Las razones para enseñar a leer literatura

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
El escritor Ricardo Piglia explica por qué la lectura de literatura ayuda a descifrar otros discursos
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30 de julio de 2015  • 01:32

Resulta incómodo, y de alguna manera hasta injusto, que desde que se supo, hace más o menos un año, que Ricardo Piglia sufría los primeros síntomas de una enfermedad degenerativa, su trayectoria haya recibido importantes reconocimientos y su obra, usualmente esporádica y espaciada, se haya multiplicado velozmente. La paradoja está en que al mismo tiempo que no pueden dejar de lamentar su actual condición física, sus lectores agradecen, sin embargo, la aparición de títulos como Antología personal (2014) o el aún más cercano libro de entrevistas y ensayos La forma inicial. Conversaciones en Princeton, que acaba de ser publicado en la Argentina por Eterna Cadencia.

Ya no hay novedad en afirmar que para el autor de Respiración artificial y El camino de Ida la crítica literaria, la docencia, la escritura privada de diarios y la pública de cuentos y novelas conforman una trama única e indivisible: no existen fronteras que separen las ideas sobre literatura de su realización en la ficción. Es por eso que un libro como La forma inicial constituye un acontecimiento, así como lo fue en los años 80 la edición de Crítica y ficción, otro volumen compuesto de entrevistas, charlas y conversaciones. Aún a pesar de algunos trucos en la edición ( La forma inicial está compuesto por textos publicados en diversas revistas pero también reproduce uno aparecido ya en Antología personal y otro de Crítica y ficción) lo que cuenta es, tal vez, el efecto que la lectura en conjunto depara: como si después de atravesar sus páginas hubiera autores y obras que se revelaran bajo una luz nueva, inusitada. Sucede con los libros que nos enseñan a pensar.

"Para mí es mucho más interesante la literatura que la vida. Primero porque tiene una forma mucho más elegante, y segundo porque es una experiencia mucho más intensa", dijo Piglia

Articulado en torno a tres largas conversaciones ("Tiempo de lectura", en la Biblioteca Nacional argentina; "Medios y finales" y "Conversación en Princeton" en los Estados Unidos) esta antología rodea, según el propio autor, dos núcleos centrales de interés: "Por un lado, la renovación en los modos de narrar ligados, básicamente, a la forma nouvelle. Por el otro, he intentado transmitir la experiencia de escribir y enseñar literatura, o mejor, de hacer ver la relación entre esos dos modos de usar el lenguaje". Todo lo cual es cierto pero, por supuesto, no alcanza a agotar la variedad de temas y autores que Piglia recorre, con la inteligencia y sagacidad que lo han convertido en un auténtico maître à penser, a lo largo de estas páginas, y que incluyen reflexiones sobre áreas de interés que van desde Internet y los nuevos modos de leer y narrar hasta algunos de sus autores fetiche, como Juan Carlos Onetti, José Bianco y Henry James.

Páginas en las que aparecen, como fulguraciones, sus habituales hipótesis, ideas improvisadas y definiciones al paso que no dejan de sorprender por su cualidad proteica. Crítico de formación marxista, al ser consultado sobre la finalidad de enseñar a leer literatura, responde: "Si nosotros pudiéramos hacer saber que la lectura de la literatura supone una -no sé cómo llamarla- artesanía, una cualidad que luego permite leer bien cualquier otro texto, sin siquiera quedarnos en el registro literario, sino sencillamente que ahí existe una manera particular de descifrar el sentido, si lo que enseñamos es ese procedimiento de lectura, el sujeto va a poder leer muy bien la publicidad, los discursos políticos, todo lo que está en la Red".

"Pareciera que el arte nos permite tener la ilusión de un final elegante, de un final que no es desgraciado o que no es solamente desgraciado, sino que tiene un estilo", escribió

En el mismo sentido pueden interpretarse sus declaraciones acerca de la función que cree primordial a la hora de ejercer la crítica literaria: "Yo creo que la crítica es válida cuando puede ser usada para algo ajeno a la literatura. La crítica válida es aquella crítica que dedicada a la literatura genera un concepto que puede ser usado fuera de allí. Esos son los críticos que a mí me interesan. Lo que dicen sobre literatura construye un concepto que puede ser usado para leer funcionamientos sociales, modos de lenguaje, estructura de las relaciones". Y, sin embargo, porque el hombre está hecho de tensiones internas y contradicciones, puesto a elegir entre la vida y la literatura, como lo hicieran ciertas vanguardias artísticas en el siglo XX, Piglia no duda un instante: "Para mí es mucho más interesante la literatura que la vida. Primero porque tiene una forma mucho más elegante, y segundo porque es una experiencia mucho más intensa".

Dicen quienes lo frecuentan que no hay que descartar la entrega de un nuevo libro de relatos protagonizado por uno de los personajes de su novela Blanco nocturno, el comisario Croce, que ya fueron parcialmente exhibidos en Antología personal. Hace poco se supo también que la editorial Anagrama publicará sus diarios en tres tomos bajo el título Los diarios de Emilio Renzi: el primero aparecerá dentro de un mes. Habrá que coincidir con Piglia, cuando en el cierre de "Aspectos de la nouvelle", otro de los ensayos de La forma inicial, escribe: "Pareciera que el arte nos permite tener la ilusión de un final elegante, de un final que no es desgraciado o que no es solamente desgraciado, sino que tiene un estilo".

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