La relación entre limpieza y ética también es objeto de laboratorio
NUEVA YORK.- Investigadores de las universidades de Rice, Pennsylvania State y Arizona State convocaron a 600 personas a un experimento diseñado para el desagrado. Un grupo vio imágenes de deposiciones de gato. Otro debió escribir sobre su recuerdo más repulsivo. Un tercero vio la célebre escena del baño más sucio de Escocia del film Trainspotting. Y algunos quedaron como grupo de control.
Los que participaron del experimento debieron contestar un cuestionario respecto de cuán dispuestos estarían a mentir a cambio de dinero: quienes habían estado expuestos a imágenes desagradables se mostraron más proclives a hacerlo que el grupo de control. Luego se les mostró a los asqueados imágenes de productos de limpieza, y en un nuevo cuestionario se mostraron con inclinaciones tan éticas como las del grupo de control.
Estos resultados dieron un golpe de energía a todo el sector del marketing especializado en higiene, importantísimo en la industria norteamericana.
Pero los medios subrayaron que nada es definitivo: un estudio de 2008 en el Journal of Psychological Science encontró que el desagrado hace a la gente más observadora de la ética. Si cleanliness is next to godliness, o la limpieza está cerca de la santidad, como dice un popular refrán que se les repite aquí a los niños, aún está en debate.


