
Las elecciones en Francia
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La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Francia consagró vencedor al candidato de centroderecha, Nicolás Sarkozy, con el 31,11% de los votos, la cifra más alta obtenida por esa tendencia desde 1974. Ahora, Sarkozy deberá enfrentar en la decisiva segunda vuelta, el próximo 6 de mayo, a la socialista Ségolène Royal, que obtuvo el 25,8% de los sufragios. Esa confrontación será otro clásico duelo entre el centrismo y la izquierda.
Previamente, en un auténtico ejercicio democrático, característico de las elecciones francesas, ambos candidatos deberán medirse en otro debate televisivo -en rigor, una verdadera y saludable confrontación de ideas y propuestas-, previsto para el 2 del mes próximo.
Esta primera vuelta tuvo una concurrencia masiva de votantes, a punto tal que casi igualó la cantidad récord de 1965, demostración del hondo interés de los franceses por esta convocatoria de la cual estuvieron ausentes, por primera vez, las antiguas y paradigmáticas primerísimas figuras de la política francesa, como el presidente saliente, Jacques Chirac.
Tras el desenlace de la jornada de anteayer, es ineludible resaltar el importante crecimiento de las tendencias centristas. A los votos obtenidos por Sarkozy hay que sumarles los de otro centrista, la revelación de la elección, François Bayrou, quien con su 18% parecería haberse convertido en el árbitro de la vuelta final. También se debe advertir que se ha producido la previsible caída del nacionalista de ultraderecha Jean-Marie Le Pen. A los 84 años, no logró alcanzar el 11% de los votos, en unas elecciones en las que obtuvo pobres resultados, radicalmente distintos de los de 2002, cuando ocupó el segundo lugar, con el 16,9% de los sufragios. Asimismo, quedó confirmada la inexorable marcha de la izquierda radicalizada hacia la insignificancia: el Partido Comunista sólo obtuvo un deslucido 2% y el antiglobalista José Bové, por su parte, apenas el 1 por ciento.
Por todo eso, no es sorprendente que las primeras proyecciones para la segunda vuelta electoral favorezcan claramente a Sarkozy, por un margen que parece difícil de disminuir.
Otra etapa política parece haber comenzado en Francia, con una generación distinta que pugna por el poder. Se cierra un largo ciclo en que la figura de Jacques Chirac, dos veces primer ministro y 12 años presidente de Francia, fue excluyente. Poco carismático, Chirac, no obstante, será recordado por algunas de sus posiciones, a veces difíciles; otras, solitarias. Por ejemplo, por haber disminuido la distancia que en su país separa a los ricos de los pobres. También, por haber aceptado formalmente la responsabilidad que le cupo a Francia en el Holocausto; por haber promovido, pese a los riesgos inherentes, el ingreso de Turquía en la Unión Europea, y por sus "corajudas" posiciones en defensa del sistema de seguridad colectivo estructurado por las Naciones Unidas, así como por sus advertencias -desatendidas- sobre los graves problemas que ahora están siendo anticipados por los cambios climáticos.
En cambio, el mayor fracaso de Chirac fue no haber legado una Unión Europea dotada de la Constitución que él y los suyos en su momento soñaron; un texto que reservaba un papel protagónico para los galos, pero que fue rechazado por los propios franceses y por otros pueblos de la vieja Europa.
Los ciudadanos franceses transitan esta nueva etapa, conscientes de que en el último cuarto de siglo su rol en el mundo se ha debilitado. Económicamente, pasaron del séptimo lugar al decimoséptimo, pese a lo cual tienen un ingreso per cápita de más de 36.000 dólares anuales, el cual, aun siendo inferior al norteamericano o al británico, todavía es la envidia de muchos. Mas si no logran flexibilizar las rigideces que caracterizan a su economía, les será difícil recuperar las posiciones perdidas.
Esa tarea, en la que hasta el momento los franceses han fracasado, no se ve sencilla en el marco de una sociedad en la cual los intereses creados han imposibilitado la adopción de las reformas necesarias para que Francia pueda retornar a aquella pujanza económica que alguna vez supo tener.




