Lula, el eterno opositor

En octubre próximo, los brasileños van a las urnas para elegir presidente. La oposición, nuevamente encarnada por el desgastado trabajador metalúrgico, navega en un mar de dudas y contradicciones, que no hacen más que facilitarle las cosas al actual jefe del Estado, Fernando Henrique Cardoso.
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17 de mayo de 1998  

San Pablo

UNA broma que circula últimamente en el ambiente político del Brasil dice que los electores brasileños votarían hasta a un poste con tal de evitar cuatro años más de Fernando Henrique Cardoso. El problema es que cuando se le coloca nombre al poste acaban prefiriendo a Cardoso. La chanza es una buena síntesis para explicar a una oposición que navega en un mar de contradicciones y no consigue aún presentarse como una opción válida frente al electorado.

Como en 1994, el juego es nuevamente un mano a mano entre Cardoso (Partido Social Demócrata Brasileño) y Luiz Inacio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores). El sociólogo acumula el 38 por ciento de la intención de votos; el metalúrgico, el 24. Los demás candidatos juntos suman una cantidad de votos que aunque no es significativa puede llegar a ser decisiva para pasar a una segunda vuelta si nadie llega al 50 por ciento.

Pros y contras



En octubre ocurrirán dos hechos históricos: por primera vez en 109 años los brasileños tienen la posibilidad de reelegir a un presidente. Y también por primera vez en mucho tiempo un jefe de Estado en el Brasil llega al final de su mandato con un índice de popularidad tan arrolladora. No precisamente porque su gobierno haya sido ejemplar: se batió este mes el récord de desocupación de los últimos 15 años (18 por ciento), el récord de violencia urbana, casos de corrupción involucraron a colaboradores directos del presidente, hubo desatención con los incendios en Roraima y la sequía con hambruna en el nordeste, aumento de brutalidad policial, multiplicación de impuestos, intereses altos, ajustes económicos y tantos etcéteras. Con esos antecedentes, un apoyo tan arrasador no se justifica apenas por la "sonrisa de azafata", que el recientemente fallecido ministro Sergio Motta decía que el presidente tiene. El Plan Real es una explicación mejor. Este equivalente a la Convertibilidad argentina consiguió librar al país de la inflación, atraer inversiones y devolver credibilidad al mercado. En su primera etapa, al igual que el plan de Cavallo en la Argentina, sumergió a los brasileños en un consumo desenfrenado de electrodomésticos y automóviles. Hoy las estrellas son los créditos inmobiliarios, la modernización y el abaratamiento de los servicios tras el plan privatizador. Es contra todo este arsenal que la oposición brasileña lucha, y la munición es tan pesada que sólo un hecho decididamente fantástico como la catalización de los desaciertos de Cardoso por parte de los electores lograría hacerle perder al presidente su pole position . Más cuando la alternativa es una oposición que no sabe si privatizar o reestatizar, devaluar o mantener el cambio, aliarse o separarse.

Echale la culpa a Río



Hasta la semana pasada Luiz Inacio Lula da Silva amenazaba con desistir de la candidatura a presidente por el Partido de los Trabajadores. Habría sido devastador para el PT: ningún otro candidato del partido supera el 2 por ciento de apoyo.

Lula no quería participar de estas elecciones. En primer lugar porque está cansado. Esta va a ser la tercera vez consecutiva que se postula, y de las tres, la que aparece con menor posibilidad de éxito. Cuando aceptó dijo que entraba al ruedo si el partido le garantizaba la mayor cantidad de alianzas. Le dijeron que sí, pero hace dos semanas el PT de Río de Janeiro le jugó una mala pasada. Conocidos por ser los más radicales de la fuerza, los petistas cariocas decidieron no apoyar al candidato del Partido Demócrata Trabajador, principal aliado en el frente de Lula. Leonel Brizola, jefe del PDT, iba como vicepresidente en la fórmula presidencial. "Me echaron un balde de agua fría", dijo Lula a La Nacion hace diez días, cuando se enteró de que los petistas de Río le quebraban la alianza. Rechazaban a Antony Garotinho, un pedetista con preferencia de voto en todo el estado carioca, para apoyar a Vladimir Palmeira, un petista con menos de 4 por ciento de apoyo. "Sin el PDT y Brizola, no me postulo", dijo Lula. La crisis le costó al PT varias tapas en los diarios, que los llamaban de incapaces para aliarse con otras fuerzas progresistas. Después de diez días de desgaste, el PT le puso fin a la cuestión: anuló la decisión de Río y alió al PT y PDT a la fuerza, con Antony Garotinho a la cabeza en la fórmula provincial.

Y se sumaron al frente los minoritarios Partido Socialista Brasileño y Partido Comunista del Brasil.

¿Cuánto le aporta al PT el populista Brizola? ¿Cuánto le aporta al PDT la alianza con Lula? Muchos dicen que habría sido más productivo para ambos luchar por separado, y juntase en la segunda vuelta, para no acumular los índices de rechazo de cada uno.

Aunque la oposición va a estar polarizada en Lula, los votos que consigan otros personajes políticos pueden llegar a definir el paso a una segunda vuelta.

