
Justo reconocimiento a un cardiólogo de niños
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Es sabido que existen profesionales dotados de capacidades y habilidades de alto nivel; también sabemos de personas que por su conciencia y sensibilidad éticas son dignas de reconocimiento. Hay, por fin, especialistas de la medicina que, movidos por su vocación, se dedican a la atención de menores, a quienes prodigan su conocimiento y su atención. Cuando esto ocurre, cuando los méritos señalados se aprecian en un médico que conduce positivamente un equipo que encara complejas cirugías y cuyos pacientes son de edades tempranas que oscilan entre los tres meses y los años iniciales de la adolescencia, es justo el testimonio de un homenaje. Se trata de alguien que ha logrado realizar nada menos que 50 trasplantes de corazón en el hospital Garrahan.
El profesional a quien nos referimos es el doctor Horacio Vogelfang, médico cirujano graduado en la UBA, a quien la Legislatura porteña nombró Personalidad Destacada de la Ciudad. Vogelfang se perfeccionó en hospitales infantiles de Boston, Toronto, Londres, Amsterdam y París. Ingresó luego en el Garrahan, cuando se creó el servicio de "trasplante cardíaco". Allí se constituyó el equipo que acompaña al médico y que está conformado por los siguientes profesionales: Gerardo Naiman, Luis Quiroga, Gustavo Sívori, Gustavo Burlli, Ignacio Berra, Alejandro Villa y Walter Medici.
Según ha explicado el médico ahora agasajado, "en un trasplante se ponen en juego muchas cosas": por una parte, la responsabilidad que concierne a todo médico y "la destreza o desarrollo artesanal de lo quirúrgico". A ello se suma una sociedad "que entiende que el acto solidario de donación puede salvar una vida". Añade el médico premiado: "Soy apenas el intermediario de un hecho magnífico de ayuda y participación humana".
Es oportuno agregar que el servicio organizado en el Garrahan a principios de este siglo ha sido el que introdujo una tecnología de última generación, cuya misión ha sido mantener con vida al paciente mientras llega el corazón apto para el trasplante.
También hizo notar el doctor Vogelfang las dificultades de conseguir corazones que se adecuen a pacientes pequeños en edad y peso. Por otra parte, para que se pueda efectuar la donación del corazón es necesario que el donante haya experimentado la muerte cerebral, pero que el resto del organismo siga funcionando todavía un número de horas en buen estado. El proceso de traslado del órgano cardíaco es también complejo, a menudo debe cumplirse en avión y el recorrido final hasta la meta hospitalaria suele requerir la colaboración policial para facilitar el desplazamiento de la ambulancia.
Merece celebrarse la decisión adoptada por la Legislatura porteña al galardonar a un profesional valioso que, a sus virtudes humanas y profesionales, sabe unir un espíritu de sincero reconocimiento por los colegas de su equipo con quienes comparte trabajos, estudios y méritos.





