
La Fundación Madres, institución singular
Arturo PrinsPara LA NACION
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Hacia 1950 se creó por ley la Fundación Eva Perón, que venía funcionando de la mano de la esposa del presidente Juan Domingo Perón. Según el historiador Luis Alberto Romero, era "una institución singular, de clasificación imposible". Sus recursos, mayormente oficiales, según su estatuto los administraba Eva Perón sin obligación de rendir cuentas. En 1951 su presupuesto era de 800 millones de pesos, el doble de lo que el gobierno destinaba a salud y asistencia social. De manera ambigua, decía "desenvolver su acción en forma independiente del Estado" y que su misión era "de orden público e interés nacional". El secreto de su contabilidad era celosamente guardado y el desorden administrativo se quiso corregir tras la muerte de su presidenta.
En 2006 se creó la Fundación Madres de Plaza de Mayo con un objeto similar (en la reciente querella ante el juez Oyarbide se presentó como Fundación Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo). El Gobierno decidió otorgarle 1265 millones de pesos para construir viviendas para los pobres. Su desorden administrativo, ¿se corregirá en vida de su presidenta, Hebe de Bonafini? Y otro interrogante, más de fondo: la Fundación Madres, ¿es en rigor una fundación?
Ambas fundaciones –mellizas en objeto, fondos públicos y desorden– reconocen una paternidad: un gobierno peronista. Con una diferencia. En 1950 casi no había normas ni controles para las fundaciones y las registradas no llegaban a diez. Para 2006, en cambio, la Inspección General de Justicia ya las había definido (1967) como instituciones creadas con el aporte de un fundador, para el bien común y sin fines de lucro. El Código Civil reformado (1968) las reconoce como personas jurídicas de carácter privado y establece que deben poseer patrimonio propio y no subsistir exclusivamente del Estado, que autoriza su funcionamiento y las controla. En 1972, por su notable aumento, se promulgó la ley 19.836 de fundaciones.
Que el Gobierno destine fondos multimillonarios para construir viviendas a una fundación que administran señoras sin idoneidad es un contrasentido. Un alto funcionario, para eximir a Bonafini de responsabilidades, la definía como una persona inhábil, "una abuelita de 82 años sin capacidad física ni intelectual". Ella, preocupada y desorientada, fue a la Casa Rosada a pedir protección. El Gobierno le ratificó su apoyo económico y le brindó asistencia ante la Justicia, que investiga al ex apoderado de la fundación, Sergio Schoklender , y a 16 colaboradores, por supuestas estafas, lavado de dinero y presunta asociación ilícita.
Recuerdo fundaciones que perdieron juicios laborales por incumplir algún requisito legal. Afrontaron las consecuencias sin llegar a la Casa Rosada. Y los jueces no repararon en si habían sido sorprendidas en su buena fe por las irregularidades cometidas, menores a las que hoy se investigan.
El jurista Rafael Bielsa decía que los controles tienen un valor moral. En este caso, ¿qué supervisión ejerció el Estado sobre la fundación que más fondos oficiales recibió en nuestra historia, después de la Fundación Eva Perón? Seguramente por su vínculo con el Gobierno, más de un funcionario no cumplió con su deber.
¿Cuál era ese vínculo? Una trama entre el Estado nacional, los municipios o provincias y la fundación, que la Justicia analiza. Como en el juego del gran bonete, cada uno dice: "¿Yo señor?; no señor..." Según se informó, cuando un municipio o provincia certificaba la ejecución de las obras, el Ministerio de Planificación Federal les giraba los fondos para que los entregaran a la fundación, que pagaba a la empresa Meldorek, contratista de los trabajos, cuyo principal accionista era Schoklender.
Todos eludían la ley 13.064 de obras públicas, que establece que los trabajos financiados por el Estado deben contratarse mediante licitación pública. Como las fundaciones no están exentas de este requisito, ¿ pueden las señoras de la Fundación Madres aducir desconocimiento de la ley y declararse víctimas de hechos que aun hoy protagonizan?
La fundación –intermediaria artificial para asignar en forma directa obras multimillonarias, en beneficio de su apoderado y sus socios abiertos u ocultos– se convirtió en la segunda constructora del país (la primera es Techint). En los últimos cuatro años su facturación aumentó 45 veces. El canciller Héctor Timerman firmó un acuerdo para exportar sus casas y trató de "mal paridos" a quienes sospecharan de las madres.
Bielsa también decía que los controles no pueden ejercer presión sobre la institución controlada. En este punto, hay que decirlo, hay hijos y entenados. Los organismos de control, que pasaron por alto a la Fundación Madres, presionan y perjudican a otras instituciones con trabas burocráticas o medidas arbitrarias. Cito algunos ejemplos:
1) Una institución que combate el Chagas pediátrico gestionó la autorización definitiva como entidad exenta, para que sus donantes se beneficiaran de la deducción fiscal. Un eventual donante consultó a la AFIP por la demora en la autorización y le indicaron que el visto bueno podía tardar un año o más.
2) Varias fundaciones recibieron requerimientos de la AFIP para eliminar de sus estatutos la realización de beneficios, rifas o festivales; caso contrario perderían la condición de entidad exenta. Ante tamaña arbitrariedad la respuesta era: "Es una orden de arriba".
3) Una fundación que cedía el uso de equipos a científicos y cobraba una contribución para gastos de mantenimiento, fue obligada a alquilar los equipos, con el consiguiente IVA para los investigadores y el correspondiente costo para la fundación, más alto que el dinero que cobraba. El uso de los equipos debió suspenderse.
Hace 38 años que me desempeño en el mundo de las fundaciones. Pertenezco al consejo directivo de la Federación de Fundaciones Argentinas y presidí la Asociación de Ejecutivos en Desarrollo de Recursos para Organizaciones Sociales (Aedros), que agrupa y capacita a profesionales que obtienen fondos filantrópicos (fundraisers). Aquí conocí la solidaridad y ejemplos de austeridad –como el premio Nobel Luis F.Leloir–, la donación y la entrega, la escasez y las dificultades.
La Fundación Madres expresa lo contrario: privilegios con el poder, incompetencia, ostentación y lujos (yates, aviones, autos). Y qué decir del Gobierno, que alimentó la riqueza de unos pocos sobre la pobreza de muchos.
Creo interpretar a miles de fundaciones si respondo así al interrogante inicial: la Fundación Madres de Plaza de Mayo no es una fundación.
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