
La nueva casta disimula con pasos de comedia
La inefable escribana de Adorni y los créditos del Nación para funcionarios defendidos por Milei parecen de ficción
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La escribana de Manuel Adorni es una de las estrategias de comunicación más felices que ha emprendido este gobierno, sin habérselo propuesto.
Su entrada fue una bocanada de aire fresco en un ambiente intoxicado por continuas decisiones erróneas y papeles confusos. Encima el principal damnificado y sus poderosos defensores en el Gobierno, los hermanos presidenciales, se enojan por la persistente cobertura periodística.
Eso sí, la escribana llega tarde porque la Justicia ya entró en una dinámica imparable de dar vuelta como a una media a su destacado cliente.
El aspecto general de Adriana Nechevenko, lo que dice y cómo lo dice, cierta displicencia y arrojo al hablar sin medir riesgos ante los movileros, su picarón revoleo de ojos y su gestualidad juguetona de las comedias televisivas de antaño hasta pueden sacarnos media sonrisa.
La señora resulta ser un formidable y simpático dispositivo distractivo que viene a poner una pizca de festivo costumbrismo argento, en una causa hasta ahora sombría, que no para de sumar novedades día tras día. Y encima con personajes de mal talante metiendo baza, como el propio jefe de Gabinete y, ni se diga, el Presidente, de vuelta tan obsesionado contra todo el periodismo (con escaso disimulo asegura que el 95% de quienes informan son “delincuentes”).
Se revela como pésimo actor Milei al abrazar en cuanta ocasión se le presenta a su funcionario caído en desgracia (mediática), al que rotula de “maravilloso”. No solo eso: obliga a sus ministros a que finjan demencia y lo mimen siguiendo su ejemplo, algo que hacen a desgano, sin tanto esmero. Patricia Bullrich, con radar propio y menos temerosa, ha empezado a tomar más distancia.
Vade retro, Nechevenko suena a rusa. El reciente espionaje de los exsoviéticos sería un punto en su contra, pero, a tranquilizarse, ella dice que desciende de italianos. Si se hubiese presentado al casting de Esperando la carroza, habría tenido chances de secundar a China Zorrilla.
Aunque menos gracioso, hay que reconocerle a Luis “Toto” Caputo que hace rato le viene poniendo empeño a cincelar un mejor physique du rôle que también termine haciendo las delicias de la audiencia, últimamente un tanto malhumorada porque la inflación se resiste a bajar, los colectivos espacian sus frecuencias y el consumo popular no repunta. Poco o nada queda en este florido ministro de Economía de Milei de aquel parco titular de Finanzas y del Banco Central del gobierno de Mauricio Macri. Tanto se ha desinhibido que disfruta cada vez más de ocurrentes salidas, como su inolvidable “comprá, campeón”, que recalentó en su momento la cotización del dólar, ahora tan deprimida, o al reciente poco académico “a los que piden devaluar me da ganas de darles patadas en el culo”.
Resulta improbable encontrar alguna foto de un ministro de Economía del mundo desarrollado que reciba a inversores luciendo una remera estampada con una caricatura de su presidente. Toto se anima a eso y mucho más. “Digo lo que me sale”, no miente.
Lo demostró el domingo pasado en La cornisa cuando salió al cruce de una noticia que empezaba a crecer muy negativamente: la aprobación de créditos multimillonarios en el Banco Nación a sus principales colaboradores. Contribuía a alimentar sospechas que la superministra Sandra Pettovello, casi simultáneamente, prescindiera de su jefe de Gabinete tras enterarse de que había tomado un préstamo similar en dicha banca estatal.
Toto, un cruzado de la causa, se tiró sobre esa peligrosa granada en LN+. Su primera explicación de por qué sus principales colaboradores le pedían plata al Nación fue sorprendente: “Inducidos por mí”. La segunda, todavía más: “Apúrense, que todavía hay sobrestock”. Y hundió el bisturí sin anestesia: “No hay nada de ilegal ni de inmoral. Si pudieran sacar más funcionarios públicos les diría vayan y saquen todos los que puedan.”
Hubo una estrategia consensuada desde más arriba, de la que Caputo se prestó a ser idóneo vocero. Lo reconoció el presidente Milei en el virtual monólogo que protagonizó el miércoles a la noche en la TV Pública por más de una hora. Dijo que había visto en vivo esa performance caputista desde la residencia de Olivos, acompañado por el secretario de Finanzas, Federico Furiase (que sacó un crédito en Nación por unos 280.000 dólares); el director del BICE, Felipe Núñez (le otorgaron un préstamo de unos 315.000 dólares) y el consultor Cristian Buttié (“a quien le recriminé que no hubiese sacado un crédito como todos los demás”, asombró Milei).
Núñez dijo que solicitó el crédito como “cualquier hijo de vecino”. Ese es justo el quid de la cuestión. Cuando se está en la cima del poder se pierde esa condición. “Luis Majul hizo una nota extraordinaria”, remató el Presidente. Todo bajo control.





