La culpa la tiene El Otro
- La culpa de todo la tiene el ministro de Economía -dijo uno.
-¡No señor! -dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.
-¡Falso! -dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.
-¡Mentiras! -dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo-. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.
-¡Calumnias! -dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos, que no tienen moral.
-¡Se equivoca! -dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.
-¡No es cierto! -dijo un empleado público mientras con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.
La discusión siguió durante horas, hasta que alguien dijo: "¡Paren la mano! Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro. ¡El Otro siempre tiene la culpa!"
-¡Eso, eso! -exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.
El recordado monólogo del inolvidable Tato Bores cobra vigencia en momentos en que desde el Gobierno se impulsa un debate sobre la "tinellización" de la política y se sugiere que las satirizaciones del presidente De la Rúa en los medios de comunicación desprestigian al país.
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Para los voceros del Gobierno parecería que la culpa de todo también la tiene El Otro. Si el riesgo país sube, si la economía no levanta vuelo, si el desempleo y la inseguridad no cesan, todo indicaría, a su juicio, que la culpa la tienen los humoristas que ridiculizan a De la Rúa.
Claro que el humor es cosa seria. Basta con recordar que, en la década del 40, el actor cómico Marcos Caplán, en el teatro Maipo, encarnó al Crispín de "Los intereses creados", de Jacinto Benavente, con el rostro maquillado imitando la cara de Perón. De inmediato fue prohibido.
Hoy no hay censura. Y pocos dirigentes del oficialismo alcanzan a entender la estrategia de quienes instalaron el tema de la "tinellización".
"Justo en momentos que anunciamos que se devuelve la plata de los impuestazos a las ganancias y que baja el peaje se les ocurre plantear este debate", se lamentó el diputado radical Marcelo Stubrin. Claro que para los opositores al Gobierno el razonamiento puede ser el inverso: que lo de la "tinellización" sea una cortina de humo para tapar las fallas de la gestión delarruista.
Quien tomó las cosas con más humor fue el senador radical José María García Arecha: "Después de todo -precisó-, la sátira de "Gran Cuñado" en lo de Tinelli jerarquiza al Presidente. Porque si su imitador fuera nominado y tuviera que dejar el programa, el rating se les va al piso".



