Reseña: La batalla por los puentes, de Antony Beevor

Historia de un desastre olvidado
Javier Navia
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30 de diciembre de 2018  

Una máxima militar –recuerda Antony Beevor en La batalla por los puentes– sostiene que ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo. Cuando esto se combina con la Ley de Murphy, el desastre es inevitable. Es lo que les ocurrió a los Aliados en 1944 cuando intentaron cruzar el Rin a la altura de la ciudad holandesa de Arnhem. El resultado fue el último triunfo táctico del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial y un fracaso de proporciones para los Aliados, que solo el triunfo, a pocos meses de distancia, hizo olvidar.

La inagotable bibliografía del conflicto conoce tres etapas. En la primera brilló el teórico militar Basil Liddell Hart. En los años sesenta se destacaron autores que recogieron anécdotas de combatientes de todo rango, lo que permitió a Cornelius Ryan – El día más largo, Un puente demasiado lejos– o a Larry Collins y Dominique Lapierre – ¿Arde París?– reconstruir batallas con la fluidez narrativa de una novela. Beevor pertenece a una generación de historiadores nacidos después de la contienda y que nutren sus investigaciones con archivos que vieron la luz en la última década.

Con una prosa libre de tecnicismos, pero dotada del juicio que le permite su formación militar, explora aquí los errores que condujeron a los generales aliados al desastre, desnudando la vanidad de sus comandantes, en especial de Montgomery, en una etapa de la guerra en que la rivalidad entre prima donnas –el mariscal inglés, Patton, Bradley– inquietó tanto a Eisenhower, el supremo comandante, como la capacidad de infligirle reveses que podía aún ostentar la Wehrmacht, demostrada casi por última vez en aquel puente de Arnhem.

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