
Las enfermedades que vuelven con la crisis
De la mano de la desnutrición y la pobreza, males que se creían erradicados, como el tifus, la fiebre amarilla y el dengue, han reaparecido para aportar una evidencia más de la involución de la Argentina, que está conduciendo a una generación a la inmadurez neurológica
1 minuto de lectura'
Hay que aceptarlo: la Argentina no solamente no entró a ese Primer Mundo tan veleidosamente proclamado durante la década pasada, sino que involucionó peligrosamente hasta ver asomar, sin rodeos, los fantasmas del pasado.
¿O de qué otra forma puede considerarse la amenaza de la fiebre amarilla, el dengue, la leishmaniosis, el paludismo, la tuberculosis, el tifus, la leptospirosis, la triquinosis, el hantavirus, todas patologías directamente relacionadas con deficientes condiciones ecoambientales, algunas de las cuales se consideraban incluso ya erradicadas?
Ni qué hablar de la desnutrición infantil, humillante indicador de un país que podría alimentar dignamente el equivalente de seis veces su población, y que sin embargo tiene que asumir que todos aquellos niños que hoy no están madurando neurológicamente por causa de una deficiente alimentación van a conformar -irremediablemente, y más allá de que mejore la situación económica- una próxima generación perdida.
"Con los años tendremos un ejército de niños débiles mentales por este flagelo", vaticina el pediatra Abel Albino, recientemente nominado en una terna para recibir el premio con que la organización Hannah Neil World of Children, de los Estados Unidos, distingue las obras de cuidado infantil en el mundo.
Albino creó en Mendoza la Cooperadora para la Nutrición Infantil (Conin) y ahora trabaja para expandir su obra en otras regiones del país, convencido de que hay que impulsar acciones globales contra la pobreza para poder atacar las patologías sociales relacionadas.
"Vemos que junto al hacinamiento, la alimentación deficiente, las malas condiciones de higiene, vuelve a aparecer la tuberculosis. Aumenta la miseria, aumentan las epidemias: son fenómenos que van de la mano", dice Albino.
También destaca la decisiva influencia del analfabetismo en muchas situaciones afligentes.
"Es tres veces más probable que muera víctima del desamparo el hijo de una madre analfabeta que de otra que sabe leer y escribir", dice.Y revela que en el centro de prevención Conin de El Algarrobal, una zona pobre del conurbano mendocino, hay registros que indican que hasta el 67 por ciento de los niños allí atendidosson hijos de madres analfabetas. Lo que demuestra hasta qué punto el círculo vicioso del atraso y la pobreza se retroalimentan.
Alto riesgo
En efecto, el aplastante descenso en las condiciones de vida de los argentinos ha puesto a los sectores más desprotegidos de la sociedad en situación de alto riesgo desde el punto de vista sanitario.
Asentamientos precarios, aguas estancadas, insuficiente alimentación, chicos descalzos en calles de barro, proliferación de roedores, basurales, son el triste escenario en el que se desenvuelve la vida de unos 19 millones de argentinos, según las más recientes cifras proporcionadas por el Indec.
Pero la crisis no por ello perdona al resto de una sociedad que asiste, como en un fuego cruzado, a una realidad signada por el desempleo, la inseguridad y el cirujeo en la puerta de sus casas.
"Enfermedad y pobreza en medicina van de la mano, aun en las enfermedades más insospechadas", dice el infectólogo Alfredo Seijo, especialista del hospital Muñiz y profesor en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Favaloro. Según destaca, la pobreza magnifica todo, aun aquellas enfermedades que parecería que no tienen relación directa con las condiciones socioeconómicas.
"Una persona sin trabajo tiene miedo, rabia, impotencia, inseguridad, y eso la lleva a una situación de violencia que es otra enfermedad de la pobreza, una enfermedad social, lo mismo que la violencia familiar, la drogadicción, las enfermedades de transmisión sexual, las infecciones por HIV, todas patologías que se ven potenciadas por la miseria y la ignorancia", describe Seijo.
