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OPINIÓN

Magnifica Humanitas y sus aportes para un momento histórico

En momentos de euforia por los beneficios que ofrecen los avances digitales, la encíclica del papa León XIV nos invita a debatir sobre temas inéditos y complejos, para mejorar el diálogo entre ciencia y fe

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El papa León XIV firma la encíclica Magnifica Humanitas en el Vaticano
El papa León XIV firma la encíclica Magnifica Humanitas en el VaticanoHANDOUT
Santiago del Sel
Por Santiago del SelPara LA NACION
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El 15 de mayo de 1891, en medio de la euforia e incertidumbre de la revolución industrial, el papa León XIII presentó Rerum Novarum, primera encíclica social en donde habló sobre los conflictos entre el capital y el trabajo, la dignidad de las personas, el destino universal de los bienes y otros aspectos que constituyeron las bases de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y los fundamentos de lo que muy pronto se conocerá como justicia social (1931).

Al cumplirse 135 años de dicha presentación, el papa León XIV presentó Magnifica Humanitas (MH) que al igual que su predecesor plantea las “res novaes” (“cosas nuevas”) a la luz del Evangelio y los fundamentos de la DSI, bajo la inquietante pregunta: ¿la inteligencia artificial (IA) hace la vida más humana y digna?

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El papa León XIII junto a sus colaboradores
El papa León XIII junto a sus colaboradores

Si bien los tiempos han cambiado, la nueva revolución digital que comprende la digitalización, la robótica y la IA, ofrecen al igual que a fines del siglo XIX, sorprendentes oportunidades pero también dudas sobre la dignidad y centralidad del ser humano en el avance científico.

La encíclica resulta un documento extenso y rico en contenidos, pero intentaré ser fiel a sus contenidos.

Lo primero que sorprende es la detallada recapitulación de las múltiples encíclicas que continuaron a la RN a lo largo del siglo XX. En ellas se observa el firme propósito de la Iglesia de no interferir ni obstaculizar el desarrollo material y científico, sino de colaborar en el discernimiento del progreso en relación con las verdades evangélicas. Si bien el detalle excedería esta nota, vale rescatar la contribución excepcional que significó el Concilio Vaticano II (1962-5) que facilitó la conciliación del mensaje cristiano y los mandatos emergentes de un desarrollo científico-económico sin precedentes.

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A continuación MH entra en los aspectos más sensibles de la actual coyuntura y para ello nos propone una bella imagen bíblica: la humanidad frente a la construcción de una nueva torre de Babel o a replicar el ejemplo de Nehemías (líder judío del siglo V a.d.C.)

La Torre de Babel, pintura de Pieter Brueghel el Viejo
La Torre de Babel, pintura de Pieter Brueghel el ViejoShutterstock - Shutterstock

Babel como símbolo de la soberbia de quienes desafían la finitud e imperfección humana, privilegiando la eficiencia y la uniformidad para alcanzar el cielo.

Por el contrario, Nehemías frente al desafío de reconstruir las murallas de Jerusalén, pide la ayuda de Dios y se dedica a recuperar los vínculos en su pueblo convocando hasta el más débil para la tarea.

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A continuación, León XIV identifica aspectos de nuestra cotidianidad que por su innovación y efectos disruptivos captan la atención y merecen un mayor discernimiento para evitar juicios apresurados o reduccionismos.

En el afán de síntesis seré selectivo.

La IA no tiene conciencia moral, no juzga el bien o el mal, no asume sus consecuencias; su atractivo (eficiencia, supuesta objetividad y similitud humana) puede conducirnos a una sociedad hiperconectada pero de hipersolitarios.

Detrás de esta explosión digital existen grupos privados que con los datos e información que logran pueden orientar consumos, sesgar la información, condicionar procesos democráticos y redefinir en su interés el llamado bien común, que no es la sumatoria de los bienes particulares, sino el aspirar a un proyecto compartido.

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En esto último MH reitera una preocupación que ya es realidad: la concentración desproporcionada de poder en grupos privados en contraposición de estados soberanos en general y democracias republicanas en particular que sufren un lento pero progresivo desgaste que debilita sus instituciones, genera escepticismo sobre su eficiencia y pone en dudas su futuro.

La perspectiva de un “hombre hibridado” (“transhumanismo” y “posthumanismo”) despierta curiosidad e interés pero cuidado en que no degrade al ser humano a material descartable.

Para cerrar este capítulo nos advierte sobre el nuevo colonialismo que significa la propiedad y manipulación de nuestros datos e incluso nuestra intimidad; sobrevuela la sombra de “nuevos patrones” que gracias a modelos predictivos y algoritmos puedan digitar quiénes y qué importa.

El último llamado de atención que rescata León XIV tiene a la guerra como protagonista. Alarma su rehabilitación como instrumento primario de la política internacional, en línea con narrativas mediáticas polarizadas y amplificadas por algoritmos que premian el enfrentamiento, todo ello en simultaneidad con el descrédito a organismos internacionales tales como la ONU y la OMS.

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Pero la riqueza de MH se completa con aportes de valor.

En primer lugar reconocer la valentía de su publicación en un momento de euforia por los beneficios que los avances digitales están logrando. Asumiendo el riesgo de la descalificación o su tergiversación, nos invita a conversar y debatir sobre el tema y mejorar el discernimiento sobre temas inéditos y complejos.

¡Bienvenida Magnifica Humanitas para mejorar el diálogo entre ciencia y fe!

León XIV nos invita a rechazar la cultura del poder, las visiones maniqueas, la agresividad y los prejuicios para recuperar el valor de la cercanía, el visitar al enfermo o al solitario, el ayudar al pobre o cuidar de los ancianos.

Entre otros aportes más concretos se destaca el llamado a considerar que las patentes, algoritmos, plataformas digitales y datos deben ser tratadas como “bienes con destino universal” y para ello asegurar su reglamentación y regulación evitando su explotación sin límites y de manera opaca.

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Promueve una nueva “ecología de la comunicación” invitando a defender el periodismo serio, estimular debates con argumentos y recuperar la familia y la educación para un uso más responsable del mundo digital.

A este respecto rescata la necesidad de la formación continua del docente en el uso creativo y crítico de las herramientas digitales y evitar la proliferación de alumnos que saben de todo pero carecen de un proyecto de vida!

Para lograrlo León XIV apela a la utopía: podemos reconstruir nuestra “ciudad” gracias al amor (“civilización del amor”)

“...incluso en las horas más oscuras, el Señor suscitó hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien; personas que protegen a los frágiles y promueven la reconciliación. No nos quedemos paralizados ante la magnitud y dificultad del desafío…cada uno en su ámbito de actuación puede optar entre la lógica de la fuerza o la paz con verdad y cercanía”

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León XIV nos invita a rechazar la cultura del poder, las visiones maniqueas, la agresividad y los prejuicios para recuperar el valor de la cercanía, el visitar al enfermo o al solitario, el ayudar al pobre o cuidar de los ancianos.

¡Que la revolución digital colabore con el mandato divino de multiplicar los bienes sin sacrificar el rostro divino reflejado en nuestra magnífica humanidad!

Santiago del Sel
Por Santiago del SelPara LA NACION

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