
León XIV, Milei y el PJ: el espinoso recorrido entre Roma y Claypole
El primer interés del Gobierno fue tener algún anticipo de qué podría llegar a decir el Pontífice. ¿Hablará de pobreza? ¿De corrupción? ¿De distribución de ingreso? Hasta ahora, Robert Prevost no ha tenido inconvenientes políticos en sus giras; al contrario: ha demostrado ser antes que nada un pastor, capaz de plantear temas explosivos sin entrar en el barro

Si fuera por lo que pretende el Papa, la visita al Cottolengo de Claypole, prevista para el 9 del mes próximo, se haría sin ninguna autoridad, ni nacional ni provincial ni municipal. Fue un pedido especial y taxativo del Vaticano a los obispos en las reuniones preparatorias. Pero esto es la Argentina: no hay un solo dirigente político de alto perfil con imagen neta positiva y una foto en la celebración jugará siempre a favor. Tensiones que se irán resolviendo sobre la marcha. Luján, en cambio, parece una situación distinta porque se hará una misa en lugar abierto y para ese día, último de la gira, la única recomendación fue no convertirla en acto partidario.
La agenda de estos viajes se confecciona en un ida y vuelta. El armado del menú de opciones le corresponde al clero local y la Santa Sede acepta o rechaza cada propuesta. La del Cottolengo, que venía ya confirmada desde junio, tiene para la Iglesia un significado superlativo. No tanto por lo que podría interpretarse desde el lado más vernáculo del asunto, que la Argentina discute en estos días la ley de discapacidad y eso enfrenta al Gobierno y a la oposición, como por una cosmovisión antropológica que viene del Génesis e indica que todos los seres humanos, desde Messi, Milei, Lali Espósito o Paolo Rocca hasta el más olvidado o indefenso vecino en situación de calle o de una toma en Guernica, tienen la misma dignidad porque son personas creadas a imagen y semejanza de Dios. En el Cottolengo Don Orione viven 410 internados y apenas el 20% de ellos reciben la visita de sus familias. Son los postergados de los postergados. Hay ahí un punto de contacto entre tres de los temas que el Papa viene de abordar en su viaje a Francia: la caridad con el más débil y el rechazo al aborto y a la eutanasia.
Por eso el primer interés del Gobierno fue en las reuniones preparatorias tener algún anticipo de qué podría llegar a decir el Pontífice. ¿Hablará de pobreza? ¿De corrupción? ¿De distribución de ingreso? ¿Del Buen Samaritano, como García Cuerva en el tedeum? ¿Cómo debería ser interpretada esa parábola en la Argentina de hoy? Después de todo, un libertario podría argumentar que aquel buen hombre se encargó del moribundo pagando la cuenta con el propio bolsillo, sin pedirle un denario al Imperio Romano. “Repasen el viaje a España y van a tener una idea”, se limitó a contestarles a los funcionarios Jorge Scheinig, arzobispo de Mercedes Luján, en uno de esos encuentros.
Hasta ahora Robert Prevost no ha tenido inconvenientes políticos en sus giras. Al contrario. Ha demostrado ser antes que nada un pastor, capaz de plantear temas explosivos sin entrar en el barro. “Y…, tiene 20 años de Perú”, concluyó uno de los empresarios que intentarán verlo en la UCA. El Sumo Pontífice pidió además datos de la Argentina. Tiene buenos informantes. Alberto Bochatey y Alejandro Moral Antón, por ejemplo, obispos agustinos con quienes mantiene diálogo frecuente y que seguramente habrán constatado lo mismo que otros: que está ilusionado con el viaje, principalmente con su regreso a Perú.

