
Leandro Despouy: "No tenemos una cultura del control"
El presidente de la Auditoría General de la Nación habla de las dificultades para ejercer controles en un país cuya clase dirigente los desestima. Afirma que no está dispuesto a ser "un apéndice del Congreso ni de los intereses de la política", pero admite que a la Auditoría "le quitaron poder"
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Los días de Leandro Despouy están divididos literalmente en dos partes. Por las mañanas cumple su papel de relator especial de las Naciones Unidas para la independencia de jueces y magistrados en el mundo entero. Por las tardes, y hasta bien entrada la noche, se dedica de lleno a sus funciones como presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN). Pero en ambos casos la escencia de su trabajo es la misma: imponer mecanismos de control para mejorar la calidad de la democracia en el país o en el exterior.
Despouy parece tener en claro el peso que tienen sus informes de auditoría o las recomendaciones que elabora desde las Naciones Unidas. Lo que no puede medir es el nivel de impacto y respuesta que producen esos documentos aquí o en el exterior. De una cuestión está seguro: cree que en la Argentina, "por la historia y el escaso énfasis que el Estado ha puesto en los organismos de control, existe una desaprensión por los informes de auditoría". En el exterior, en cambio, asegura Despouy, por el peso que tiene Naciones Unidas, "los Estados tratan de tener en cuenta los documentos de control que se emiten sobre irregularidades en los poderes judicales".
Este diplomático de carrera, de origen radical, que en 1993 fue conocido en los diarios de todo el mundo por ser el negociador de Naciones Unidas para lograr el regreso del presidente Jean Bertrand Aristide a Haití, dialogó con LA NACION extensamente sobre las trabas, expectativas y cambios que observa en la Auditoría General de la Nación.
"La Argentina carece de una cultura del control", arranca Despouy en el despacho que ocupa desde hace tres años como presidente de la AGN. "Si tomara algunos rubros podría ilustrar esa desaprensión por el control", añade. "Hemos auditado la forma en que se han gastado los presupuestos desde 1994 y sin embargo en el Congreso nunca dieron tratamiento a esos informes. Es decir, no se aprobó la forma en que se gastó".
-¿Qué otros ejemplos podría mencionar como una muestra de la falta de atención a la Auditoría?
-Desde hace varios años la Auditoría venía alertando sobre el manejo de la deuda y los inconvenientes que ello iba a originar. Después llegó la crisis de 2001 y el estallido que vivimos. Si se analizan la cantidad de préstamos y el uso que se le dio a estos con subejecución, gastos administrativos enormes y préstamos de ajuste para refinanciar este modelo de endeudamiento, era visible lo que iba a ocurrir. Pero el tema más palpable para los ciudadanos es el de los servicios públicos. Hemos denunciado que en el proceso de privatizaciones se perdió lo escencial, que es el servicio al ususario, y nadie nos atendió.
-¿Y por qué cree que falla este sistema de control de la Auditoría? ¿Por qué se repiten las recomendaciones y denuncias de irregularidades en sus informes?
-Es que los argentinos tomamos conciencia de lo que acontece cuando pasa algo, y sólo entonces reaccionamos...
-Tarde.
-Lamentablemente, tarde. Creo que el problema central es el seguimiento de los controles. Si examinamos los últimos años, vemos que hubo algunos progresos, informes que han tenido enorme repercusión: las auditorías de la renegociación de contratos de ferrocarriles, las irregularidades en el PAMI, la concesión a Tales Spectrum, por poner algunos casos. Pero el control aparece como un diagnóstico. En muchos casos hay una reiteración de recomendaciones. Esto ocurre porque históricamente hay una desaprensión por el control. Esto se confirma, por ejemplo, cuando se analiza el caso de ferrocarriles: allí ni siquiera aparecen los inventarios de las privatizaciones, no se constituyeron las garantías. Se premiaba el incumplimiento. Pero, ¿cómo hacemos para garantizar mayores mecanismos de control? Bueno, la prensa es un elemento importantísismo. La difusión de los documentos por Internet y la difusión en los medios ha socializado la información. Este es uno de los aspectos que marcan la diferencia con otras gestiones.
-¿Pero es suficiente con ello? ¿No teme ser cómplice de este engranaje o formar parte de un sistema que ve como natural el hecho de no tener en cuenta los controles?
-No, siento la necesidad de señalar ante la prensa lo que ocurre para plantear la necesidad de correcciones. Lo otro es que quiero exonerarme en cuanto a las responsabilidades que me competen porque la transparencia y difusión de mi gestión destierran cualquier tipo de ocultamiento de información. Mi interés por que las recomendaciones se cumplan es un interés asociado con el destinatario, que es el ciudadano. Además, esta Auditoría no es un ente alejado de la sociedad. Hemos convocado a varias ONG para participar de las auditorías. Cuando el Poder Ejecutivo y el Legislativo valoren el rol de la Auditoría estarán valorando el rol que le compete a la sociedad en general.
-Teniendo tantas objeciones, ¿nunca pensó en renunciar?
-La Auditoría cuenta con recursos humanos muy capacitados. Ha ganado un alto prestigio en los últimos años, credibilidad y transparencia. Fíjese que The Center of Public Integrity ha catalogado a la AGN como un órgano de control de mayor transparencia en el país por el nivel de sus informes. Creo que hay muchas cosas más por hacer. Hay que dotar a este organismo de mayores instrumentos para ejercer un verdadero control y no ser un apéndice del Congreso. Por todo ello creo que voy a resistir. Hasta agotar todas las posibilidades de mejorar, no pienso en renunciar.
