
La curiosa obsesión por las PASO: un debate que revela la desconfianza entre los actores políticos y las chances electorales de Milei
¿Son tan importantes las primarias obligatorias? ¿Qué puede ocurrir con la oferta para presidente en 2027 si se eliminan? ¿Por qué es tan difícil que los políticos acuerden reglas de juego democráticas para dirimir las candidaturas?

“Es imposible que nos pongamos de acuerdo en un mecanismo alternativo”, afirma un senador peronista norteño, veterano de mil batallas, refiriéndose a las PASO. “Nos han ofrecido varias opciones, algunas tecnológicamente muy innovadoras […] pero no hay manera”. Este concepto es compartido por el Gobierno, que intenta obstaculizar a las fuerzas de oposición y evitar que destilen una candidatura competitiva en las elecciones presidenciales de 2027. En la Casa Rosada aseguran que Diego Santilli, el pragmático y todoterreno jefe de Gabinete de Ministros (y principal candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el oficialismo), ya habría conseguido los apoyos en el Senado, la cámara de origen de esta iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo. Sin embargo, varios integrantes de dicho cuerpo no están tan convencidos. “Una cosa es arreglar con los gobernadores, otra suponer que los senadores van a votar disciplinadamente”, afirma un exsenador que ahora es diputado.
Es que algunos caudillos provinciales sin reelección pierden su capacidad de persuasión, pues la política siempre calcula el valor presente neto de los líderes con un horizonte temporal relativamente breve: los próximos comicios. “Me doy cuenta de mi poder real en función del trato o destrato cuando voy a comer afuera: si me interrumpen para pedirme fotos o me hacen un gran descuento cuando llega la cuenta, las cosas van bien”, afirma sonriente un conocido excandidato que, obstinado e hiperquinético, aún alimenta sus ilusiones. ¿Son tan importantes las PASO? ¿Qué puede ocurrir con la oferta política para presidente el año próximo si se eliminan o se vuelven a suspender? ¿Por qué es tan difícil que los políticos acuerden reglas del juego democráticas para dirimir las candidaturas?
Nuestro tradicional ombliguismo y la falta de memoria histórica pueden jugarnos la mala pasada de suponer que se trata de un mecanismo arraigado en nuestras prácticas políticas y comúnmente utilizado en el mundo. No es así: fue impulsado en el país en 2009 y estrenado en 2011. Solo fue usado en cuatro elecciones presidenciales. Diseñadas a comienzos de siglo en Uruguay y adoptadas luego por la provincia de Santa Fe en el contexto de la reforma política impulsada por el ingeniero Jorge Obeid (y gracias a la afinidad entre Hermes Binner y Tabaré Vázquez, ambos médicos ya fallecidos), varios países de la región tienen elecciones primarias simultáneas, pero solo en ambos márgenes del Río de la Plata son obligatorias. El nuestro es el sistema más rígido: las fórmulas a presidente deben estar definidas ex ante, evitando acuerdos entre candidatos participantes, como ocurre en la Banda Oriental (los politólogos Daniel Buquet y Ariadna Gallo son autores de un muy interesante análisis comparativo de las PASO en ambos países). Es decir, son relativamente novedosas y se aplican en muy pocos lugares. La mayoría de los países democráticos seleccionan candidatos por consenso, a través de congresos partidarios o en elecciones internas. En la Argentina son muy recordadas las del peronismo en 1988 entre Carlos Menem y Antonio Cafiero, y las de la Alianza en 1999, entre Fernando de la Rúa y Graciela Fernández Meijide. ¿Por qué, entonces, se genera tanta expectativa con las PASO?

La respuesta es tan sencilla como preocupante: los principales actores políticos desconfían unos de otros. Esta dificultad para construir vínculos de cooperación no es nueva. Ya en Los que mandan, publicado a comienzos de los años 60, José Luis de Imaz analizaba las características de las élites argentinas. Una posible explicación es que la sociedad creció y se democratizó con gran rapidez, sin que sus dirigentes desarrollaran al mismo ritmo espacios de encuentro e interacción. Las diferencias de ideas, valores y formas de hacer política, sumadas a esa falta de vínculos, dificultaron la construcción de acuerdos duraderos. Así, se explican los recelos, las sospechas y los prejuicios entre las partes.
