La ostentación del poder
No sólo por retaceo de apoyo sino también por exceso se ejerce el poder. En esta última dimensión se ubicó el sobredimensionado respaldo hacia el presidente Néstor Kirchner que pidió Eduardo Duhalde a los diputados, ministros y dirigentes del peronismo bonaerense.
Fue una demostración más de ostentación de poder que condiciona los movimientos de un Presidente que quisiera moverse sin necesidad de estar atado a una estructura que le asegure gobernabilidad.
La carta que Duhalde envió esta semana a su tropa, donde hizo un encendido llamado de respaldo a Kirchner hasta llegar a hablar de "infames traidores a la Patria" a quienes no apoyen al Gobierno, no tuvo la intención naif de emitir un respaldo. Fue mucho más.
En su origen, la misiva la escribieron colaboradores de Duhalde, tenía un contenido más lavado y contaba con escasas referencias de apoyo a Kirchner. Pero Duhalde decidió cambiar la prosa para poner mayor énfasis en el respaldo incondicional al Gobierno.
No son pocos los duhaldistas que vieron en esto un claro mensaje al gobernador Felipe Solá, que en los últimos días coqueteó con Kirchner para armar una estructura bonaerense propia.
También la carta fue leída por algunos hombres del Gobierno como una nueva jugada destinada a "marcarle" la cancha al Presidente y reafirmar que el poder no pasa por Solá o por un puñado de extrapartidarios protegidos por acuerdos transversales.
Desde diciembre, el PJ contará con quórum propio en Diputados. De los 130 legisladores oficialistas, 40 serán duhaldistas puros. Contrariamente, tras el raid electoral que finaliza el domingo, Kirchner no logró armar un poder propio en el Congreso y seguirá dependiendo del duhaldismo en un año que le depara el debate de leyes complejas como la coparticipación, la reforma política y la renegociación de contratos con privatizadas.
Es sabido que existen diferencias insalvables entre Duhalde y Kirchner que ninguno hará públicas por ahora. El líder del PJ bonaerense objeta el manejo flexible, a su entender, del Gobierno con los piqueteros.
Por otra parte, Duhalde cree que fue un error de Kirchner establecer una mala relación con las Fuerzas Armadas. Es más, su hombre de confianza, el ministro de Defensa, José Pampuro, condiciona su permanencia en el cargo al apoyo de Kirchner a los proyectos que presentó para el área.
También el ex presidente cuestionó a Kirchner por su arrebato contra el titular del BID, Enrique Iglesias, a raíz del nombramiento de José Luis Machinea en la Cepal. Duhalde tiene una concepción más condecendiente con los organismos financieros internacionales que se contrapone con la visión setentista que tiene Kirchner.
Además, los duhaldistas cuestionan a varios hombres del Gobierno que ventilan la idea de una supuesta connivencia entre el poder político y la policía bonaerense que viene de los tiempos de Duhalde y que fomenta la inseguridad.
A esta altura, la pregunta del millón es: ¿hasta cuándo durará la alianza Kirchner-Duhalde? Más complejo aún: ¿qué ocurrirá el día en que se resquebraje sin retorno esta sociedad?
Algunos sostienen que esta alianza no se quebrará porque Duhalde "inventó" a Kirchner. Otros sostienen que, como adepto a las encuestas, el ex presidente levantará el apoyo al Gobierno sólo cuando Kirchner deje de tener el 70% de imagen positiva. Los más arriesgados sostienen que cuando se negocie nuevamente con el FMI o haya un aumento de tarifas. Por ahora, Duhalde seguirá ostentando poder con muestras de excesivo apoyo y Kirchner se verá obligado a aceptar este juego.