En Chiclayo, la que fue su diócesis, lo recuerdan atento a la doble dimensión, la terrestre y la celeste. Durante la pandemia, mientras recababa fondos para la construcción de dos plantas de oxígeno, sorprendió también al salir con el Santísimo Sacramento, en medio de la cuarentena, a bendecir las calles vacías y las casas.
Su visita al Cottolengo será un mensaje fuerte. En ese predio, mantenido como se puede gracias a donaciones y pese a la crisis del PAMI y el programa Incluir Salud que aporta cada internado, Abel Pintos probó el miércoles sonido para lo que será una performance musical y gratuita conjunta con los residentes.
¿Podría incomodar al Gobierno, que pone en duda muchas pensiones por discapacidad? “El 60% son truchas”, publicó ayer en Twitter Santiago Caputo. Quienes asesoran a Milei dicen que tomarán las críticas “con naturalidad”. Las objeciones se oyen más bien en la periferia libertaria. Ahí no gustaron las palabras de García Cuerva del fin de semana, cuando el arzobispo dijo que el Papa se encontraría con una Argentina “en crisis y con alto porcentaje de pobres”. Al igual que en el tedeum, el Presidente hizo silencio, pero otros reaccionaron. “El Papa se va a encontrar con obispos absorbidos por las cosas del César”, contestó el senador Agustín Monteverde. En realidad, tampoco en la Conferencia Episcopal Argentina hay tanta cohesión al respecto. Al contrario: varios obispos preferirían no anticiparse con ninguna declaración.
Que la visita de León XIV, gestada luego de una invitación de la Cancillería, haya caído justo cuando se discute la ley de discapacidad puede sonar a ironía. Pero ocurrió. Los libertarios niegan que haya influido en la decisión de revisar las condiciones que habían incluido en el presupuesto 2027. Difícil de constatar. Lo que parece más claro es que esa marcha atrás derivó en todo caso de un desajuste interno. Los Menem y el ala política del Gobierno habían negociado con la oposición votos para varios proyectos a cambio de aceptarles los dictámenes para morosidad y discapacidad, probablemente porque suponían que habría tiempo para frenar ambos. Esas conversaciones contaron además con el aval de Alejandro Vilches, todavía director de la Andis. El ministro de Economía, en cambio, no estaba al tanto de nada. Y el tema tampoco se había incluido en la mesa política.
Quien primero advirtió el desacople fue la secretaria legal y técnica, María Ibarzábal, cuando recibió el borrador la noche previa a que se enviara el proyecto. Funcionaria leal a Santiago Caputo, Ibarzábal se lo hizo entonces saber enseguida al Palacio de Hacienda y eso desencadenó la reacción del ministro, Luis Caputo, que decidió reescribir la iniciativa, volver a las condiciones previas y las incluyó a las apuradas en el presupuesto. Lo que vino después ya se sabe: al día siguiente se enteraron los legisladores, entre ellos Patricia Bullrich, y explotó todo porque ya nadie estaba dispuesto a firmarlo. Para Bullrich, que tomó el tema como estandarte, era además una doble carambola: aprovechaba para diferenciarse del Gobierno y lo hacía objetando a los Caputo, algo que nunca le caería mal a Karina Milei. Esa obra maestra de la descoordinación no podía terminar de otro modo que con la renuncia de Vilches. Se la pidió Santiago Caputo.

Al Gobierno le sirvió, sin embargo, para ahorrarse un desgaste en el arranque de la campaña, con la oposición envalentonada porque la economía no levanta del modo en que suponía Milei. Algo relevante porque las proyecciones de los libertarios tampoco prevén una mejora grandilocuente, sino a lo sumo un leve repunte. “Tasas de país normal”, suele decir Federico Sturzenegger, el más optimista de todos. Anteayer, durante una exposición ante la Cámara de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas, el ministro de Desregulación les preguntó a los asistentes cómo les estaba yendo y la respuesta fue un gris: unos caen, otros suben, otros siguen igual. “¿Van a hacer algo?”, le preguntaron los empresarios, y Sturzenegger repitió lo que muchos libertarios tampoco quisieran escuchar: que no hay mucho por hacer y solo cabe esperar.
Es una respuesta pensada, sustentada en el argumento de que el efecto multiplicador del gasto da cero porque siempre supone darle a un sector lo que en realidad se le quita a otro y que, por lo tanto, hay que aguantar. Igual que Patricia Bullrich, Sturzenegger suele traer al presente conclusiones del fracaso de Macri: dice que al líder de Pro lo convencieron en 2018 de que las cosas estaban mal y que eso lo llevó a entregar las anclas de la economía. Lo explica con una frase de Yoda en Star Wars: “El miedo a perder es el camino hacia el lado oscuro”. Es el mismo mástil al que se aferra Milei.
Viene entonces un año largo. Con los dolores de un ajuste que no terminó y, a la vez, fundamentals que al menos permiten proyectar estabilidad. Cuál de las dos realidades definirá la elección no lo sabe nadie. De tan ambivalente, el escenario pone nervioso al universo libertario, pero descoloca al mismo tiempo a una oposición que quisiera una crisis evidente. O un estallido. “Quiero sacar a Milei y que se vaya lo más desordenadamente posible”, se sinceró esta semana Emilio Persico. Difícil con el dólar bajo control, y más improbable aún sin programa alternativo ni candidato. Todo eso está en veremos: Oscar Parrilli ha empezado a decir en confianza que habrá un acuerdo entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, pero Massa está más en campaña que nunca.
Es lo que explica las recomendaciones del Vaticano. Hay otra para los movimientos sociales: León XIV es el sucesor de Pedro, no de Francisco, que tendrá en todo caso un homenaje acotado en la Catedral de Buenos Aires.
Será un mensaje universal en el amplio sentido del término. De ahí viene la expresión católica. “Bienvenidos todos” fue el eslogan elegido por los obispos argentinos para la visita. Dicen que el Papa aceptó, pero que se encargó personalmente de agregarle un concepto del Evangelio: “Vayan y anuncien”. Es lo que viene a hacer.

