
Industria y discapacidad: cuando la empatía y el trabajo son fuente de valor y dignidad
Somos una “asociación civil sin ánimo de pérdidas”. Original definición con la que Antonio presentaba a la Asociación Aspanias de la que es directivo. Se trata de una ONG fundada y conducida desde hace más de 60 años por padres y madres de personas con discapacidad intelectual. Como misión estatutaria se compromete a “Defender los derechos de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y de sus familias”.
Un grupo de participantes del “I Encuentro Europeo de Economía Colaborativa en Areas Industriales”, celebrado en Burgos en la segunda semana de diciembre, tuvo la oportunidad de visitar el polígono industrial Villalonquéjar, que con sus 800 hectáreas es el más grande de Castilla y León. Como integrante de ese grupo visité y recorrí la sede de Aspanias que se encuentra dentro del polígono.
A esta altura del relato el lector se preguntará: ¿qué hace una ONG que asiste y defiende los derechos de personas discapacitadas dentro de un polígono industrial?
Pasaré a dar respuesta al interrogante, pero debo aclarar que una cosa es contarlo y otra muy distinta es ver personas con discapacidad intelectual convertidos en trabajadores del sector industrial manufacturero. Sí, eso hacen unas 400 personas con discapacidad intelectual de distinto grado en Aspanias. Formando cuatro equipos separados son parte de la cadena de valor de distintas empresas industriales radicadas en el polígono Villalonquejar. Estas empresas tercerizan en Aspania la producción de distintas piezas. La organización de esta ONG -sin ánimo de pérdidas- se gestiona a conciencia como toda empresa, con prolijidad y profesionalismo en el manejo de sus recursos, fijando pautas de producción conforme requerimientos de los clientes y metas de facturación anuales. Los equipos son guiados por profesionales y son metódicos y disciplinados en su forma de trabajar. Ellos mismos se centran en la gestión empresarial rigurosa porque no pueden darse el lujo de perder dinero. Perder dinero es riesgo de desaparecer y que cientos de familias y personas con discapacidades queden a la deriva o solo dependiendo de la ayuda estatal. En Aspanias no solo son parte de la sociedad productiva, sino que encuentran valor y estímulos para a sus vidas.
Los 400 trabajadores con discapacidad intelectual -todos con salarios y, conforme a nuestra terminología, en blanco- integran los cuatro equipos, y solo el tutor de cada grupo no tiene aquella condición. Las actividades de Aspanias y su integración al ecosistema industrial de Burgos llevan a sus directivos a manifestar con orgullo que “en Burgos no hay una sola persona con discapacidad intelectual sin trabajo; solo no trabaja aquel que no desea hacerlo”. La filosofía integradora de esta ONG es plena y, claro está, brinda allí en sus instalaciones múltiples prestaciones a las personas con distintos grados de discapacidad con participación de cada familia que requiere ayuda.
Todo esto lleva a reflexionar también sobre cierto relato acerca de la muerte de la industria. ¿El campo y actividades agropecuarias murieron luego de las distintas revoluciones industriales? No. De hecho, quienes desde el gobierno expanden un sesgo antiindustria festejan multiplicar por un acuerdo con Trump la venta de carne. Es decir, ¿la industria languidece y la actividad primaria florece? La competitividad de la industria está en las estrategias de los países: Japón, Alemania, China y el propio EE.UU. ayer y hoy fueron determinantes. Llevan adelante políticas de Estado y fijan estrategias; y desde allí, la industria y la economía privada invierte siguiendo esas estrategias. Mantener tributos y cargas a la producción muy por arriba de sus competidores externos -lo hagan por derecha o izquierda- no es precisamente un incentivo a la inversión y trabajo productivo. No fue así como desde la revolución industrial los países se desarrollaron y sus industrias ganaron competitividad.
En el mundo desarrollado, se apoya y expanden las actividades primarias (campo) y la industria. Los servicios y desarrollos de las nuevas tecnologías se entienden no como cancelatorias de las anteriores sino como factores que contribuyen a la competitividad. Si hay tecnologías que cancelan actividades -siempre fue así- no valida o implica que es “la industria” la que se rinde o muere en batalla frente a esas tecnologías. Si desaparecen las máquinas de escribir o los teléfonos fijos por avances tecnológicos, la industria participa de esos avances reconvirtiendo sus procesos y productos. No hay un mundo de la “no industria”. Existe un mundo de la dinámica industrial que se adapta y cambia conforme los nuevos desarrollos tecnológicos, en la medida que las condiciones internas lo permitan y no deban cargar con mochilas tributarias que le rompan la columna vertebral. El famoso: equilibrar la cancha como plataforma para competir con la producción exterior.
La industria es empleo y salario. Lo fue desde hace siglos y lo seguirá siendo. La industria es impacto social que contiene y sostiene desde siempre familias, barrios, ciudades. La articulación con el empleo y el territorio aseguró en todo el mundo desarrollado y en nuestro país hasta 1976 tener paz social y progreso.
En Burgos uno se encontrará con la ciudad del Cid Campeador y la histórica catedral de Santa María. Pero los nacidos allí no se quedaron en su orgullo cultural que la historia les legó. Burgos se define a sí misma como “ciudad industrial”, y esto ha contribuido a asegurar la vitalidad de su tejido comunitario con trabajo, buenos salarios, y como vemos con la generación de un gran impacto social. La sociedad y la propia industria han creado comunidades mediante la colaboración como estrategia. Todos son parte en la articulación de una idea de progreso y bienestar: Ayuntamiento, sociedad civil, industria, universidades. Cuanto que aprender diría Carlos Pagni.
Industria y discapacidad en Aspanias revelan una impensada -para nosotros- sinergia que no solo genera valor sino trabajo y dignidad. ¿No es esta una batalla cultural digna de contarnos como soldados? ¿Tantas leyes y decretos que quieren transformar la Argentina, y ninguno piensa cómo con un plumazo podríamos crear marcos y estímulos que faciliten la articulación público-privada, para matar dos pájaros de un tiro? Generar empleo y atender una problemática que a toda la sociedad nos mantiene en vilo por la indolencia y corrupción que vimos con el tema discapacidad.
Las personas con discapacidad intelectual pueden ser parte eficiente de la cadena de valor de empresas industriales, con disciplina y sin fallas en los productos o piezas que son resultado de su trabajo. Esta historia de la vida real -de la que podríamos aprender- es un fiel testimonio de que es posible.
Abogado, Mg. en Economía Circular. Universidad de Burgos; profesor de Economía Política, F. de Ciencias Jurídicas y Soc. UNLP.






