, querido lector, llamar a un call center por el trámite que sea. Tardan un siglo en atender (deben tener el OVNI atascado en el tránsito), nunca entienden las preguntas, responden lo que nadie les demanda, recitan protocolos inútiles como si fueran versos de Neruda y, cual kamikazes, se inmolan poniéndonos a disposición una encuesta sobre calidad del servicio Gente rara, ateflonada o de otro planeta.







