La Argentina, un país donde nadie se va
SOLO algunas lealtades quedan entre los fragmentos de lo que fue una dirigencia política. Aun así, esas constancias sirven nada más que para perpetuar lo inservible. Julio Miranda, gobernador de Tucumán, y Mario Das Neves, administrador de la Aduana, deberían haber abandonado ya las funciones que no supieron cumplir. Eduardo Duhalde se negó a empujarlos al desierto que se merecen.
El Presidente es una expresión genuina de esa cepa política que privilegia la componenda sobre el mérito. Sin embargo, si alguna renuncia merodeó por su cabeza en las últimas horas fue la suya. Que hagan lo que quieran, explotó cuando le descifraron los obstáculos que tiene -y tendrá- en la Cámara de Diputados para sancionar las leyes que harían posible un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Alguien lo oyó ronronear con la posibilidad de una renuncia inmediata si la indisciplinada política le impidiera acordar con el organismo multilateral. El FMI ya no es lo que era: ha reemplazado cualquier esfuerzo de comprensión por la intolerancia y el dogmatismo. Anne Krueger ocupa el cargo que históricamente se reserva el gobierno de Washington: la poderosa subdirección del organismo.
Pero Krueger acaba de establecer una nueva doctrina: ella es, repite, una ciudadana norteamericana con funciones en un organismo multilateral y no una empleada de la Casa Blanca. Para peor, Krueger es como es: Estaremos fritos si maneja el Fondo como manejaba la cátedra, ha dicho un antiguo alumno argentino de ella.
Hay que poner el empeño que ella no pone para buscar la objetividad. Y, en verdad, los zapatos de Krueger no son cómodos. Debe firmar un acuerdo con un país célebre por sus infracciones, con un gobierno débil y transitorio, rodeado de legisladores con ideas de nigromantes y de jueces que deciden la política con más decisión que los políticos, mezclados con algunos candidatos presidenciales que sólo auguran que el futuro será peor.
Con todo, la pregunta que la jerarquía del Fondo no ha contestado aún refiere a si se dispone a ser parte del problema o parte de la solución. El aislacionismo al que podría condenar al país no haría más que consolidar el discurso demagógico o nacionalista de los políticos locales.
Roberto Lavagna jugó una carta fuerte el viernes cuando levantó el corralito, aunque esta vez se lo anticipó al Fondo antes de que éste se enterara por las noticias de los diarios. Pero hizo otra cosa menos pública: en la tarde de ese día le envió al Fondo y al G7 una carta con un detalle pormenorizado de las promesas que la Argentina ya cumplió y con las que cumplirá. Su ilusión: que el FMI termine enviando en los próximos días una misión negociadora, la última etapa previa al acuerdo. Si el lunes 2 de diciembre, cuando el corralito haya entrado en la historia de las extrañezas argentinas, estuviera en Buenos Aires esa misión, la normalización parcial del sistema financiero no significaría un riesgo para el mercado cambiario.
El papel de los Estados Unidos sigue en discusión. Expresiones europeas han dicho que el gobierno de Washington habla de su apoyo a la Argentina, pero que no lo ejecuta. El equipo económico advierte, en cambio, un sólido compromiso del Departamento de Estado y del Tesoro norteamericanos. Ser la nueva Roma es muy difícil. El mundo tiene múltiples conflictos todos los días y, encima, las distintas agencias de Washington no siempre están de acuerdo, resume un funcionario de Lavagna.
No obstante, tanto la reunión del directorio del Fondo, el miércoles último, como las declaraciones del gobierno de Bush han sido más positivas sobre el acuerdo con la Argentina tras el pacto firmado por los gobernadores. Sólo los dos jefes del organismo, Horst Köhler y Krueger, condicionaron su alegría al cumplimiento del compromiso. No carecen de razones: El acuerdo depende, en última instancia, de lo que hagamos los políticos argentinos, explica el propio Duhalde.
El problema político se encierra en la Cámara de Diputados. El Senado constituye, todavía, un desorden previsible. Los presidentes de los dos bloques más numerosos de diputados, el peronista Humberto Roggero y el radical Horacio Pernasetti, deberían renunciar. Roggero dejó ir a 40 diputados menemistas y no controla a todo el resto. Pernasetti anda buscando ayuda para abroquelar a 68 diputados que opinan y votan a sus aires, sin respeto por ningún liderazgo.
Un funcionario del Gobierno se reunió con algunos diputados radicales para clamarle por la aprobación de las medidas que acelerarían el acuerdo con el Fondo. Uno le pidió algunas ventajas para los productores arroceros de su provincia, otro reclamó protección impositiva para industriales de su distrito y un tercero intento intercambiarle su voto por ciertos puestos en la administración. ¿Puedo hacer algo por el almacenero de tu esquina?, ironizó el funcionario ante el cuarto radical.
¿Qué hace Mario Das Neves al frente de la Aduana argentina? Das Neves es un político patagónico que recaló en esas oficinas durante la presidencia de pesadilla de Adolfo Rodríguez Saá y se quedó ahí por la rutina de las cosas. Su denuncia sobre la mala calidad de la ayuda enviada por ONG norteamericanas no fue creída por ningún funcionario del gobierno; muchos de ellos conocen a las personas que mandaron esas contribuciones y dan fe de su altruismo y de su seriedad.
El Presidente, el ministro de Economía y el canciller le suplican a Washington que haga más esfuerzos por la Argentina en el Fondo. Paralelamente, el jefe de la Aduana se despachó, en un acto premeditado de patética demagogia, contra Estados Unidos y contra el influyente Washington Post. El embajador norteamericano, James Walsh, le anticipó al gobierno argentino que podrían vivirse las vísperas de un serio conflicto diplomático.
Cuatro hombres de su más cercano entorno le pidieron a Duhalde que lo tumbe a Das Neves cuanto antes. El Presidente esquivó la decisión porque prefiere no sumar enemigos cuando está en pleno combate contra Carlos Menem.
La desnutrición es un proceso y no un resfrío instantáneo. Muchos de los políticos que aún sobreviven -y algunos que quieren volver- tienen en su conciencia el rostro devastado de los niños desesperados de hambre.
Miranda usó los tres primeros giros de recursos para alimentos, a principios de este año, para pagar otras cosas. Por esos días, el gobernador habría entregado sobornos a los legisladores más caros del país para asegurar una reelección prohibida, que se investiga en la justicia. Miranda ha estado ausente de Tucumán uno de cada tres días de su gobierno, mientras su provincia rebota entre el caos y el escándalo, más cerca de la anarquía que de cualquier otro sistema político. Varios funcionarios le han pedido a Duhalde la intervención de Tucumán. El Presidente prefiere conservar a un aliado que le firma todos los acuerdos (aunque no los cumple) y que nunca se fugó con Menem.
El arte presidencial es limitado. Pudo arrinconarlo a Menem, pero necesita contar con alguien dispuesto a desafiarlo electoralmente. La candidatura de José Manuel de la Sota se apaga y Néstor Kirchner sigue entusiasmado con el balcón y el escenario que ya nadie ve. Felipe Solá y Ramón Puerta han empezado a conversar, porque sus nombres son los únicos que provocan entusiasmo en los sectores más decisivos de la sociedad.
La otra parte de la sociedad está, en gran medida, vacante y lejana, impenetrable.