Ciro e Itamar



El primer personaje en la lista es Ciro Gómez. Fue durante cuatro meses ministro de Economía de Fernando Henrique en la primera etapa de su gobierno. Se fue enemistado con el presidente, blandiendo la idea de que no quería continuar en un gobierno que había traicionado sus ideales de izquierda. Se haría la prueba del ADN si eso fuera suficiente para probar que es el padre del Plan Real. Dice que él lo creó, y que sólo él podría volverlo a su cauce para que además de estabilidad genere trabajo. Después de flirtear con varios partidos, acabó quedándose en el minúsculo Partido Popular Socialista -rama del Partido Comunista-, por el que es candidato a presidente. Los antecedentes marxistas del PPS no quieren decir nada porque el partido apoyará en muchos Estados a los candidatos a gobernador de Cardoso. Las encuestas dicen que tiene entre 8 y 10 por ciento de los votos, lo cual sería significativo si no fuera que la tercera parte del electorado no lo conoce, y que el tiempo que le queda hasta las elecciones no es suficiente para imponer su nombre.

Itamar Franco, presidente en 1992 cuando debió asumir después de que Fernando Collor de Mello fuera suspendido en sus funciones durante el proceso de impeachment por corrupción, es el tercer personaje por considerar. Se volvió un opositor furibundo luego de que una operación presuntamente dirigida desde el Palacio del Planalto -sede del gobierno brasileño- le impidió convertirse en candidato por el PMDB. En una convención bochornosa, los peemedebistas que pretendían presentar un candidato a presidente perdieron rotundamente contra los que consideraban que el partido debía apoyar a Cardoso. Itamar salió casi llorando, prometiendo que hará lo que sea para convertirse en una piedra en el zapato del presidente. Aún no tiene partido, pero podrá ser candidato a gobernador por su Estado, Minas Gerais, aun por el PMDB. Vale la pena recordar que Cardoso llegó al poder primero como ministro de Franco, y luego impulsado por éste para postularse a candidato a presidente.

El senador Sarney... y Collor



En las filas del PMDB también circula el senador y ex presidente José Sarney. Critica acciones del gobierno y a veces elogia a opositores, pero las apuestas dicen que va a vender caro su voto a favor de Cardoso, a cambio que el oficialista PSDB apoye a su hija Roseanne Sarney al gobierno del Estado norteño de Maranhao.

La cereza de la torta es Fernando Collor de Mello, que volvió al país después de pasar tres años autoexiliado en Miami. Una resolución del Tribunal de Justicia de Alagoas, su Estado, le permitió postularse a presidente, aunque la suspensión que había recibido en 1990 le impedía participar en política hasta el 2002. Lo más probable es que el Tribunal Superior de Justicia le corte la campaña antes de octubre. Mientras, Collor se mide, y va a canales de televisión donde los conductores doblegados por su carisma lo tratan como a un candidato más. Niega los casos de corrupción uno a uno hablando de conspiraciones. Sabe que sus posibilidades son mínimas, pero aprovecha para mantener el nombre circulando con vistas al 2002. Algunas encuestas dicen que tiene 7 por ciento de las intenciones de voto. Todos se los saca a Cardoso, de las clases bajas.

Ay, ¿qué será, qué será?

El caballito de batalla de Cardoso como candidato será la estabilidad, y su campaña consistirá en prometer las acciones sociales que quedaron olvidadas en su primer mandato en medio de las reformas económicas. Además del PMDB y otros partidos menores, lo apoya el poderosísimo Partido del Frente Liberal. El PFL es conocido por la capacidad de sus dirigentes para aliarse, negociar y obtener cargos en todos los gobiernos. Son ellos los articuladores de la mayoría de las victorias de Cardoso en el Congreso. Y, sin duda, sus posibilidades de éxito en las elecciones serían bastante menos sin las figuras del PFL, maestros de la simbiosis.

El presidente se muestra confiado. Las encuestas están de su lado, y su prestigio como intelectual y articulador de las reformas que volvieron a poner al Brasil en el escenario mundial le asegura el apoyo absoluto del poder económico en el exterior, un factor al cual el PT no parece asignarle demasiada importancia.

Lula apuesta a hacer campaña con los altos índices de desocupación, intentando llevar para su molino a los desocupados y a los ocupados que tienen miedo de perder el empleo. La oposición brasileña parece David luchando contra Goliat. Un David con muchas piedras para tirar, pero poca puntería.

Por Luis Esnal

(Corresponsal en Brasil)

La segunda vuelta

San Pablo

EN diálogo con La Nación, el presidente nacional del PT, José Dirceu, aseguró que en la última semana aumentó el rechazo a la figura del presidente. "El 33 por ciento de electores no votaría a Cardoso bajo ninguna hipótesis", dijo.

Por eso, Dirceu afirma que hoy tienen "seguridad total" de que Cardoso no obtendrá más del 50 por ciento de los votos y habrá obligatoriamente una segunda vuelta. "Y si hay segundo turno, va a ser un impacto político tan grande que hoy es imposible analizar ese escenario".

Lula es votado por los operarios industriales, las clases medias urbanas -en este sector está empatado con el presidente en las principales capitales-, los movimientos sociales organizados, buena parte de la juventud y una parte minoritaria de las clases más populares, donde Cardoso arrasa. Lo apoyan también el Movimiento de Campesinos Sin Tierra, los sindicatos -Lula es una figura surgida del gremialismo- y la Iglesia, que con un discurso opositor duro encamina directa o indirectamente muchos fieles hacia el PT.

No votan a Lula el electorado conservador ni buena parte del de clase media y baja.

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