Esto se manifiesta en múltiples dimensiones, sobre todo (pensando en los mecanismos de consagración de candidaturas en las provincias) en la proliferación de casos en los que tuvo o tiene vigencia la “ley de lemas” o “de doble voto simultáneo”, que en la práctica consiste en que el electorado resuelve las disputas internas de los partidos optando entre diferentes candidatos de una misma fuerza. Gana los comicios el candidato del lema (o partido) más votado. A menudo esto implicaba que el candidato más votado perdía frente a otro cuyo partido había obtenido más sufragios gracias a la presentación de varias listas. Mecanismos bastante similares, como las “colectoras” o “listas espejo”, fragmentan la oferta electoral, tienden a confundir al elector y suelen favorecer al partido del gobernador. En síntesis, se trata de esquemas que son resultado de la ausencia de umbrales mínimos de confianza entre los integrantes de una misma fuerza política para resolver candidaturas mediante una elección interna administrada de manera autónoma. Un gran conocedor de esos intersticios y agachadas de la política criolla, que había llegado al poder en su provincia y sostenido una influencia casi omnímoda gracias a la manipulación de las instituciones fue, no casual sino causalmente, el impulsor de las PASO: Néstor Kirchner.
El Gobierno sostiene, con una sorprendente falta de autoestima, que quitar las PASO del camino constituye una gran señal para el mercado: se evita el impacto negativo que tuvieron en 2019, con una caída histórica en el valor de los títulos públicos que aún produce escozor en muchos fondos de inversión. Esto contrasta con la narrativa generalmente optimista del oficialismo. ¿Por qué pensar el argumento contrario? Un eventual triunfo en las primarias señalizaría al mercado que la continuidad de Milei tendría altísimas probabilidades y la esperable valorización de los activos implicaría un espaldarazo fundamental en las últimas seis semanas antes de los comicios, con la consecuente ganancia en términos de bancas. Por otra parte, si la situación económica no mejora y esto impacta en la intención de voto del oficialismo… ¿No le convendría a Milei convocar a otras fuerzas con las que puede lograr acuerdos programáticos a una PASO amplia y plural, comenzando por muchos de los que firmaron el Pacto de Mayo a mediados de 2024? Puede argumentarse que obtendría un volumen de votos cercano o por arriba del umbral del 40%. Con una buena campaña, podría acariciar el 45% y asegurar el triunfo en primera vuelta. Conclusión: lejos de ser un problema para las pretensiones de LLA, las PASO serían una oportunidad para fortalecerlas.
“Peronismo es ganar”, enseñaba Chango Díaz
¿Qué garantía hay de que el peronismo no sea capaz de coordinar una candidatura competitiva, aunque las PASO sean suspendidas o incluso removidas? Una fuerza históricamente pragmática, que ha demostrado una notable resiliencia y una marcada habilidad para adaptarse a los vientos ideológicos más diversos… ¿Se resignará a dejar pasar otros cuatro años lejos del poder central? “Peronismo es ganar”, enseñaba el legendario Chango Díaz, fallecido exministro de Trabajo de Carlos Menem. Con un piso de casi un tercio de los sufragios en malas elecciones y con el antecedente del casi 38% obtenidos por Sergio Massa en 2023, un peronismo que apunte a cautivar a los sectores políticos y sociales decepcionados con la experiencia libertaria podría aspirar al menos a un balotaje. “Imagino una campaña corta, intensa y con sorpresas”, dice uno de los precandidatos. ¿Se referirá a un acuerdo político entre los referentes más importantes? Los escenarios políticos están influidos por las reglas formales, pero hay momentos en que las preferencias subyacentes de los votantes, si encuentran una expresión política adecuada (como ocurrió con el propio Milei en 2023) tienen un peso determinante en el desarrollo político y en la oferta electoral.

