La mujer que enfrenta a Barba Azul
Por Alicia Dujovne Ortiz Para LA NACION
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PARIS
Cuando la justicia francesa abre una causa contra Pinochet en el marco del Plan Cóndor por la desaparición del franco-chileno Jean-Yves Claudet y, más tarde, ordena a la policía interrogar a Henry Kissinger (que abandona París precipitadamente), la abogada francesa que presenta la querella es Sophie Thonon.
Cuando otro juez francés a cargo de la causa relacionada con el secuestro del francés Maurice Jeger -culpable de ser francés, judío y librero en la Tucumán del tiempo del Operativo Independencia- ordena que se espere a Carlos Ruckauf en el aeropuerto Charles de Gaulle para interrogarlo como testigo acerca del decreto que éste firmó en octubre de 1975, durante el gobierno de Isabel Perón, que extendía a toda la República la vigencia del Plan Independencia, decretado en febrero de ese mismo año y tendiente a "aniquilar el accionar de los elementos subversivos", hasta entonces limitado a la provincia de Tucumán, donde se había secuestrado a Jeger, la abogada que aconseja el operativo es Sophie Thonon.
Cuando el ex militar y abogado Jorge Olivera, acusado por su implicación en el secuestro de la franco-argentina Marie-Anne Erize, que había sido internada en el centro de detención La Marquesita, en la provincia de San Luis, viaja tranquilamente a Europa amparado por el punto final, y cuando la justicia italiana lo detiene en el aeropuerto de Roma, aunque dejándolo escapar al admitir como documento válido un pedido de certificado de defunción de Marie-Anne, mandado por fax y groseramente falsificado, que Olivera exhibe para invocar la prescripción del caso, la abogada que busca, encuentra y alerta a las autoridades sobre el viaje de Olivera es Sophie Thonon.
La abogada de la familia de Gabriel Longueville, asesinado en El Chamical, La Rioja, el 18 de julio de 1976, es Sophie Thonon. Marcel René Amiel, Robert Marcel Boudet, Françoise Marie Dauthier de Martínez, Yves Marie Domergue, las religiosas Alice Domon y Léonie Duquet, Roger Julien, Pierre Pegneguy, Jean Marcel Soler, Paul, Rapha‘l y Marcel Tello completan la lista de los franceses desaparecidos en nuestro país durante los años de dictadura, de muchos de los cuales sigue ocupándose hasta hoy Sophie Thonon.
Y cuando, hace algún tiempo, la historia se da vuelta, es decir, cuando la policía francesa provoca la muerte de Ricardo Barrientos, un argentino expulsado manu militari en el aeropuerto de París, nuevamente la abogada que defiende a la familia del maltratado es... Sophie Thonon.
Elegante, aguda, fina como un hilo que no corre el riesgo de romperse, ma"tre Thonon tiene un fulgor de malicia en los ojos al evocar con cierta sonrisita su último caso en relación con la Argentina. Otro juicio que no enaltece nuestra imagen en el exterior, pero que, al menos, tiene la ventaja de aclarar las cosas. Para lucirnos tenemos a Borges y a Maradona. Para evitar la mentira, tenemos la Justicia. Me refiero al proceso a Augusto Guillermo de Fontenelle, nacido en Villa Allende, Córdoba, en 1941, residente en Francia y acusado ante la justicia francesa por tres de sus hijas y por otra parienta. ¿De qué ? De violación y agresiones sexuales sobre menores de 15 años, por ascendiente. El proceso acaba de culminar el 7 de mayo en una buena condena a dieciocho años de cárcel.
En este juicio Sophie Thonon no actuó como abogada sino como profesora de historia argentina. Hacía falta: el violador no negaba los espeluznantes hechos descriptos por sus hijas, y por muchas otras jovencitas que se contaron entre sus víctimas, pero los atribuía a los efectos de la tortura. ¿Había violado en forma indescriptible y amenazado con armas de fuego a sus nenas a partir de los cinco y siete años de edad? Debía ser cierto, si ellas lo decían. El era el primero en horrorizarse de sí mismo y hasta en pedir el peor de los castigos para el monstruo que por lo visto era. Por lo visto, o por lo oído, ya que él, por su parte, no recordaba nada, o casi nada. Su detención en el campo de concentración de La Perla, en su provincia natal, donde en 1969 le habían aplicado las más atroces torturas, lo había dejado amnésico además de monstruoso.
Los psiquiatras franceses que escucharon tan patético relato llegaron a conclusiones psicológicamente interesantes, sólo invalidadas por la circunstancia de que se tragaron el cuento de la tortura sin verificar los datos. Los abogados se acordaron tarde de hacerlo, pero por suerte se acordaron. ¿Y a quién iban a llamar para eso? A Sophie Thonon. La justiciera especializada en temas argentinos fue convocada durante el juicio para dar información sobre lugares y fechas. El contraste entre esta mujer de aspecto engañadoramente frágil y cabeza auténticamente clara y este galán maduro habituado a seducir adornándose con disfraces tornasolados debe de haber sido digno de una película.