Se trata de un cóctel físico y emocional explosivo que atenta contra el sistema inmunitario y deja a la persona más propensa a contraer enfermedades infecciosas.
"De acuerdo con lo que vemos en el Muñiz, en este campo todas las estadísticas empeoraron", concluye.
El impacto de la situación económica también estaría golpeando la expectativa de vida de los argentinos, la misma que en 1995 era de 76 años, 12 más que en 1960, de acuerdo con un documento publicado por el Banco Mundial y titulado "La pobreza en la Argentina: un pueblo pobre en un país rico" (año 2000).
Dos recientes estudios realizados por la sociedad civil Estudios y Trabajos de Investigación Comunitarios Argentinos (Etica) en la zona más castigada del conurbano bonaerense -Florencio Varela, Esteban Echeverría, Merlo, Moreno, General Sarmiento, La Matanza, San Fernando y Tigre- evidencian que de la mano de la pauperización, en la última década aumentaron las muertes por infecciones y -a contramano de la tendencia general- se registra un descenso del promedio de años vividos, de un 2,52 por ciento en los hombres y un 7,30 por ciento de las mujeres.
Nadie puede dudar de que el manipuleo de la basura al que se entregan cada noche cientos y miles de cartoneros y de cirujas en las principales ciudades del país pueda dejar de tener consecuencias en la salud, aunque por el momento no se cuenta con cifras de esa actividad ni con pruebas de su impacto sanitario. Eso sostiene el médico Sergio Sosa Estani, director de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación.
"No tenemos aún datos a nivel nacional que nos permitan cuantificar si hay incremento de las enfermedades infecciosas y de las intoxicaciones alimentarias asociadas a esta exposición", dice.
Alfredo Seijo, por su parte, avizora graves consecuencias para la creciente proporción de gente que se alimenta de lo que hay en los tachos de basura, como parasitosis intestinales que, asociadas a una deficiente alimentación, agravarán los cuadros de desnutrición.
Sonia Blanco, directora nacional de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación, explica que el ciruja se ve expuesto a distintos tipos de riesgos emergentes de las diversas categorías de desechos que conforman el residuo doméstico, no tan agudas quizá como en el caso de los residuos patogénicos, pero no carentes de peligro que pueda dañar su salud y la de sus semejantes.
"Esta gente está expuesta a patologías respiratorias, a sufrir lastimaduras y cortes con riesgo de padecer infecciones varias, transmitiéndoselas a su entorno familiar, lo que se ve favorecido por las limitaciones de su higiene personal yde su hábitat." Además, los residuos domésticos son campo propicio para la proliferación de vectores -moscas, cucarachas, mosquitos y roedores- y esto puede darse tanto en la vía pública, por efecto de las bolsas rotas, como en la propia vivienda del indigente, extendiendo el problema a su familia y al vecindario."
Otros peligros
Sergio Sosa Estani reconoce que en un contexto social crítico como el que está atravesando la Argentina hay varias situaciones que pueden favorecer brotes de algunas enfermedades infuidas por el medio, como la triquinosis. "El número de casos se ha incrementado este año en relación con el mismo período del año pasado", anuncia.
"Advertimos que si bien no existe una epidemia de magnitud, hay brotes en regiones como Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires, favorecidos por una situación social muy crítica, que lleva a la gente a realizar faenados caseros para la producción de embutidos y una comercialización sin los controles adecuados."
Pero las más recientes estadísticas también reflejan la prevalencia de otras enfermedades, como el hantavirus, que prolifera en poblaciones tanto urbanas como rurales con condiciones de vida muy precarias, y de la que se triplicaron los casos en lo que va del año.
