Gesto ético y curiosa inquietud
Por Norberto H. García Rozada
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Ocurrió hace alrededor de quince días y no tuvo, tal vez, la trascendencia que hubiera merecido tener. Un legislador local, integrante del bloque de Nueva Dirigencia, Julio De Giovanni, decidió que no iba a participar en la campaña electoral para los comicios próximos porque discrepaba con la política de alianzas resuelta por los cuerpos orgánicos de su partido y cuyo resultado fue la fórmula Cavallo-Beliz.
Aún tiene vigencia una antigua frase que rezuma el escepticismo visceral de quienes tienen muchas suelas gastadas caminando asfaltos urbanos: "¡En este país nadie renuncia, ni siquiera jugando al tute!" De Giovanni, miembro activo del foro porteño, pudo haberse quedado cómodamente arrellenado en su banca. En cambio, anunció que mientras durase esa actividad proselitista él, por su parte, les daría preferencia "al estudio y elaboración de los proyectos de ley que la ciudad necesita para afianzar su legislación autónoma".
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Para sorpresa de muchos y conmoción de otros, De Giovanni agregó que una visión realista de esa situación le dictaba la obligación de pedir licencia sin goce de haberes por todo ese período, o sea por cincuenta días. Y remató esa determinación que contrasta sin remedio al instalarse, hasta diríase en forma abrupta, dentro de un universo constelado de ambiciones mayúsculas y actitudes éticas más bien minúsculas, cuando pidió, asimismo, que el importe de las dietas no percibidas fuese destinado a la biblioteca de la Legislatura.
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A fines de la semana última y en el mismo recinto, los representantes locales aprobaron el proyecto de la legisladora Raquel Kismer de Olmos -databa de un año y medio atrás- mediante el cual el anexo Villa del Parque, del maltrecho Racing Club, fue declarado de utilidad pública y sujeto a expropiación.
Esa decisión equivaldría, entonces, a que el gobierno local pagase por lo menos 2.850.000 pesos por esos inmuebles. Esto es, la base que les ha fijado la Justicia para rematarlas y utilizar el importe que se pueda obtener de esa subasta para resarcir a los acreedores de la veterana e injustamente vapuleada Academia.
Pérez - gallina de alma- lamenta, como tantos otros aficionados al fútbol, el quebranto racinguista, consecuencia de las recurrentes incapacidades administrativas padecidas por la entidad a la cual su club supo ganarle -hace casi un siglo, claro está- el ascenso a primera división. Pero, sin renunciar a ese sentimiento solidario, también se pregunta si hay tanta abundancia de dinero en las arcas de la ciudad como para que sea posible atender tales dispendiosas contribuciones sin descuidar otras cuestiones más apremiantes.
Curiosa inquietud y exagerada solidaridad. Poco más de un mes atrás el edificio del ex Banco Español fue demolido sin que la Legislatura se inquietase ni mucho ni poco por ese crimen patrimonial. ¿Que la sede anexa de Racing es un complejo deportivo de los que no abundan? Muchos clubes de barrio penan sin que nadie los ayude y gran parte de las plazas y los parques metropolitanos deben ser socorridos con el oxígeno de los padrinazgos porque de lo contrario estarían condenados a morirse de asfixia.