-Insisto, ¿no lo puede hacer cómplice de un control desdibujado?
-No, porque estamos haciendo un esfuerzo enorme para cambiar muchas cosas y voy a luchar hasta el final para resistir a quienes no quieren hacer cambios. Tengo una gran responsabilidad por delante antes de renunciar.
-¿Y quiénes se oponen a hacer cambios y mejorar la Auditoría?
-Creo que ello está dicho cuando planteo que no estoy dispuesto a ser un apéndice del Congreso ni de los intereses de la política.
-¿Recibió presiones del radicalismo para frenar algún informe de control?
-No, jamás. El radicalismo nunca me hizo planteos o presiones. Además, no soy un hombre que provenga del corazón del partido, por lo que tengo amplias libertades.
-¿Entonces la renuncia la usaría como un último recurso?
-Sí, será el último recurso cuando nada haya por hacer. Pero antes agotaré el camino de la lucha con los que me apoyan.
-¿Qué responsabilidad le atribuye al Gobierno en el no cumplimiento de los informes de la AGN?
-Ahora que los informes son públicos son más receptivos. Pero creo que a la ley (de facultades de la AGN) la amputaron para que la Auditoría no tenga mayores facultades de control. Le quitaron poder para exigir más cumplimiento de normativas. Le quitaron capacidad, por ejemplo, para evitar que un funcionario siga cometiendo las mismas irregularidades.
-Usted presentó un proyecto de ley para ampliar facultades a la AGN y aún no se hizo nada...
-El Congreso no lo trató porque no ve la oportunidad. Yo creo que es necesaria una auditoría con mayores facultades y mayor seguimiento de las recomendaciones. El país está en una encrucijada. No se puede continuar con este manejo del Estado porque es lo que ha hecho que el Estado fuera inviable. Es tiempo de pensar si queremos avanzar o seguir en el país de 1995, donde no había controles. Creo en la necesidad de mejorar el control porque es el parámetro para medir una democracia.
-¿Cuáles son los lugares del Estado donde observa mayor resistencia a controlar?
-Esto es muy amplio. Cada ministerio es distinto. Hay dependencias descentralizadas que responden. Hay ministerios que colaboran. Pero vemos dificultades puntuales en la búsqueda de información en el Banco Central y en la AFIP. Por el secreto bancario y por el secreto fiscal. Esto lo hemos planteado como un cambio fundamental. Necesitamos descubrir el secreto bancario o fiscal en muchas auditorías para descubrir irregularidades. Debería haber más transparencia en esto porque limita mucho los alcances del control. Además, hoy no podemos ser querellantes en la Justicia ante una denuncia de irregularidad. No podemos, como quisiéramos, suspender a un funcionario hasta que se compruebe su inocencia.
-¿Estos son desafíos que se impone para reconvertir la AGN?
-Lo importante es contar con un cuerpo más profesional que político. Ampliar las facultades de la AGN. Lo que se audita es lo más significativo pero hay organismos descentralizados que no están auditados.
-¿Esto significa que hay agujeros negros que nadie controla?
-Bueno, en la práctica pueden producirse esas situaciones porque no tenemos una amplitud del universo auditado y además no se audita en tiempo real. Hay universidades, organismos descentralizados, que no se alcanzan a auditar. El control es importante para la recuperación de lo institucional. Sin control no hay credibilidad. Esto muestra el grado de previsión de un país. Sin redes de control no hay confianza externa en el país. Si no logramos dar más facultades a la AGN, la Argentina de 2005 va a seguir siendo la Argentina de 1995.
-Esta ampliación de facultades, ¿tiene que ver también con el reclamo que han hecho por mayor presupuesto?
-Es necesario contar con un mayor presupuesto para la AGN que, desde su creación, en 1994, nunca tuvo un aumento de salarios, lo cual ha originado una fuga de técnicos al sector privado. Así, corremos el riesgo de vaciar la Auditoría, un espacio clave del Estado.
-¿Los resultados de sus informes como relator de las Naciones Unidas en temas de independencia judicial son más rápidos?
-Mi actividad en Naciones Unidas es una evaluación de la Justicia en el nivel mundial. Estos informes que provienen de denuncias de ONG, de dirigentes políticos o de colegios de abogados originan una respuesta rápida en lo disuasivo. Por el peso de las Naciones Unidas, los países toman una actitud de corrección ante nuestros informes. En Italia y en Ecuador hubo una intervención específica sobre irregularidades que, después, fueron corregidas.
-¿La respuesta es la misma en los países desarrollados que en los subdesarrolados, o esto es indistinto?
-Es indistinto. Nuestros informes se toman en cuenta en todo el mundo. En los países en desarrollo quizás sea mayor el énfasis que se les ponen a los informes.
-¿Y cómo evalúa la situación de la Justicia en la Argentina?
-Hay distritos donde el Poder Judicial es un apéndice del Ejecutivo, hay retrasos de la justicia y en otros casos hubo un sesgo muy marcado en la designación de jueces. Pero veo como valioso el sistema de designación de magistrados de la Corte. Creo que esto ayuda a transparentar el sistema.
El perfil
En Washington
Leandro Despouy nació en 1947 en San Luis. Ha sido profesor de derecho internacional público y se ha especializado en derechos humanos, en derecho internacional humanitario y en prevención y resolución de conflictos.
Experiencia en Haití
En 1993 lideró las negociaciones de la ONU en Haití para restablecer en el poder a Aristide, derrocado en 1991. Se negó a abandonar Haití pese a que el ejército había bloqueado el país y ordenado la evacuación de las misiones diplomáticas.