El disfraz correspondiente a ese día era el de justo. Aire digno y sufrido, bastón y luenga barba. Blanca la barba, no azul. "El único que puede juzgarme es el Dios de Israel. Sólo soy un montón de cenizas", clamaba el ex marido de una judía que fue la madre de sus dos primeras hijas violadas (en total, el ogro del cuento se casó cinco veces). Es que apenas un detalle en el vestir diferencia, en el teatro, a la víctima del verdugo. Un detalle que Augusto Guillermo de Fontenelle, con su noble apellido y su prestancia de actor, pensó haber manejado con suficiente sutileza... de no haber estado presente en la sala Sophie Thonon.
La historia contada por Fontenelle es la siguiente: "Nací en Córdoba de padres franceses. Hice todos mis estudios en Córdoba, donde terminé la escuela de Bellas Artes. También trabajé con Levy-Strauss en historia de la palabra escrita (domen y totem). Mis estudios se interrumpieron entre 1969 y marzo de 1970 debido a mi encarcelación en el campo militar de La Perla, en tiempos de la junta militar. En esa época yo era militante peronista, militaba por el regreso del general Perón. La segunda vez que me detuvieron los gángsters de la junta militar, ustedes se van a reír, yo era director de Moralidad de la ciudad de Córdoba. El gobernador de la provincia me había hecho nombrar. Ese gobernador, Atilio López, fue asesinado, y a mí me pusieron una capucha en la cabeza y me mandaron de nuevo a La Perla. Durante mi encarcelamiento me encontré con una de las monjas francesas secuestradas y hablé con ella en francés. Me escapé de ese campo con mi mujer, gracias a la OSU, organización sionista uruguaya, vale decir los servicios secretos del ejército israelí. En Uruguay me quedé a recibir a los refugiados argentinos que huían de la dictadura. Llegué a Francia en 1976".
Supongo que en este momento de la lectura, cualquier lector argentino medianamente informado habrá soltado alguna interjección imposible de transcribir. ¿Junta militar en 1969? ¿Campo de concentración en esos años? ¿Las monjas francesas en Córdoba, antes de 1976, cuando ellas desaparecieron en la ESMA de Buenos Aires en diciembre de 1977? ¿Recibir a los refugiados argentinos en 1976, en Uruguay, donde había una dictadura militar que establecía lazos con la nuestra, ahora sí realmente sobrevenida? ¿Servicios secretos israelíes? De desmontar esta última afirmación se encargó la primera ex mujer de Fontenelle, que sencillamente se había contactado con una asociación israelita para que los ayudara. De desmontar el resto se encargó, como fácilmente podemos suponer, Sophie Thonon.
Pero eso no es todo. Utilizar para su disculpa los sufrimientos reales de tanta gente torturada de veras, obnubilando a la justicia francesa con una brillante aureola de martirio para tapar los oscuros e irreversibles daños psicológicos sufridos por sus hijas y por una buena docena de chicas que tuvieron la desgracia de pasar cerca de él, aún no lo es todo. Varios testigos argentinos presentes en el juicio sostuvieron una versión de los hechos más turbadora todavía, si cabe.
En la ciudad de Córdoba -dijeron- había habido desapariciones de personas ligadas a movimientos de izquierda desde marzo de 1975. Fontenelle era miembro de un partido de extrema derecha vinculado con la Triple A. Esos testigos fueron encarcelados en el momento del golpe de estado de 1976. En la prisión se hablaba de Fontenelle como de un informador de la policía que había participado en actos de tortura. Pero en La Perla no pudo haber estado ni como torturado ni como torturador, porque ese centro de detención sólo fue creado como tal con todos sus conocidos accesorios, horno crematorio incluido, después de la partida de Fontenelle. Antes había sido una sencilla comisaría donde se dispensaba un trato algo rudo, sin comparación posible con lo que vino después.
Un conocido actor norteamericano que pasó su infancia en un campo de concentración nazi tuvo problemas con la justicia de su país de elección por causa de su atracción por las jovencitas. El ejemplo no ilustra el caso de un violador violento como el que nos ocupa. Si podemos apiadarnos del primero y desear que se cure, lo único deseable en relación con Augusto Guillermo de Fontenelle es que sobre él se haga toda la luz. En la Argentina hemos conocido demasiados personajes teatrales, demasiados Barbazules seductores y mentirosos que nos han violado el país. Este personajito secundario no le llega a la suela de los zapatos a un Alfredo Astiz. Pero ha torturado tanto a un montón de nenas de su círculo íntimo que, en nombre de la verdad y de la historia, resultaría interesante averiguar a quién más se lo ha hecho.


