La segunda vuelta es la del rencor

Por Orlando Barone
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4 de mayo de 2003  

Cuando le pregunté a Mario Vargas Llosa cómo alcanzaba la inocencia de la creación en medio del asedio de la fama y de la agenda, me dijo: " Me voy a mi casa , en Londres, porque allí no soy nadie y puedo ser yo". No necesitó más para explicar que el acto de la creación exige no el vínculo social o la escena pública sino el solitario viaje privado. El hospedaje en uno mismo.

También la creación política y la aventura presidencial, que derrama sobre la sociedad bienes y males (con el riesgo de que estos sean más que aquellos) debería sugerir a sus responsables igual recurso introspectivo. Sin embargo los líderes políticos andan siempre en clan, o en banda. Rara vez están solos. Tienen incontinencia tribal, oral y mediática y se exceden en tratar de explicar lo que deberían demostrar la gestión y el curriculum. Porque a un gobernante, como a un artista, lo explica la obra y no lo que él pueda decir acerca de ella.

El poder es promiscuo. ¿Cuánto tiempo de soledad pasa un gobernante o un presidente? Muy pocos. Daniel Arcucci, el autor del libro sobre Diego Maradona, y uno de los más íntimos observadores de la vida del ídolo, reconoce que una tarde, en la playa de estacionamiento del club de tenis de Vilas, se sorprendió al verlo caminar sin compañía. "Creo que ésa fue la primera y la única vez que lo vi así: una soledad que duró lo que él tardó en caminar ese largo trecho hasta donde la gente lo esperaba". Maradona no es un presidente ni está para pensar en esas cuestiones. Pero le hubiera venido bien en sus días de gloria estar más consigo mismo que con tantos que lo rodearon, en apariencia ofrendándole admiración pero en realidad quitándole trozos de Maradona que después empezaron a faltarle. También después suelen faltarle a un presidente.

Eso debería preguntarse Carlos Menem. Porque la noche de las elecciones el alrededor que frecuenta acabó masticándolo. Fue una mala puesta en escena. Con amigos de distinción conflictiva o de prontuario dudoso, con parientes de allá y de acá, comediantes, peluqueros y coristas. Un pueblo de famosos y de ricos. Los especialistas de imagen recomiendan todo acerca de la cáscara y no dicen nada de la pulpa y del carozo. Por eso le aconsejaron renovar el elenco. Aunque de un mismo director, por más músicos que cambie, solo puede esperarse un mismo tipo de orquesta. Acaso un Carlos Menem más pensativo, sin el coro, hubiera encontrado un modo mejor para teatralizar esa victoria provisional del domingo pasado. Lo confundieron el bombo del Tula, la canción "El matador", la nostalgia y los escarpines. Pero no hay que desestimarlo. Por más que en la senectud el flujo del neuroquímico GABA empieza a ausentarse del cerebro, él todavía sigue siendo un cazador de votos peronistas elementales. Y también de los del antiperonismo próspero reciente. Su pasado le pesa y a la sociedad también le pesa ese pasado. "Mano de Piedra" Durán tardó mucho antes de bajarse del ring golpeado por los que él antes hubiera vencido. Qué fácil es decir: le hubiera venido mejor retirarse a tiempo.

La segunda vuelta es la del rencor y el rechazo, no la del amor o la adhesión. Es consecuencia de la indecisión de la primera vuelta. El ballottage es un purgatorio de votantes. El que sea elegido presidente lo será de esas almas impacientes. Nadie espera que de la segunda urna vaya a salir una obra de arte. Apenas si saldrá una artesanía modesta. Un poco de soliloquio también les vendría bien a los votantes antes que leerse en números en las encuestas. Votar sin copiarse del otro.

La inundación es hoy lo que más nos une. No es solo el infortunio de Santa Fe sino de la Argentina. Los inundados no son "ellos": somos todos. También los que estamos secos y con la casa intacta. El dolor compartido une más que los votos.

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