
Los eternos enigmas de la curiosidad humana
Hubo un tiempo, en los siglos XIX y XX, en que no existían Google, Wikipedia, Yahoo Answers ni Ask.com y en el que la curiosidad humana más genuina se satisfacía de modos que hoy parecen ridículos.
Ésa es la conclusión de un proyecto de la Unidad de Arquitectura de la Información de la Biblioteca Pública de Nueva York, en el que divulgó cientos de tarjetas que contenían preguntas a los empleados, datadas décadas atrás, con consultas que hoy claramente suenan disparatadas, como: "¿Son las mujeres mamíferos?".
El asunto tomó relevancia al contrastar con las búsquedas que, se supo, han sido las más recurrentes durante el año que está a punto de concluir: qué le pasó en la cara a la actriz norteamericana Renée Zellweger compite con cómo anudar una corbata.
Ayer mismo, la mayor incógnita de la humanidad conectada, según el sistema predictivo de un buscador, era qué pasaría si el Sol se apagara, una inquietud tan existencialista como veraniega.





