George Jonas: tras las huellas del terror
El autor de Venganza, la obra que narra cómo vengó Israel el asesinato de once atletas de su equipo olímpico en 1972 y que fue adaptada al cine por Steven Spielberg, defiende el ojo por ojo como forma de defensa de las democracias y cuestiona la perspectiva del film
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WASHINGTON.- A las 4.30 del 5 de septiembre de 1972, ocho terroristas palestinos, bajo la sombra de Yasser Arafat, tomaron como rehenes a 11 atletas israelíes que participaban en los Juegos Olímpicos de Munich. Todo saldría mal de allí en más: los rehenes, cinco terroristas y un policía morirían en menos de 24 horas.
Ocho años después, el periodista y escritor canadiense de origen húngaro George Jonas se reunió, a pedido de uno de sus editores, con "Juval Aviv". "Tiene una historia muy interesante para contar", recuerda Jonas que le dijo su editor. Así fue. El informante se presentó como el líder del comando del Mossad seleccionado por la primera ministra Golda Meir para rastrear a los terroristas que habían sobrevivido, a sus autores intelectuales y ejecutarlos.
Venganza. El relato verídico de una misión contraterrorista israelí es el libro que Jonas publicó en 1984, en base al relato de su informante -cuya verdadera identidad es un misterio- y todos los datos que él verificó en los tres años que siguieron a aquel primer encuentro. "La principal fuente de Venganza me llegó por mis editores. Investigué su información y luego destaqué en el libro lo que pude verificar, hasta qué punto y qué no pude confirmar", explica Jonas, quien resguarda con celo la identidad de su informante, incluso para decir siquiera si sigue vivo o viva.
Venganza relata la represalia israelí, que tampoco terminó bien: murieron 8 palestinos y tres de los agentes israelíes, envueltos en una complejísima cacería humana en capitales de Europa y Medio Oriente en la que ninguno sabía bien quién era el cazador y quién el cazado. La masacre de Munich y lo que siguió marcaron un hito moderno en el debate bíblico sobre el bien y el mal. En la discusión sobre la venganza en los tiempos modernos de asesinatos "quirúrgicos", como supuesto remedio contra el terrorismo. Y de los derechos y límites de una democracia para garantizar su supervivencia ante diversas amenazas.
"Las democracias tienen derecho a preservarse a sí mismas", dice Jonas.
Su posición es clara: la regla es el ojo por ojo y, de ser necesario, el ataque preventivo. Las democracias, afirma, "tienen no sólo el derecho, sino el deber de tomar todas las medidas que sean necesarias para prevalecer contra quienes quieran destruirlas".
Jonas aceptó mantener un diálogo con LA NACION mediante sucesivos correos electrónicos, pero jamás precisó dónde se encontraba ni ofreció un número telefónico. "Estoy de viaje, es más fácil así", explica. No dará tantas explicaciones cuando el secreto gire no tanto en torno a él sino a sus fuentes.
Steven Spielberg se basó en Venganza para su película "Munich", aunque se tomó ciertas licencias, hasta tal punto que "Juval Aviv" pasó a ser "Avner". Jonas soslaya eso, pero critica la visión que, según él, subyace en el film.
-Usted critica "Munich" porque considera que sus realizadores incluyeron distorsiones pro palestinas. ¿Podría explicarse?
-No son distorsiones a favor de los palestinos. Son distorsiones a favor de los terroristas. Lo que escribí fue que los hacedores de "Munich" estaban tan preocupados por no demonizar a los seres humanos que terminaron humanizando demonios.
-Eso es lo que subyace en Venganza, una distinción moral entre el terrorismo y las acciones o represalias militares. A veces la diferencia no parece tan clara. ¿Dónde fija la línea?
-En que los terroristas apuntan deliberadamente a no combatientes, como en sus atentados con bombas, el secuestro de micros, trenes, aviones o subterráneos. En que hacen estrellar aviones contra edificios de oficinas, o volar en pedazos fiestas de casamientos, tiendas en las que hay consumidores, patios de colegios con sus alumnos, y así. Trazar la línea no es muy difícil.
