
Los problemas del sector lechero
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Una suma de factores adversos se proyecta sobre la pujante agroindustria láctea, cuyos principales productos no logran abastecer al comercio minorista.
Por un lado, deben computarse los efectos de las inusitadas precipitaciones ocurridas en la principal cuenca lechera, con centro en la provincia de Santa Fe. La acumulación de agua en campos y pasturas, al igual que la interrupción de caminos que perturbaron las entregas de los ordeñes durante varios días, dieron lugar a quebrantos importantes.
Por otro lado, durante el último año y medio se ha desatado una activa intervención gubernamental, basada inicialmente en el aumento de retenciones a las exportaciones, que se incrementaron al 15 por ciento para leches en polvo y quesos, las que luego, ante la evidencia de su perjuicio, se redujeron parcialmente.
Posteriormente, y ante el aumento del precio del maíz, de alta incidencia en el costo de producción de los tamberos, se acudió a un fondo de compensación, alimentado con más retenciones a la soja, para retribuir a los tamberos con 5 centavos por litro de leche, que hasta ahora, tras los trámites correspondientes, sólo han logrado cobrar unos 5000 tamberos, un 40 por ciento del total.
Más recientemente, ante la impetuosa suba del precio internacional de la leche en polvo, se decidió establecer un precio de corte de 2100 dólares por tonelada que se exporte, por encima del cual toda diferencia pasa a constituir otro fondo, cuya finalidad sería similar al arriba mencionado y, obviamente, evitar que el crecimiento de los precios mundiales, que hoy superan los 4000 dólares por tonelada, provoque subas en el precio de la leche y derivados a los consumidores locales. Sumada a las retenciones antes mencionadas, esta captación de fondos equivale a una imposición a estas exportaciones que ronda el 50 por ciento.
Como consecuencia de la suma de las mencionadas inclemencias climáticas y de la intervención oficial, la producción de leche, que había alcanzado nuevamente el pico anterior de 10.000 millones de litros anuales, se redujo en un 10 por ciento, motivando el mencionado desabastecimiento. No obstante el desmantelamiento de varias decenas de tambos, se espera que bajo condiciones normales se pueda obtener el impulso para proyectarse hacia la producción anterior hacia fines del año.
Hoy, según las manifestaciones vertidas por los dirigentes del sector durante los debates efectuados en Mercoláctea, la gran exposición sectorial, el precio de la leche al productor, de 70 centavos por litro, le resultaría retributivo, aunque en las condiciones inflacionarias actuales y con el grado de intervención gubernamental existente, el incentivo para invertir se torna poco atractivo.
La maraña de regulaciones que quitan a unos para dar a otros adquiere características sin par, que en el copioso escenario intervencionista que caracterizó a la economía argentina en la segunda mitad del siglo XX, encuentra escasas similitudes.
En efecto, a las altas retenciones a las exportaciones de todos los productos agrícolas, se suman limitaciones a las ventas al exterior, primero de carnes y ahora de trigo y maíz. También cuotas y un registro de exportaciones de carnes, equivalente a una licencia previa para exportar. Por su parte, la creación del mencionado fondo de compensaciones, alimentado con retenciones adicionales a la soja y sus derivados, va siendo lentamente destinado a productores de leche, aves, cerdos, vacunos y, próximamente, de terneros.
Si se computan las graves distorsiones económicas de tal sistema, el mar de papeles requerido para proceder a cada compensación, con sus correspondientes riesgos de corrupción y mayores costos para productores y para el Estado, así como la enorme dificultad en retornar al natural desempeño de los mercados, parecería más natural, equitativo y sencillo un sistema de compensaciones a los consumidores de bajos ingresos, mientras persista el alto precio mundial de los alimentos.




