Menemismo y peronismo
Por Carlos Corach Para La Nación
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Debemos analizar claridad aspectos importantes de la realidad política actual, y digo con simplicidad y claridad porque, como decía Perón, "lucubraciones complicadas llevan siempre a situaciones confusas. Lo que se necesita apreciar y resolver es lo fundamental del conjunto".
Se ha instalado una peligrosa y falsa distinción entre peronismo y menemismo. Algunos la usan por comodidad y con cierta desaprensión y otros la usan con dos objetivos precisos: 1) desacreditar la labor del gobierno peronista de 1989-1999 y separar del peronismo al conjunto de hombres que hicieron posible la transformación del país, aislándolos y sepultando sus ideas, y 2) utilizarla como una especie de comodín funcional, como ese elemento que le permitiría a la alianza gobernante alcanzar su cohesión agitando el falso espantapájaros del "peligro" del menemismo.
Para poner claridad en el análisis, más allá de los artilugios, y para ver sin distorsiones en un panorama suficientemente complejo que necesita ser resuelto, es absolutamente necesario enfatizar determinadas realidades políticas, simples y transparentes.
- El menemismo no existe. Fue, en su momento, durante el gobierno del doctor Menem, una denominación que pretendía expresar, simplemente, el proceso de transformaciones económicas iniciado por el gobierno, y caracterizar asimismo una forma de ver la realidad. Los críticos más acérrimos pretendían que también designaba un estilo de vida, una forma de vestirse, de comer, pero lo cierto es que, pasado el mandato de Menem, esas acepciones no conservan actualidad ni contenido. El peronismo sintetizó su posicionamiento frente a esa etapa de la historia que le tocó protagonizar, apoyó todo lo que se hizo bien entonces, y se comprometió a corregir lo que se había hecho mal y a hacer lo que no se había podido hacer.
Nadie puede desconocer que el presidente del Partido Justicialista es un actor fundamental de la vida política argentina y que su gobierno de históricas transformaciones es la bisagra entre la vieja argentina y la del futuro.
- No existe pacto alguno entre el Gobierno y el menemismo o el peronismo.
En primer lugar porque, como ya lo hemos señalado, el menemismo no existe; en segundo lugar porque la oposición es el conjunto del justicialismo, en el que se alinean, desde la fundación del movimiento por el general Perón, las más variadas corrientes internas.
El justicialismo, que ha ejercido con responsabilidad el papel de oposición en el que fue colocado por el proceso electoral de 1999 y condujo una transición democrática ejemplar, no tiene por qué hacer pacto o acuerdo alguno con el oficialismo, porque en una democracia y en el Estado de Derecho, por más complejas que sean las circunstancias y difícil la coyuntura, basta con el respeto a la Constitución y a la ley para orientar la conducta de los dirigentes políticos, sean de la oposición o del oficialismo.
Vale la pena señalar, una vez más, que pactar, conciliar, consensuar, no son actitudes reprochables ni conductas ilícitas, porque la política es acuerdo y es consenso. Sólo en la guerra se busca destruir o aniquilar al enemigo. En la política no hay enemigos, hay adversarios con los se deben acordar las políticas de Estado y dirimir electoralmente las posiciones encontradas. El pueblo decide con libertad.
Proceso de recomposición
Kissinger señaló: "Una estructura social estable no se nutre de triunfos, sino de acuerdos y conciliaciones".
* El peronismo se encuentra en un proceso de recomposición interna.
La derrota electoral de 1999 tuvo un fuerte impacto en la estructura de conducción del justicialismo, cuyo dinamismo y cuya vocación de poder generaron inmediatamente el camino para una rápida reestructuración, que culminará con un proceso electoral interno del cual surgirá una conducción fuerte y respetada, condición necesaria para aspirar a la victoria en 2001 y en 2003.
Una dirección con un sólido apoyo interno, primero, que pueda, después, aspirar a disputar el apoyo social y electoral.
En democracia, legitimar una dirección política por la elección es una condición necesaria. Pero es el ejercicio de la funciones para las que se fue elegido el que aporta la legitimación suficiente para fundar un lide razgo real y el apoyo social.
* La crisis de la Alianza genera en el peronismo la responsabilidad institucional de fortificar su oposición constructiva.
La derrota de octubre de 1999 no significó de manera alguna la invalidación o la destrucción de las grandes líneas del gobierno de Menem, cuyas grandes realizaciones, tanto en el campo económico (especialmente, la estabilidad) como en el institucional (entre ellas, la reforma de la Constitución de 1853), no fueron cuestionadas.
Recuerdo las consideraciones de un prestigioso analista español en circunstancias parecidas: "Perder las elecciones no equivale a perder los argumentos. O, dicho al revés, ganar las elecciones, incluso por mayoría absoluta, no equivale a tener razón en los argumentos utilizados. Puede que algunos de los argumentos más queridos de la Alianza sean falsos, puede que lo que no era evidente para muchos empiece a serlo a partir de ahora".
Hemos hecho, y seguiremos haciéndo, una oposición constructiva, porque sabemos, porque hemos sufrido en carne propia los deletéreos efectos de una oposición destructiva, que parecía más una oposición a la Argentina que una oposición a un gobierno.
No nos desespera ni nos preocupa que la Alianza gobernante quiera construir una realidad mediática que dista de la realidad nacional, tal cual nosotros la percibimos.
El paso del tiempo y la fuerza irresistible de la realidad permiten que entre lo blanco y lo negro, entre la luz y la oscuridad, hagan irrupción los tonos grises, los que contribuyen a dar relieve a las formas. Y entonces se aprecian mejor la verdadera estatura, el contorno y la dimensión de los discursos. Y hoy han aparecido finalmente los tonos grises y oscuros, hoy los argentinos están meditando sobre su presente, sobre el pasado inmediato y sobre el futuro.
Hoy nuestra tarea es conformar una oposición seria, responsable, constructiva, que ofrezca al país opciones nuevas, para cuando llegue el momento de la decisión democrática. Y necesitamos también un oficialismo que respete a la oposición y que reconozca su derecho a ser la opción de la democracia.
Estos son simplemente los basamentos constitucionales con que se diseñó el sistema democrático.
El autor es senador nacional (PJ Capital Federal).
La derrota electoral de 1999 tuvo un fuerte impacto en la estructura de conducción del justicialismo Hoy nuestra tarea es conformar una oposición responsable, constructiva, que ofrezca al país opciones nuevas



