
Las dos caras del fútbol
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Nuestro fútbol tiene dos caras. Una, franca y transparente, es la que exhibe en el interior de los campos de juego, allí donde los futbolistas son sus protagonistas exclusivos; la otra es la que muestra fuera de ellos, contradictoria y turbulenta, cuyos actores son quienes forman parte de una dirigencia que, al parecer, sigue resistiéndose a asumir sus responsabilidades.
Ese último rostro ha deparado, a lo largo de muchos años, situaciones conflictivas que desmerecen al espectáculo deportivo en sí mismo y se arrastran tal como si se tratase de una enfermedad endémica e incurable. Casi de más está aclarar que su foco infeccioso más importante radica en la violencia enquistada en las tribunas por la aún irreprimible presencia de las bandas de delincuentes a las cuales se conoce por la perversa denominación de barras bravas.
Hasta ahora, no ha tenido éxito ninguna de las intervenciones llevadas a cabo para terminar con esa lacra, incluso a pesar de que dichas minorías violentas han sido perfectamente identificadas. En realidad, los modernos recursos tecnológicos que están a disposición de las autoridades permitirían ponerle punto final a tan negativa cuestión. Pero no hay voluntad política de hacerlo. Directa o indirectamente, entonces, esos grupos minoritarios exacerbados por los amparos que reciben y por la feroz prepotencia que en los hechos demuestran ejercen por doquier su negativa influencia. Ello a punto tal que incluso hace algunas semanas la mera presunción de que una vez más los violentos estaban dispuestos a hacer gala de su ferocidad y desenfreno provocó la intempestiva suspensión del encuentro entre Chacarita Juniors y Boca Juniors, por el certamen de primera división. Es tristemente célebre la animadversión mutua que se tributan las facciones revoltosas que dicen simpatizar con esas dos entidades.
Una vez más, pues, los delincuentes del fútbol, aquellos que disimulan sus intenciones bajo el disfraz de torcidos apasionamientos, lograron imponerles las consecuencias de sus atropellos (concretos o presuntos) a los aficionados que sólo pretenden presenciar en paz los espectáculos futbolísticos y pasar un momento de esparcimiento. El partido suspendido será jugado pasado mañana, es de desear que en paz y sin tropiezos.
Entretanto, algunos dirigentes, encabezados por la presidencia de la Asociación del Fútbol Argentino, se preocupan mucho más por maniobrar para pugnar por posiciones políticas y por los réditos de una u otra clase que les dejan sus actividades institucionales que por sanear al fútbol, expulsando de él, de una vez por todas, a los elementos indeseables con los cuales, en más de una oportunidad, suelen intercambiar encubiertos y malsanos favores. La cara positiva del fútbol, aquella en cuyos rasgos sólo influye el sinfín de matices atractivos que lo han convertido en el deporte más popular de nuestro país y de casi todo el resto del mundo, sigue esperando en vano que tales dirigentes corrijan ese rumbo, a todas luces equivocado.




