
Ingeniería inversa y educación
Por Antonio M. Battro
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Hay dos maneras de hacer ingeniería, en una - la habitual - se diseña una máquina para hacer algo, en otra se parte de una máquina ya construida para descubrir cómo ha sido diseñada para hacer lo que hace. Esta última se llama ingeniería inversa y sus aplicaciones han tomado un auge notable, no sólo en la industria sino en las ciencias. Veamos algunos ejemplos. Una cámara fotográfica transforma un objeto de tres dimensiones en una imagen plana, en cambio la "óptica inversa" hace lo contrario, pasa de la imagen bidimensional al volumen, tema muy arduo para la robótica actual y las retinas artificiales pero que el cerebro ha resuelto hace ya millones de años. El proyecto Genoma Humano es otro ejemplo formidable de ingeniería (molecular) inversa. Lo mismo sucede hoy en la psicología, como bien lo plantea
Steven Pinker
en su libro Cómo funciona la mente. (How the mind works, N. York, Norton, 1997). En cierto sentido la psicología moderna aplica la ingeniería inversa a los procesos que componen la mente humana, que, como los biológicos, son el producto de una prolongada evolución. Este método es la base de la llamada "psicología evolucionista".
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Ahora se abre la oportunidad de ensayar una ingeniería inversa también en la educación. En efecto, el mundo contemporáneo ofrece una multiplicidad de "diseños educacionales", fruto de la historia y la cultura de los diferentes pueblos del planeta. Muchos de ellos están en vías de extinción y corremos el peligro de perder la riqueza de esta fecunda diversidad. Tal vez sea el momento de analizar cuáles han sido las soluciones exitosas de estos sistemas educativos, tanto formales como informales. En tal caso haríamos muy bien en recuperar estas soluciones para rediseñar algunas especificaciones actuales y alejarnos de un diseño único para la educación. Sabemos, por ejemplo, que no hay sistema pedagógico comparable al "aprendizaje natural" de la lengua materna. Es el diseño educativo más exitoso que existe y podemos aprender mucho de él a partir de cualquier cultura. Por otra parte, las estadísticas señalan que los alumnos de las escuelas primarias y secundarias de los Estados Unidos no logran alcanzar un rendimiento en matemáticas comparable al de sus pares en Alemania o Singapur. Seguramente las diferencias no están en el diseño del cerebro, que es universal, ni en los recursos disponibles, que son semejantes. En nuestra región hay muchas iniciativas pedagógicas han resultado exitosas a pesar de las crónicas limitaciones estructurales. Una ingeniería inversa nos ayudaría a "desmontar" esos sistemas para ver cómo funcionan y por qué algunos funcionan mejor que otros.
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