
Invap medio siglo de alta tecnología argentina
El difundido reclamo por implementar políticas de Estado debería incluir la celebración de aquellas excepciones que confirman la regla

El difundido reclamo por implementar políticas de Estado debería incluir la celebración de aquellas excepciones que confirman la regla, especialmente cuando cumplen medio siglo y aluden a cuestiones trascendentes, como la producción de tecnologías avanzadas que definen el perfil de una nación.
Hace 50 años, el desarrollo nuclear argentino había alcanzado tal progreso que hacía indispensable lanzarse a su exportación. Sin embargo, la institución madre de aquel potencial, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), no poseía la estructura para ello, por lo que su presidente, el vicealmirante Carlos Castro Madero, junto a Franco Conrado Varotto, ambos doctores en Física del Instituto Balseiro, concibieron un organismo con la personalidad jurídica empresarial capaz de producir y exportar, conjugando Estado y mercado.
Fruto de un acuerdo entre la CNEA y la provincia de Río Negro, se creó en 1976 con sede en Bariloche la empresa Invap (Investigaciones Aplicadas), que, bajo la genial conducción de Varotto –prócer viviente de la tecnología argentina–, ha venido creando autónomamente dos métodos para el enriquecimiento de uranio (difusión gaseosa y láser), reactores experimentales y de producción de radioisótopos aquí y en el exterior (Perú, Argelia, Egipto, Australia y en curso en Brasil, Arabia Saudita, Países Bajos y Uganda), satélites, radares, equipos para defensa y seguridad, medio ambiente, telecomunicaciones y medicina nuclear, entre otras numerosas especialidades con vasto spin-off y derrame sobre el sector privado, convirtiéndose en la empresa tecnológica más avanzada de Hispanoamérica, con alto prestigio internacional como proveedor confiable.
Invap se convirtió en un socio insustituible de la política externa argentina
Además de esa descollante capacidad técnica y empresarial, Invap se convirtió en un socio insustituible de la política externa argentina, contribuyendo de forma esencial al desafío que planteó la recuperación democrática, en el sentido de conjugar aquellos notables avances tecnológicos “sensibles” o duales previos a 1983 con el mandato de transparentar la actividad tanto para la opinión pública interna como externa, fortaleciendo el rol de la Argentina como productor y exportador responsable de tecnología nuclear y, a la vez, como líder en la promoción de la paz, conforme a su mejor tradición, mediante un control civil y democrático interno y un revigorizado compromiso con la paz, el desarme y la seguridad regional (con Brasil) y mundial (con EE.UU.), epitomizado en la histórica invitación del presidente Alfonsín al presidente Sarney del Brasil a visitar juntos la Planta de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu, desarrollada por Invap en las afueras de Bariloche (1987).
A partir de la recuperación democrática, Invap colaboró estrechamente con esa política externa, entre otros modos, formando a varias generaciones de diplomáticos especializados en la materia (como me cupo en la primera promoción de jóvenes diplomáticos bajo la tutela del doctor Varotto, entre 1985 y 1988), convirtiéndose en un ejemplo de articulación eficiente entre agencias estatales, condición sine qua non de una política de Estado.
A 50 años de su creación, Invap, su extraordinaria historia, sus numerosos logros técnicos y comerciales, su compromiso con la política exterior y su altamente calificado personal constituyen el orgulloso testimonio de un modelo emblemático para conjugar virtuosamente Estado y mercado en la consecución de los intereses técnicos, políticos y económicos de nuestro país.