-A veces, sin embargo, las represalias pueden agravar la situación. Un ejemplo ocurrió en 2002, cuando fuerzas israelíes eliminaron a un líder de Hamas, Salah Shehada, responsable de atentados en Israel. En el operativo murieron también la hija de Shehada y otros ocho niños, lo que generó una nueva ola de violencia. ¿Hay límites, pues, para las represalias? ¿Qué costos son aceptables?
-Bueno, pregúntele eso a los terroristas que utilizan chicos, incluidos sus propios hijos, como escudos humanos. Son los terroristas quienes tienen o deberían tener el dilema moral, no los contraterroristas. Si los terroristas secuestraran un avión y amenazaran con estrellarlo en el centro de Buenos Aires, ¿sería un "costo aceptable" para la Fuerza Aérea Argentina derribarlo?
-Algunos críticos sostienen que su fuente central para Venganza, el líder del comando del Mossad, fue un invento, al igual que toda o parte de la historia. ¿Alguna vez revelará su nombre, como The Washington Post su "Garganta Profunda"?
-La principal fuente de Venganza me llegó por mis editores. Investigué su información y luego destaqué en el libro lo que pude verificar, hasta qué punto y qué no pude confirmar. Pero no hago comentarios sobre su identidad. De acuerdo con lo que dijeron los hacedores de "Munich" a los medios de comunicación en los Estados Unidos (a la revista Time) y en Alemania (a Der Spiegel), ellos completaron sus propias entrevistas con mi fuente.
-¿Pero revelará su nombre, por ejemplo, luego de su muerte?
-Sin comentarios. Su pregunta asume como cierto que mi fuente está viva o que yo sabría si él o ella muere. Yo no confirmo, ni niego, esas presunciones.
-En Venganza también relata los costos personales que debieron asumir los agentes del Mossad que participaron en el operativo. ¿Debe haber algún límite humano para quienes ejecutan estas órdenes?
-La gente puede luchar contra el terrorismo o rendirse ante él. Si la gente continúa resistiéndose, entonces las represalias selectivas seguirán siendo parte de esa resistencia.
-Sus comentarios exponen, otra vez, los dilemas morales que enfrenta una democracia liberal. El académico Daniel Byman lo plantea en un artículo de Foreign Affairs -"¿Sirven los asesinatos selectivos?": "¿Bajo qué reglas debe jugar una democracia? ¿Cuán lejos debería llegar para llevar la pelea al enemigo? ¿Y qué estándares debería usar para juzgar la propiedad y efectividad de sus acciones?"
-Una democracia liberal no es una agencia para cometer suicidios. Las democracias tienen derecho a preservarse a sí mismas. Tienen no sólo el derecho, sino el deber de tomar todas las medidas que sean necesarias para prevalecer contra quienes las destruirían. Las medidas dependerán de sus gobiernos electos, no de analistas extranjeros.
-¿Qué espera entonces de la relación entre Israel y Palestina? ¿Pueden encontrar una forma de vivir juntos que sea mutuamente beneficiosa o, al menos, respetuosa?
-Cuando el mundo árabe y el mundo musulmán acepten genuinamente la existencia de Israel, no como un ardid o una estratagema, como una ruse de guerre, sino como una realidad, entonces palestinos e israelíes serán capaces de vivir juntos y bien. Hasta entonces, no será así. No habrá paz, sino un montón de planes de paz y conferencias de paz.
-¿Cómo debería lidiar entonces Israel ante los países árabes que desean obtener o construir armas de destrucción masiva, como Irán? ¿Debe esperar hasta comprobar si funciona la presión multilateral? ¿O debería atacar, como lo hizo contra las instalaciones nucleares de Irak?
-Esperar, ciertamente, suena como un buen primer paso.