La leptospirosis es otra enfermedad estrechamente relacionada con el saneamiento ambiental. En efecto, la propagación de la enfermedad está relacionada con el contacto entre el hombre y ciertos animales, como las ratas en primer lugar, los perros, los caballos y los cerdos. Sin embargo, en todas las especies que padecen leptospirosis, las fuentes de infección se deben buscar preferentemente en las condiciones del medio ambiente. Un nuevo ingrediente operado en los últimos años se agrega a la urbanización de la ciudad: la ocupación de casas o edificios viejos desocupados. Aunque no constituyan el tipo de hábitat que es característico de las villas, se observa hacinamiento y convivencia con roedores, los mejores caldos de cultivo para la irrupción de esta enfermedad.
Preocupación
Sergio Sosa Estani no niega que la tuberculosis preocupa a las autoridades sanitarias y se sigue con atención el incremento que podrían reflejar las estadísticas.
"Esta enfermedad se relaciona con el estado inmunológico de la persona, de modo que situaciones desfavorables tales como problemas de estrés típicos de la crisis o déficit alimentario pueden favorecer la aparición de casos."
Hasta el 30 de agosto último se notificaron 2415 casos contra 2870 para el mismo período de 2001. Si bien no se verifica un aumento, se reconoce que la notificación en el país tiene un cierto retraso. Y existe preocupación por algunas tasas que están apareciendo en ciertas provincias.
"Se trata de una enfermedad que nunca se erradicó y que tiene un programa específico de prevención en el país", dice Sosa Estani.
Jorge Pilheu, presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, calcula que en la Argentina hay un promedio de 15 mil nuevos casos anuales, con alrededor de mil muertes, el 50 por ciento de las cuales se da en jóvenes de entre 20 y 34 años, y generalmente asociadas al sida.
Alfredo Seijo subraya el carácter tenebroso de esta asociación, porque la enfermedad toma formas clínicas inusitadamente graves, ante las que los fármacos de que se disponía para combatirla ya no resultan efectivos.
El epidemiólogo del hospital Muñiz destaca el papel de la educación y de la prevención en la lucha contra una amplia gama de patologías vinculadas con la pobreza.
"Se trata de acciones difíciles porque tienen que ver con el ordenamiento ambiental, el control de plagas y de roedores, y el mejoramiento del nivel de vida de la población, todos elementos que necesitan claras políticas de Estado y, además, una política económica centralizada en el bienestar de la gente."
Viejos males de hoy
Después de 82 años, en 1998 el dengue reapareció en la Argentina. Hubo otros dos brotes epidémicos, uno en 2000 en la frontera nordeste del país y otro a principios de este año, de nuevo en Salta, donde se originó el primero.
El dengue ataca en todos los niveles socioeconómicos, urbanos y rurales, si bien se ve favorecido por un medio ambiente sucio, con basurales, pozos de aguas estancadas y toda condición que colabore al desarrollo del A‘des aegypti , que es el mosquito que transmite la enfermedad.
"Cuanto peores son las condiciones de urbanización, mayor riesgo existe de que proliferen los mosquitos", dice el doctor Alfredo Seijo.
"Entre las enfermedades vectoriales, transmitidas por alguna picadura de insecto, el dengue es el mayor problema de salud de América y también de la Argentina donde, de producirse un brote epidémico, tenemos una población en riesgo de 20 millones de personas", asegura.
Seijo también alerta sobre la amenaza de la fiebre amarilla, enfermedad que había sido erradicada de la Argentina en 1896 y cuyo último brote selvático, en Misiones, data de 1966.
Su temor deriva de que el año pasado se encontraron en la frontera brasileña con Corrientes monos con fiebre amarilla. "Tenemos miedo de que vuelva a ser una enfermedad urbana, y esto hasta hace poco era impensable", admite.
En la ciudad de Buenos Aires la presencia del A‘des aegypti , transmisor del dengue, es generalizada. En el hospital Muñiz, un estudio realizado por el biólogo del servicio de Zoonosis, que dirige el doctor Seijo, encontró más de 50 criaderos de A‘des , en general en basurales abandonados, además de capturar durante varios meses mosquitos adultos. La actividad del mosquito en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano se registra de septiembre a junio.






