
La necesidad de no hacer nada
La norteamericana Constance Kassor es profesora en la Universidad de Lawrence (EE.UU.) y este año presentó un curso llamado “Cómo no hacer nada”. Se convirtió, inmediatamente, en el más popular de la universidad, y sus tuiteos sobre estas clases alcanzaron los 134.000 likes. “Existe una búsqueda creciente entre estudiantes para aprender a lidiar con el estrés, relajarse, desconectarse y descansar. A la par hay una conciencia de que la productividad por sí sola no es necesariamente buena” agrega Kassor, especialista en budismo tibetano.
Las clases incluyen caminatas de 30 minutos por el campus sin mirar el celular ni hablar con nadie. También hay tai chi chuan y presentaciones acerca de la higiene del sueño. La especialista en religiones ha detectado una de las necesidades más apremiantes en estos tiempos de vida multitarea y conexión eterna: necesitamos imperiosamente espacios de no hacer cosas. No para “cargar las pilas”, sino para asumir la altísima dignidad del derecho a estar sin hacer nada.
Algo más...
Civilización del ocio versus cultura del esfuerzo: hay una tradición intelectual que defiende el derecho a estar, meramente, en inactividad. Citemos a Carl Honoré y su Elogio de la lentitud y al ensayo de Bertrand Russell, Elogio de la ociosidad. Y al hombre de la camiseta calada de Arlt, sentado en el umbral.






