Leer y entender no es tan difícil
Las modas deben ser respetadas... hasta que otras modas vengan a sucederlas. Una moda que parece haberse impuesto desde hace unos años es la de pensar que pocos o muy pocos leen, y que, definitivamente, los jóvenes no leen. Las generalizaciones, lo sabemos, además de ser odiosas son injustas y confunden.
Sin embargo, a pesar de que ésta debe de ser la época en que más cantidad de personas leen en el mundo, es cierto que algo esencial se está perdiendo por el camino: la comprensión, es decir, dar sentido a lo que se lee.
¿Son las prisas? ¿Es que se intenta leer tan rápido que no se tiene tiempo para reflexionar sobre lo que se lee? ¿Es que no se domina bien el código? En fin, que algo pasa, desde el momento que el Instituto Cervantes, haciéndose eco de tantas inquietudes, ha presentado en Madrid, el lunes último, el libro Saber leer (Editorial Santillana).
Este libro, coordinado y escrito por Giovanni Parodi, catedrático de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Chile), junto con Marianne Peronard y Romualdo Ibáñez, intenta enseñar a leer "con habilidad", es decir, a saber de verdad "comprender, interpretar y dar sentido" a las palabras. Los autores destacan que para comprender lo que se va a leer hay que "buscar el para qué cuando uno se enfrenta a la selva de información que hay ahí fuera", y diferenciar entre lectura de entretenimiento, de aprendizaje o de estudio, por poner tres ejemplos.
A aquellos lectores de raza que ya se están alarmando por lo obvio del razonamiento -algunos hasta recordarán el cuento "Instrucciones para subir una escalera", de Julio Cortázar-, hay que recomendarles que hablen con los profesores de los últimos años de escuela secundaria y de los primeros años del ciclo terciario o universitario. La congoja y la desazón reinan. Entonces, Saber leer viene a tratar de poner algunas cosas en su lugar.
Decíamos antes que las generalizaciones son injustas y confunden, y es cierto. Por ejemplo, el correo electrónico de la profesora Patricia Bailoff, dirigido a esta columna el 25/10, y cuyo asunto es: "El Club de Lectores presenta el 11º Café Literario", resulta altamente estimulante porque revela que hay otras realidades y algunas de ellas están en la Argentina. Para más precisiones, en la Ex Unidad Educativa Nº 9 de la ciudad de San Rosa, La Pampa.
El e-mail de Bailoff es tan entusiasta como extenso, por lo cual se hace necesario resumirlo. Escribe la docente: "El próximo lunes 8, a las 8.30, se realizará el tradicional Café Literario en la Ex Unidad Educativa N° 9 de la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, del que participarán los alumnos de las divisiones de primer año del Nuevo Secundario, quienes junto a sus familiares y amigos cerrarán este año de lecturas e intensa producción escrita, con la presentación del libro titulado Almas libres . Esta presentación se hará en versión papel y digital, ya que el libro se podrá leer desde el blog de la escuela ue9blogspot.com ".
Después, Bailoff, que es docente del establecimiento educativo y, junto con la profesora Marta Cicconi, coordina las actividades del Café, pasa revista a parte de lo realizado: "Los chicos del Club de Lectores recibieron la visita de los escritores Adela Basch, Edgar Morisoli y Adriana Maggio; se viajó con una delegación a la 36» Feria Internacional del Libro de Buenos Aires; los alumnos Micaela Alvez y Matías Palomino recibieron el Tercer Premio y Mención Especial, respectivamente, en el concurso de la Academia Nacional de Ciencias, y el 1º de octubre pasado, los chicos del Club se sumaron a la Maratón de Lectura de la Fundación Leer, con la presentación de obras de títeres, escritas por los alumnos".
Hay más, pero esta enumeración basta para demostrar que hay jóvenes -en este caso, muy jóvenes- que no sólo saben leer sino que dan el paso siguiente y también escriben, y reciben premios.
Una última referencia a la loable iniciativa del Instituto Cervantes: Saber leer es el último título que completa una trilogía, iniciada en 2006 con Saber escribir y continuada en 2008 con Saber hablar . © LA NACION


