Giles
"Argentinos, no seamos más giles, no dejemos que nos mientan y nos envenenen" (De la presidenta Cristina Kirchner)
Después de años y años sin poder comprender lo que nos pasaba a los argentinos, por fin se supo la verdad. Pasó mucho tiempo sin que nadie se animara a dar semejante paso hasta que alguien recibió el llamado del más allá y se sintió con la autoridad y la capacidad suficientes como para revelar la verdad sin anestesia, por más dolorosa que fuera: los argentinos somos unos giles.
Ahora sabemos que quienes salen todos los días de sus casas y toman, para ir a trabajar, trenes que funcionan mal, colectivos que llegan tarde, subtes colapsados y viejos, son millones de giles. Que también lo son los millones de argentinos que van al supermercado y, al pagar, creen que las encuestas del Indec ocultan la realidad. Que quienes viven con miedo por la inseguridad no son otra cosa más que giles conmovidos por una falsa sensación. Y que quienes creen que hay sindicalistas poderosos y millonarios que viven como reyes mientras los trabajadores a los que representan apenas llegan a mediados de mes con lo que ganan, no son más que un puñado de giles malpensados. Podríamos seguir con la lista, pero sería un ejercicio de autoflagelación. Una gilipollada.
¿Hasta cuándo nos iban a seguir envenenando y mintiendo, sin hablarnos de frente con la verdad en la mano? ¿Qué temores se esconden detrás de la revelación tardía? ¿Qué sabe la señora Presidenta, autora intelectual y material de habernos condenado a los habitantes de esta tierra a vivir de ahora en más con la ignominiosa carga de sabernos giles, para dar semejante paso? ¿A qué o a quién se anticipó? ¿Fue presionada? ¿A cambio de qué lo hizo? ¿Fue una maniobra electoral? Todas, preguntas que parecen no tener, al menos por ahora, respuesta alguna.
Quizás tengamos que esperar un tiempo para medir el impacto de la revelación presidencial. Un buen tiempo para poder desintoxicarnos y superar tantas mentiras. Tal vez un año.


