
Imágenes conmovedoras
Muchos automovilistas se fastidian cuando, andando por esta calle o aquella avenida, se topan con un piquete que interrumpe el tránsito, genera unos embotellamientos infernales y obliga a hacer impensados rodeos para llegar a destino. Situación que puede ser dramática si el propósito del viaje era una consulta médica, un negocio de millones de dólares o una señorita pechugona de horarios restringidos y exactos. Sin embargo y aún cuando la causa del disgusto fuera esta última, esto es, la más grave, en ciertos casos, frente a determinados piquetes, como los que recientemente sitiaron Wal Mart, habría que ser más tolerante y compasivo. No es preciso que se los aplauda, pero acaso sí se merezcan una mirada de simpatía y hasta una mano alzada mostrando el pulgar erguido. Es que vaya a saber si no se está asistiendo al paso de los últimos kirchneristas sobre la faz de la Tierra.
Porque éstos son tiempos muy duros para el gobierno matrimonial. Con la opinión pública por el suelo, sumido en un mar turbio y acusador de efedrina y a punto de sucumbir bajo el peso de valijas chavistas cargadas de dólares; mal, muy mal de inflación, burlado por el cobismo y jaqueado por el duhaldismo y, para colmo de males, en plena crisis internacional, con Bolivia en llamas, con el riesgo país por las nubes y con la Presidenta inaugurando pequeñeces y confundiendo Punta Tombo con Trelew. (Algo insólito, porque aquel pueblo debería ser considerado como la capital natural del pingüinaje bravío). Hasta el punto que ya hay algunos tipos extremosos que descreen que al país le quede alguna solución en el orden terrenal y anden pensando en organizar una marcha a Luján, a pie desnudo.
En consecuencia, no debe extrañar que al hacerse visible la posibilidad de que el kirchnerismo, que apuntaba al siglo, pueda llegar a ser tan efímero como una estrella fugaz en el cielo de la Patria, experimente cambios notorios. Seguramente quienes hicieron de estos años su fiesta y su desquite, resistirán hasta que les den las fuerzas o hasta donde les indique ese buen burgués que es el sentido común. Especialmente si ya están hechos. Y los demás, los que se quedaron con el bay biscuit en la mano, a punto de sumergirlo en el chocolate humeante, es muy posible que opten por volver al barrio que los vio partir o que se sumen a otros que los estarán esperando con los brazos abiertos para empezar a pensar, otra vez, en cómo hacemos para salir de ésta. Por eso es que resulta tan conmovedor ver pasar a los piqueteros kirchneristas por las calles de la ciudad. Con sus carreras recién empezadas, con estipendios modestos y puestos precarios, pero desfilando con banderas y bombos con el entusiasmo siempre alto, el mismo de los mejores días, esos que difícilmente volverán.
El reo de la cortada de San Ignacio no se mostró convencido. "Mire maestro –dijo–, yo no le escatimaría un par de boletos a Lupín en 2011. Es que si se fija bien en los que hoy tallan en el mundo de la política y del sindicalismo, este es el país de los muertos vivos. Y además, fíjese: Evita es eterna, el Che vive y Gardel, que se incineró en un aeroplano hace 73 años, cada día canta mejor".




