La sombra de los "años de plomo" se cierne sobre la política italiana
La detención de Cesare Battisti reaviva la discusión en torno a la violencia de derecha y de izquierda padecida por Italia en la década del 70
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Algunos críticos de arte consideran que El cuarto Estado es la primera obra pictórica italiana en la que se representa al proletariado. Realizada en 1901 por Giuseppe Pellizza da Volpedo, refleja una protesta en la zona agrícola del Piamonte. Sobre fines de la década de los años 60, el lienzo pasó a ser un símbolo gráfico de las movilizaciones político-sociales de la época. Actualizado a formato de póster, podía encontrarse en librerías, fábricas, en los centros del movimiento estudiantil y durante las recurrentes tomas de facultades. La potencia de la imagen sedujo incluso a Bernardo Bertolucci, quien la retomó para su inolvidable film Novecento.
El afiche, junto a los retratos de Marx y Lenin, llegó hasta Cananeia, un pueblo de pescadores en el litoral de San Pablo, para decorar la sala de la casa que habitó Cesare Battisti. En el patio de la vivienda, prestada por un sindicalista de la CUT brasileña, se destacaba un bote cuyo nombre era Comandante Che.
Durante los años de Guevara, Vietnam y el Mayo Francés, un joven Battisti soñaba con la rivoluzione, anhelo que pudo canalizar participando en la fundación de Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), una suerte de hermano menor de las Brigadas Rojas.
El trágico recuerdo de los "años de plomo" irrumpió hace unos días en Italia precisamente a raíz de la extradición de Battisti (64) tras su arresto en Bolivia. El presidente Evo Morales autorizó el traslado sin vueltas, poniendo así punto final a la fuga que el exmilitante logró sostener durante casi cuatro décadas. Italia nunca perdió el rastro del escurridizo Battisti, quien está ahora tras las rejas en una cárcel de máxima seguridad en la isla de Cerdeña.
Un guardia penitenciario (Antonio Santoro), un conductor de la policía antiterrorismo (Andrea Campagna), un joyero (Pier Luigi Torregiani) y un carnicero (Lino Sabaddin) fueron las víctimas de los ataques perpetrados por los PAC entre 1978 y 1979, delitos por las cuales Battisti fue condenado en 1985. Las sentencias lo consideran ejecutor material de los dos primeros asesinatos y operador clave en los restantes. Él siempre se ha declarado inocente.

Acusado de delitos menores, Battisti conoció la cárcel en 1972. Fue allí donde comenzó a "politizarse", virando en dirección al terrorismo. En esos tiempos, las aguas de la delincuencia común podían mezclarse fácilmente con las de la ultraizquierda.
En 1985 fue condenado a cadena perpetua en ausencia, sentencia confirmada por la Corte de Casación. Pero para ese momento ya se encontraba fuera del país: había logrado escapar de prisión con la ayuda de un comando de los PAC.
Así comenzó su huida, primero a París, luego a México y, más tarde, nuevamente a Francia. En 2007 entró clandestinamente a Brasil, donde estuvo preso cuatro años. A partir de 2011 recobró la libertad, ya que Lula, el último día de su segundo mandato, negó el traslado a Roma. Todo cambió hace apenas unos meses cuando el presidente Michel Temer -poco antes de traspasar el mando a Jair Bolsonaro- firmó el decreto para entregarlo a Roma.
Durante el período en el que permaneció en tierra brasileña, Italia estuvo a punto de lograr la extradición. Una carta enviada por el expresidente Giorgio Napolitano al diario La Stampa arroja nueva luz sobre lo ocurrido. Napolitano, uno de los líderes del desaparecido Partido Comunista Italiano, reveló que contaba "con una actitud de fuerte cercanía y respeto" de parte de Lula y "había obtenido un compromiso neto para la entrega del criminal Battisti". Pero el mandatario brasileño terminó "cediendo a las presiones del componente extremista de la mayoría de su partido y de su gobierno".
La conclusión del exjefe de Estado es lapidaria: "Creo que posteriormente Lula pudo comprender su error, porque terminó dejando la paternidad y el mérito de la orden de entrega de Battisti a un jefe de gobierno con una orientación política muy alejada de la izquierda". Eso fue lo que sucedió. Tras ganar las elecciones de octubre, Bolsonaro aseguró al vicepremier italiano y líder de la Liga Norte, Matteo Salvini, que haría todo lo posible para entregar a Battisti.
La noticia de la extradición sumó la voz de los familiares de las víctimas. "Quiero justicia, no venganza", comentó el hijo del joyero asesinado en 1979, Alberto Torrigiani, a quien el tiroteo entre su padre y los atacantes de los PAC dejó parapléjico con apenas 15 años. Tiempo después escribió un libro cuyo título es elocuente: Estaba en guerra y no lo sabía.
¿Cuáles son las razones por las cuales este complejo caso judicial se ha mantenido bajo los reflectores de los medios italianos?
Los años 70 entraron en la historia de Italia como "años de plomo". El dossier Battisti pone el dedo en la llaga precisamente sobre esta década. En aquel entonces, la violencia provenía tanto de la extrema izquierda como de la ultraderecha, responsable por su parte de atentados y masacres en sitios públicos.
Battisti ha tenido una conducta completamente diferente a la de los exterroristas de ambos bandos, tanto "rojos" como "negros": ellos buscaron ser olvidados para siempre; él mantuvo una actitud contradictoria, signada por rasgos narcisistas y proclive a la exposición mediática. Como autocrítica, pidió perdón por las víctimas, limitándose a reconocer solo responsabilidades a nivel "político" por los delitos. También admitió que la lucha armada terminó siendo "un error... fue una ilusión pensar que podíamos cambiar las cosas de esa manera". Su rechazo al arrepentimiento es contundente: "Una hipocresía, sinónimo de delación y vinculado a la religión".
La detención desató una seguidilla de reacciones. En Italia se están investigando la red de protección que brindó apoyo al exterrorista y las complicidades políticas. A su vez, el Ministerio del Interior actualizó una lista con los nombres de 30 exterroristas (27 de la ultraizquierda, tres de extrema derecha) radicados fuera de Italia.
Durante una rueda de prensa organizada en el aeropuerto de Roma el día que Battisti regresó extraditado, Salvini aseguró que el exterrorista "deberá pudrirse en la cárcel" y añadió que "las otras decenas de delincuentes, cobardes y asesinos que dan vueltas por el mundo gozando de la vida irán a prisión gracias a las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia".
Desde la oposición se ha criticado duramente la manera en la que el gobierno celebró la entrega de Battisti. Sin poner en tela de juicio las condenas ni la extradición, la centroizquierda calificó esta actitud de "show", rechazando la ostentación del exmilitante de los PAC como si se tratara de "un trofeo".
Ocasionalmente el pasado vuelve. La larga sombra de los "años de plomo" se ha colado en la coyuntura política y judicial de Italia, donde el caso Battisti abre conflictos antiguos en el marco de nuevos escenarios.
Economista y periodista
Martino Rigacci


