
Malvinas: héroes reivindicados en los discursos, pero abandonados a su suerte
La crisis de la obra social de las FFAA afecta miles de militares, entre ellos muchos veteranos de guerra

“Defender nuestra soberanía y recuperar nuestras islas requiere ser una nación políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable. No hay otro camino. Y esa es la verdadera forma de rendir homenaje a quienes entregaron su vida por esta causa y a los veteranos que volvieron”, dijo el presidente Javier Milei en su discurso por cadena nacional, el día que anunció el fortalecimiento de las políticas sancionatorias para las empresas que usufructúen recursos naturales en el archipiélago y, también, medidas para reforzar los reclamos de soberanía por las islas Malvinas. Parte de su discurso, como hizo cada gobernante en las últimas cuatro décadas cuando abordó el tema, estuvo destinado a reivindicar a nuestros héroes de guerra.
En el último año dos comodoros (R) de la Fuerza Aérea Argentina, uno de ellos piloto condecorado por su actuación en la guerra del Atlántico Sur, padecieron una situación dolorosa marcada por sentirse abandonado por el estado argentino. Sus historias son solo una muestra de lo que están padeciendo miles de militares y sus familias con la crisis del Iosfa -Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas- cuyos servicios vienen desapareciendo día a día hasta llegar a un punto de cero presencia en la cobertura médica porque directamente dejaron de prestarla o de suministrar drogas o medicamentos, muchos de ellos imprescindibles para tratamientos de tipo oncológico y, también, no reconociendo los reintegros correspondientes cuando algunos de estos servicios, impostergables, son abonados por ellos mismos. Estos dos casos van a modo de ejemplo. Por un pedido de sus familias, los protagonistas de estas historias no serán nombrados, pero son fácilmente identificables entre sus colegas que, al igual que ellos, están literalmente abandonados por Iosfa.
Un caso sucede en Mendoza, donde un expiloto de aviación que arriesgó su vida en combate, con una faena merecidamente reconocida y admirada en todo el mundo, está atravesando un momento delicado de salud y su familia no puede conseguir que le reconozcan la cobertura del tratamiento oncológico en Iosfa y es derivado, por la misma obra social, al PAMI, justamente a la sección “Veteranos”, que fue creada años atrás para atender a los soldados excombatientes para que tuvieran una cobertura médica junto a su pensión en caso de no conseguir trabajo en el sector formal pero que, bajo ningún punto de vista, está destinada al personal de cuadros de las FFAA que mantuvieron su servicio médico con aportes mensuales, como cualquier trabajador. El otro caso también le sucedió a un oficial retirado de la Fuerza Aérea, que luego de un trasplante de córneas en el Hospital Italiano, fue prácticamente desalojado en el postoperatorio y derivado al Hospital Santa Lucía, porque Iosfa no cubría su cirugía.
Son dos casos que pueden resultar representativos de una realidad que afecta a miles de veteranos de guerra. Basta recorrer los periódicos y radios del interior para observar los reclamos que llevan adelante las agrupaciones que los representan y que detallan el calvario que les toca vivir. En los últimos tiempos aparecieron cientos de denuncias en todo el país por la falta de atención brindada por Iosfa, que se agravaron últimamente desde su intervención. No solo a sus afiliados, que fueron o son miembros de las FFAA, sino también a sus familiares. Existen muchos casos de mecanismos solidarios entre amigos y excolegas que se unen para realizar colectas y solventar así los gastos médicos de quienes atraviesan una situación de salud delicada.
También cabe mencionar que muchos excombatientes han reclamado que el PAMI, la mayor obra social del país -que también atraviesa una crisis al punto de estar meses en cesación de pagos a proveedores y dejó de brindar prestaciones en muchos lugares del país- no garantiza la cobertura médica de los veteranos de guerra, que padecen el mismo destrato que los jubilados y pensionados que deambulan entre hospitales provinciales y salas de emergencia barriales buscando atención sanitaria.
Existe un dato que no se puede pasar por alto: gran parte de los afectados por enfermedades delicadas y abandonados a su suerte, por una razón de franja etaria, fueron los jóvenes de 1982, es decir, muchos de ellos participaron de la Guerra de Malvinas y hoy forman parte de los casi 25 mil veteranos a los que se los reconoce discursivamente como “nuestros héroes” y, de alguna manera, también son “utilizados” para conmover a la opinión pública con su gloriosa gesta. Pero la realidad indica una asombrosa incapacidad de gestión, de éste y de otros gobiernos, para brindarles el derecho a una atención médica digna.
Protagonistas del detalle “sensiblero” de la política, cuando los veteranos de guerra más necesitan que esas palabras tengan conexión con la realidad se les suele dar la espalda. Lo vemos ahora, en este “convite patrio” que le hace el presidente Milei a la política, para que se sume a una “causa” a la que ningún dirigente puede negarse, aunque aún no se conozca el contenido final de la nueva Ley de Soberanía. No se sabe si es solo una ampliación de las facultades de la ley de Hidrocarburos 26.659, o también alcanzará a la pesca, al turismo y la conectividad. Pasaron 15 días del anuncio y el gobierno no agregó más a las palabras presidenciales que, si se las toma al detalle, deberían abarcar todas las líneas de control empresario. El desafío está y la “causa sagrada” también es adoptada por toda la sociedad, ubicando la “cuestión Malvinas” como un fin innegociable, por encima de todos los debates que dividen la opinión pública por las demandas sociales y las prioridades que debe adoptar el gobierno.
El mejor homenaje que pueden recibir los veteranos es ayudarlos a vivir con dignidad, más allá de que como muchos otros sectores se encuentran inmersos en una situación social delicada, donde una gran mayoría no logra cubrir sus necesidades con sus ingresos, jubilaciones y pensiones, producto de los vaivenes de nuestra economía. Pero lo mínimo que podemos hacer por ellos es ofrecerles un adecuado cuidado de su salud. Sería un buen comienzo que las acciones demuestren un compromiso real con ellos, y que no se limite solo a lo discursivo.
Dirigentes políticos, sociales, empresarios y representantes de diversos sectores sociales –de todos los partidos- suelen mostrarse embargados por la emoción cada vez que se recuerda a los caídos en las Malvinas. Ayudaría mucho que empiecen a comprender también que la mejor manera de homenajear a nuestros muertos es dándole valor a la vida, sobre todo a la de todos aquellos que, a pesar de vivir un evento tan traumático como una guerra, lucharon para seguir adelante.

