La nietísima busca una pala
Hasta hace menos de 30 años, el apellido Franco hacía que España se cuadrara y temblara. Hoy, el exponente más conocido del clan es Carmen Martínez Bordiu, la nieta del generalísimo que, como tal, ostentó la condición de nietísima desde que llegó al mundo. Y desde ese día al de hoy sale en revistas del corazón. Casi nunca gratis.
Carmen -quien por gracia no de Dios, como su abuelo, pero sí de sucesivos matrimonios se llamó también Carmen Borbón, Carmen Rossi y Carmen Federici- lleva algo del general en la sangre. Por lo pronto, se define como una luchadora, aunque de escasa precisión. En agosto de 2000 dijo que iba por la justicia y la libertad.
“¿Y cómo se lucha por eso?”, se le preguntó. “Pues no sé. Supongo que con la educación”, contestó.
Hace una semana, que por la ecología. “Si tuviera una pala, iría a recoger petróleo a las costas de Galicia”, dijo. No fue porque no tenía, y eso, se sabe, frena al más decidido.
A veces se le da por filosofar. “Me da asco nuestro bienestar burgués”, dijo desde el suntuoso hotel Alfonso XIII de Sevilla, un imponente palacio convertido en alojamiento de lujo. Y, mirando desde Francia, trató de poner en caja a sus compatriotas españoles. “Nos ven como si fuéramos africanos. Ellos son mucho más exigentes con sus políticos. Nosotros, en cambio, estamos acostumbrados a que nos manden”.
No aclaró si eso iba por su abuelísimo. “Para mí, era solamente mi abuelo”, dice, con la cara lívida, casi como con rigor mortis, a fuerza de cirugías.
Otros tiempos.


